De Fugas y Fantasmas (fragmentos)

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Ya dejando de lado, aunque sea un poco, la locura de la institucionalidad ecuatoriana, les dejo fragmentos de la  increíble presentación que hizo Santiago Páez de “Los descosidos”, el pasado miércoles (por poco casi no presento la novela), en Quito. Espero lo disfruten tanto como yo:

imagen de un blackberry, por cierto…. (a un lado yo, al otro Annamari de Piérola, editora)

“Para comenzar, quisiera retroceder en el tiempo cinco o seis años, hasta una noche en la que Eduardo viajaba en un bus de transporte público; iba de Salinas hacia Baños, para cumplir con alguna misión periodística. Luego de un par de horas de viaje, Eduardo trataba de dormir cuando la pareja que se había sentado en el asiento que tenía a un costado, al otro lado del pasillo del bus, empezó a hablar, en susurros urgentes, intensos (…) En el autobús, y suficientemente cerca de Eduardo como para que él los escuchara, el hombre y la mujer empezaron a discutir; hablaban del próximo golpe que darían, de lo que debía hacer cada uno de ellos, del arma que usarían… Con el rabillo del ojo, Eduardo vio cómo él le pasaba a ella un objeto duro y pesado, una pistola pavonada, siniestra.

Eduardo se dispuso a ser asaltado, seguro de que el robo a los pasajeros del bus era el golpe que sus compañeros de viaje planificaban. Por un momento pensó en defenderse, como ustedes saben, Eduardo Varas es, además de escritor e integrante de una banda de rock & roll, experto en artes marciales, maestro en Muai Tai. Pero nuestro autor desistió de cualquier acción, no le preocupaba el hombre quien, en su manera de ser, de sentarse, de hablar, demostraba una inclinación a la subordinación, a dejarse controlar. Le atemorizaba ella, que era quien tenía el arma. En la muchacha, era aterradora esa mezcla deliciosa e inestable de puerilidad y frenesí, sumada al manejo de una pistola (…) No hubo asalto. En un pueblo afantasmado por la niebla serrana, el hombre dijo “Paty, es aquí”. Él y la mujer se levantaron, pidieron al chofer que se detuviese y bajaron del autobús. Varas, desde la ventanilla, los miro perderse en la bruma gris del pueblo innominado en el que se habían detenido, una bruma que parecía emanar de los adoquines húmedos que cubrían la calzada. (…) Si Eduardo hubiera sido un escritor de la generación del 30 en el siglo pasado, la experiencia vivida con los dos asaltantes en esa penumbra del autobús le hubiera llevado a escribir una novela social, a dibujar con palabras un gran fresco en el que se hubiera plasmado la injusticia de un sociedad inmisericorde que deforma a su miembros convirtiéndolos en criminales. Si nuestro autor hubiera sido miembro de la generación del 70, hubiese escrito una novela sobre la sicología de esos dos personajes: un hombre débil y desesperanzado y una mujer errática e inestable. Los escritores de mi generación, después de una experiencia como esa que tuvo Eduardo en el autobús interprovincial, hubiéramos escrito, supongo yo, una novela policial o un cuento onírico. . (…) Varas hace algo completamente distinto: ironiza por el recurso al fantasma. Fantasma, según la definición sicoanalítica más simple, “designa la vida imaginaria del sujeto y el modo en que éste se representa a sí mismo en su historia o en la historia de sus orígenes”. Varas no nos hace un relato realista para desgarrarnos con la exposición de las miserias conyugales y las raíces emocionales de esas miserias y sus dolorosas consecuencias humanas de soledad y de fracaso. Varas no hace eso, él construye la historia de una fuga fantasmagórica, imposible, inverosímil y así logra que la realidad entera se subvierta, toda la realidad pues al crear ese fantasma de relación de pareja que es el vínculo que une a Julio con Penny Lane, afantasma, torna ilusoria a la realidad entera. Dije que este recurso Varas lo utiliza de manera implacable, esto porque en LOS DESCOSIDOS se transfiere esa calidad irreal a todo lo existente, desde el matrimonio de Julio y Filipa hasta la violencia, el espacio nacional por el que se desplazan Penny y Julio, las ciudades, el crimen y la traición.

otra imagen de un blackberry

Nada es, en la novela de Varas, lo que debería ser, no hay en esta obra una sola condescendencia en la que podamos auparnos para, una vez cerrado el libro, regresar a nuestras cotidianidades llenas de apariencias confortables. LOS DESCOSIDOS nos demuestra que no hay confort posible. Una evidencia que tuvo Eduardo, esa noche de hace años, al ver esa pareja de criminales que se perdía en la madrugada de un pueblo serrano anegado en la cordillera y en la bruma”.

Muchas gracias a Santiago por sus palabras…

Espero mañana poder postear videos y más imágenes del lanzamiento.

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