Déjalo ser: la receta perfecta para destruir una amistad

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imagen tomada de algoentretenido.com

La síntesis la hizo Mick Jagger, cuando le preguntaron hace muchos años sobre un posible final de los Rolling Stones. Dijo que no lo veía como un hecho, pero también dijo algo contundente: “Si sucede no sería tan amargo como el de Los Beatles”. En 1970 el grupo dejaba la vida como tal. Varios años de disputas legales dieron por resultado la disolución de los vínculos legales que los unían y al mismo tiempo evidenciaron cómo el desgaste llevó todo a distancias que nadie se hubiera imaginado. Se amaron y se odiaron y al final volvieron a amarse. No había nada más después de ellos y entre ellos se trataron de devorar. Que la culpa es de Yoko Ono por llegar a la vida de John Lennon, que Harrison ya estaba cansado de estar en un segundo y tercer plano, que Ringo no sabía qué más hacer, que Paul se sintió traicionado por todos, que John simplemente fue un ingrato de la manera que mejor le salía…

Los Beatles salieron por la puerta grande… pero entre ellos lo que quedó por muchos años fue una amargura que no podían controlar.

La mirada de Paul
Fines de los años sesenta. Paul McCartney estaba enamorado del grupo. Daba todo por él, pensaba en él todo el tiempo, se sacrificaba por él. Creía en él y quería darle un empuje que valiera la pena. Pero las cosas ya no venían bien desde hacía algunos meses. Paul se sentía el alma y eso lo volvía un tirano: decidía los planes y hasta se sentía en la libertad de decirles a los otros lo que debían hacen. El 1 de abril de 1970 se daba una sesión de grabación de Los Beatles y el único miembro del grupo presente era Ringo Starr. Phil Spector fue contratado para arreglar las cintas que luego se convertirían en el último álbum del grupo, ‘Let it be’, y el trabajo que hizo en “The Long and Winding Road” volvió loco a Paul, autor del tema. Una orquesta repleta de eco y un coro de mujeres acompañaba a una canción que necesitaba poco, de acuerdo al compositor. Paul casi pierde la cabeza cuando escuchó el resultado. ¿Por qué le hacían eso? ¿Por qué a él? A finales de Los Beatles boicotearse era práctica común.

Paul había tomado literalmente el mando de Los Beatles desde la muerte de Brian Epstein, el manager del grupo, en agosto de 1967. Bajo su tutela la banda conseguía realizar proyecto tras proyecto que, más allá de su calidad artística, seguían generando ocupación, presencia en medios y dinero. Paul no quería que el grupo se hiciera pedazos. John estaba muy desesperado tratando de descubrir qué podía hacer para recuperar la emoción que a esa etapa de su vida (casado con una mujer que no amaba, padre de un niño con el que no conectaba e inmerso en una parafernalia que no lo representaba) lo embargaba. George quería ser cada vez más él (sus colaboraciones en los discos del grupo se hicieron mayores y mejores) y Ringo estaba cada vez más entusiasmado con la actuación. Paul lo hizo. Paul se tomó la molestia de mantener al monstruo y acrecentar el mito. A fines de 1968, cuando Lennon (ya con Yoko Ono) recuperó su confianza y la dureza de su época adolescente, quizás era muy tarde para volver a ser el líder del grupo (Lennon fue quien originó a Los Beatles en 1958 y quien tuvo para sí la obligación de representar a los otros ante ‘los adultos’, debido a su carácter fuerte. Lennon en su momento fue el protector de la banda). Y entonces John decidió hacer lo que mejor sabía hacer: joder.

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El 8 de enero de 1969 John pronunció la frase que abrió la batalla: “Me vale mierda lo que quieran los otros, pero voy a contratar a Allan Klein para mí”.

La impaciencia de John
¿Qué hacer con todo el dinero del mundo entrando y entrando? Los Beatles recibieron un consejo que a la larga les jugó en contra: diversifiquen. Apple Records nace como una empresa, como una inversión para ver qué se podía hacer con los millones que tenían. Era 1968 y Paul lo marcaba de la mejor forma: “Tenemos la suerte de no necesitar más dinero, así que por primera vez los dueños de la empresa no buscan su propio beneficio…”. Y así James Taylor y Badfinger, entre otros artistas, tuvieron su primer contacto con el mundo discográfico. Pero Apple perdía mucho dinero. Músicos armando una empresa eran monos con navajas. Durante el primer año todo lo que Los Beatles querían y compraban iba a dar a la cuenta de Apple. Paul estuvo la mayor parte de ese primer año en las oficinas y, como uno de los directores, trataba de arreglar el desastre económico. Pero era insuficiente. El bajista (que ya casi jugaba un rol de figura paterna) lanzó la advertencia: las cuentas podían irse al demonio y colapsar. “Era como una traición para ellos. Era algo muy poco comunista y cualquier cosa que dijera parecía volverse en mi contra” comentó alguna vez Paul sobre ese momento. En un artículo publicado en la revista Rolling Stone, sobre la disolución del grupo, quedó evidenciada la desesperación en un diálogo entre John y Paul. “Le dije: Mira John tengo razón. Y él me dijo: Claro que tienes razón, hijo de puta. Siempre tienes razón, ¿no?”.

El golpe que vino fue del impaciente John.

