Diario de novela (10)

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Ya con una fecha para que la novela salga de imprenta (próxima, muy cercana), es cuando me pongo a temblar. Es porque te dicen que ya no hay vuelta atrás, que ya todo está consumado, que Dios te ha abandonado. Cuando sabes que en menos de un mes el libro va a descansar en las vitrinas y estantes de algunas librerías, es que empiezas a temblar. ¿Por qué? Porque la lectura es la única existencia de un libro. Y no le temo a la lectura que se haga a “Los descosidos” (las que he tenido hasta ahora me han dejado helado por esa capacidad de devolver a la vida a algo tan concreto con múltiples versiones y derivaciones), en definitiva la novela ya está y para alguien será la basura más grande y para otra persona podrá ser algo agradable. El temor está ligado a esa experiencia de ser autor ante otros.

Porque ser escritor no es algo interesante. Porque la literatura ya está plagada de demasiados mequetrefes que preferiría no hacerlo, no ser parte del gremio. Es como sentir una presión y a la vez una necesidad. La misma paradoja de siempre, claro está. Dar el paso al costado de una manera mucho más cauta, quizás, sea el camino que pueda considerar hoy. No soy un escritor, tampoco me interesa entrar en esas dinámicas etéreas y de demarcación de territorio. Entonces, ¿qué? La misma nada de siempre.

La novela ya está lista y pronto saldrá. Yo sigo en casa, desgasto horas y horas, cansancio absoluto y placer indescriptible mientras sigo escribiendo otro proyecto, avanzo y hago de un nuevo universo el mío. Una sola amalgama que no se puede separar. Pienso en lo que está por nacer y en lo que se está gestando. Las diferencias y los puntos de contacto. Nada y todo a la vez. Prefiero ser el tipo que disfruta la escritura tanto como la lectura, el que crea un  mundo, compacto y propio, el que se reconoce en eso y no en ninguna otra aspiración. Lo demás, el turismo literario y el agotado deseo de salvar a los colectivos, no es para mí. “Los descosidos” no va y no deberá cambiar nada. Lo demás viene por añadidura.

Entonces espero la novela. Ya empezarán los procesos reales de promoción y entrevistas. Lo que hay que hacer sin inconvenientes, aunque todo sea una incomodidad. Entonces el miedo sigue y se llama ansiedad. Hay que esperar, nada más. Los días son más cortos. Todo está a punto de llegar. Todo…

2 comentarios en “Diario de novela (10)

  1. Eduardo querido,
    hasta esa ansiedad es símbolo de la vida y de los sentimientos encontrados que nos provoca. Y debe de ser un gusanillo impaciente pero ardoroso y hermoso ante todo. Disfruta todo esto, querido amigo, hasta que salga Los descosidos: pronto vendrán más inquietudes, más ansiedades y nuevos mundos que quieren nacer.
    Estoy muy impaciente por leer esta novela de nuevo, y también lo nuevo que escribas. Un abrazo

  2. Chévere, sea lo que sea gracias por compartir ese mundo.

    Tocará dejarlo ahí y dejar de preocuparse?
    Estoy en el extranjero y me doy cuenta de cómo a veces uno vive para el medio aun cuando cree no hacerlo.

    Eso es estar vivo en todo caso. Un abrazo.

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