Había una vez un país (acerca de “Prometeo deportado”)

Un país como una caja de sorpresa, capaz de generar no sólo situaciones inverosímiles dentro de lo que denominanos “vida real”, sino impresiones claras y contundentes en el universo ficticio de una película. Es desde esa perspectiva que un filme nos ofrece imágenes, secuencias y reflexiones necesarias (sobre todo ahora) para quizás detenernos un segundo y mirar alrededor con dudas. “Prometeo deportado” es una película de un país que está en construcción, un Ecuador dividido en sus partes, atomizado, caricaturizado, definido hasta la médula; que más que permitirnos contemplar una crítica directa, recurriendo al tema de la migración como un elemento de simple y llana denuncia, lo que hace es colocarnos frente a un espejo que nos refleja, deforma, altera y empuja. “Prometeo deportado” utiliza la historia del país y elementos de identidad para crear una ficción con preguntas, más que cualquier otra cosa.

imagen tomada de cinerama.ec

La película nos ubica en una sala de un aeropuerto extranjero, mientras un grupo de ecuatorianos (que siempre va creciendo mientras avanza el largometraje) espera a que los dejen entrar a ese país europeo en el que las palabras son en castellano, pero escritas al revés, o hasta ver si de una vez por todas los deportan al país del que salieron. Ese encierro es la principal metáfora (una de las tantas) que le da arranque a la película… que habla desde una simbología muy clara (la comida, las tortugas/galápagos, los acentos, la sapada –sin importar clase social- y hasta el orgullo endeble que existe detrás de la nacionalidad) sobre lo que el ecuatoriano quiere y debe soportar.

Porque no importa lo que haya, lo que se haga y de lo que se escape, ese origen no puede dejar de aparecer, como sea. Así, lo que de entrada es una versión casi contemporánea de “La autopista del sur”, de Julio Cortázar, se va convirtiendo en una obra con su comedia (mucho menos de lo que la risa de los asistentes a la sala daba a entender: la verdad es que todavía nos cuesta reconocernos. En una escena violenta y dura, no resultó difícil escuchar la carcajada de los presentes), que tiene sus cadencias, revelaciones, arquetipos, estereotipos, críticas, aseveraciones y posturas… todas encaminadas a generar algún tipo de reflexión sobre el viaje hacia afuera (‘por más que haya un viaje al extranjero siempre se está dentro’, parece que es lo que nos quiere decir el director y guionista, Fernando Mieles). “Prometeo deportado” nos coloca en un sitio del que no se puede salir, por más que se vague por el mundo como un fantasma. “Prometeo deportado” también nos habla de esa tendencia a lo kafkiano que tenemos en Ecuador, para dar vueltas sobre el mismo punto. “Prometeo deportado” apuesta por hablar del país sin necesidad de hacer un compendio de reflexiones burdas y sin piso (sucede, desde luego. Incluso un poco antes del desenlace, el tono y el formato se rompen de tal manera que es difícil recuperar la ‘magia’). “Prometeo…” es una película, una obra de ficción, que más que revelarnos, nos golpea. Eso es lo que debe hacer una buena obra… y mejor si tiene imágenes contundentes y pequeños detalles que sorprendan.

Casi como en un juego cargado de toda la ironía posible, ver la película estrenada es también enfrentarse a un ejercicio de espera y paciencia. De acuerdo a la historia (apócrifa o no) es muy probable que el desarrollo de este proyecto le haya tomado mucho más que una década a Mieles. Y ese dato decanta en un guiño interesante y triunfalista, pues el primer personaje que habla en la película es el propio Mieles, convertido en un director y guionista que soporta el ‘interrogatorio’ de migración. Él es parte de esa espera. Se incluye y nos incluye, todos estamos esperando. El tiempo es un elemento fundametal en la película, porque pasa y de largo. Los símbolos están ahí, a disposición del espectador. ¿Por qué tanto tiempo? ¿Por qué casi un siglo de espera? Lo mágico es parte, entonces, de este filme que recurre a la fiesta, el amor, el cariño, el engaño, la violencia y el odio. Lo mágico se revela en esa mitología presente; porque más allá de “Prometeo” y “Afrodita”, los personajes que tratan de cargar sobre sí la reflexión sobre lo que son, lo que hay es una reinvención de lo que significa ser de un lugar en particular. Y para esta reinvención es muy importante el tiempo. El tiempo en “Prometeo…” no cura nada, sólo te ayuda a resistir los calambres.

imagen tomada de cinerama.ec

Con una puesta en escena compleja (esa debe ser la razón por la cual el nombre de la productora, Oderay Game, aparece muchas veces en los créditos) y con un nivel regular en las actuaciones (hay muchos actores que comunican todo con simples gestos, otros que con grandes y extensos diálogos y acciones no lo pueden hacer), “Prometeo deportado” es uno de los mejores filmes que se hayan hecho acá. ¿Por qué? Porque no se hace profundo de manera innecesaria, porque no quiere definirnos de una manera antropológica (al menos no durante todo el metraje) y porque desarrolla un tono e imágenes perfectas para evidenciar el caos que se supone hay detrás de todo un colectivo ‘detenido’ en un sitio. Si bien ya al final se vuelve muy deudora de “Underground”, de Emir Kusturica (gracias a Miss K. por esa reflexión), “Prometeo…” flota y sale adelante. Vaya a verla al cine y trate de pensar por qué se ríe de lo que se está riendo.

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3 comentarios en “Había una vez un país (acerca de “Prometeo deportado”)

  1. Es muy interesante Prometeo. Aunque se le puede interpretar un perfecto ensayo sobre Kusturica, hay momentos brillantes en los que no se necesita tener “la magia” de los gitanos para transportarse al realismo mágico ecuatoriano, beyond el Gabo Marquez.
    En ciertas escenas se trata de topar burdamente el ensayo sobre la ceguera sin lograr realmente un fuerte significado de los símbolos, como que faltó concretar… A ratos la critica al Ecuador es demasiado pesimista, fuera de cualquier contexto y el personaje que diambula por el aeropuerto como un fantasma no define mucho lo que intenta representar.
    Es rescatable el humor ecuatoriano a lo Kusturica, aunque la forzada pose de ciertos actores la hace menos autentica.
    Es un buen film que colabora en la ” de nuestra identidad, aunque bastante negativa la Vision de lo que es el Ecuador. Si bien es feo mirarse en el espejo y reconocerse, se omiten aspectos que marcarían la diferencia y fortalecerían otra vision

  2. increibles,,,,es una pelicula marabillosa.,,,me siento orgullosa de s er de ecuador,,esta serie de muestra que en ecuador si hay calidad,,hay talento hay trabajoo,,

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