El grupo necesitaba urgentemente un manager, alguien que pusiera orden en Apple y las aguas se dividieron a tal punto que la directriz democrática, con la que funcionaba el grupo, se convirtió en una herramienta burda. Lennon quiso a Allen Klein como manager y consiguió que George y Ringo estuvieran de su lado. Paul apostaba por su suegro Lee Eastman y eso era impensable para los otros. Ya Paul era una figura imponente dentro de la banda, ¿para qué darle el lujo de que el manager sea su pariente? Las discusiones se volvieron eternas y duras. Klein había sido manager de Sam Cooke y de los Rolling Stones (Jagger, al saber de las intenciones de volverlo manager de Los Beatles, le envió un telegrama a McCartney tan escueto como revelador: ‘No se le acerquen’) y el valor que Lennon y sus aliados le daban era que había salido de la calle como ellos, que era un sobreviviente como ellos, que los podía entender. Paul no lo quiso y los otros tres sí. En una sesión de grabación de 1969 (en la época del álbum ‘Abbey Road’) le recriminaron sus razones por no aceptarlo. Discutieron tanto que el único que se quedó en el estudio fue Paul. He’s the real nowhere man / sitting in his nowhere land / making all his nowhere plans for nobody. Paul al final reculó y aceptó la decisión de los otros, aunque prefirió no firmar ningún contrato con Klein.

Eso terminó siendo la jugada maestra de McCartney.

imagen tomadade merseybeat.ndo.co.uk

La música de George
Pese al descalabro anímico y empresarial, la música seguía siendo el eje y la salvación. El 29 y 30 de julio de 1968, luego de 25 tomas, ‘Hey Jude’ vio la luz y un grupo a punto de desmoronarse encontró algo de lo que asirse: 8 millones de copias en 11 países. Los Beatles seguían siendo el Rey Midas. La magia estaba presente desde la composición (McCartney la escribió para el hijo pequeño de John, Julian, luego del divorcio de sus padres), hasta la grabación (nadie se había dado cuenta que Ringo había ido al baño cuando empezaron la toma que terminó siendo la definitiva. Él ingresó a la cabina en puntas de pie a tocar la batería en el momento preciso) y eso significó un empuje que la banda estaba perdiendo. La grabación del conocido como ‘White Album’ (que en ese momento era el principal proyecto del año) tuvo sus tormentas y escasos momentos de trabajo grupal. Ringo se fue de la banda por esas fechas, pero los demás le pidieron casi de rodillas que volviera. ‘Hey Jude’ vino a calmar un poco las aguas, pero no fue suficiente el esfuerzo.

George se estaba cansando. Tenía muchas canciones y sabía que su espacio en un disco de Los Beatles era contado, mínimo. Regalaba algunas o grababa con otra gente (con seudónimos por problemas contractuales) o se iba a Estados Unidos a tocar con Dylan o se introducía cada vez más en los misterios Krishna. George Harrison empezaba a labrar su propio camino: ya no era el más pequeño del grupo, era un joven de 26 años que tenía sus propias inquietudes. Poco a poco su voz significó algo más que una simple expresión y fue el gestor de decisiones que incluso se pueden ver como jugadas en contra de la banda. Para el proyecto de 1969 que inicialmente se iba a llamar ‘Get back’ (pero terminó como ‘Let it be’) la idea de Paul era armar un álbum a base de ensayos y luego grabar el concierto, lo que marcaría el retorno de Los Beatles a los escenarios luego de tres años de haber interrumpido las presentaciones, porque sencillamente no se podían escuchar por los gritos de las fans y estaban tocando muy mal. La idea gustó a todos al inicio, pero el objetivo varió rápidamente: filmarían todo y podrían tener una película para terminar de cumplir el contrato que mantenían con United Artist. Las cámaras alrededor y los horarios de oficina atacaron la dinámica de grupo. George se pelea con Paul y la discusión queda eternizada en cinta. Sin embargo, el 10 de enero John y George se fueron de golpes (muchos han desmentido esto, pero George Martin, productor de Los Beatles, se lo confirmó a Philip Norman, biógrafo de Lennon) y eso terminó con George renunciando de una manera sui géneris: “Me voy de acá… Pongan un aviso y traigan a alguna gente. Los veo en los bares”.

A los dos días le pidieron que volviera. Lo hizo con una condición: nada de hablar de una hacer un show. Pedido concedido. Michael Lindsay-Hogg, director de la película, trata de convencerlos de hacer una presentación para el gran final del filme. La azotea de las oficinas de Apple el 29 de enero se convirtió en el escenario perfecto y durante una hora Los Beatles dieron una presentación que quedó en la historia como la última de su carrera.

imagen tomada de johnlennon.it

El abrazo de Ringo
Ringo como el pacífico, el que siempre se llevó con todos, el que todos adoraron. Ringo pudo ser el único que se acercó a John a preguntarle por qué Yoko iba siempre a las sesiones (su presencia era una molestia. Ellos tocaban sólo con poca gente y ahora Yoko entraba y hasta opinaba sobre lo que estaban haciendo en las canciones). La respuesta de Lennon fue suficiente para el amigo: “Ahora Yoko es parte de mí. Somos John y Yoko, estamos juntos”. En septiembre de 1969, ya con el disco ‘Abbey Road’ en las calles, John llegó corriendo con una gran noticia: “Voy a desarmar la banda”. Había tocado en Toronto con un grupo que incluía a Eric Clapton y ya tenía algunos sencillos circulando bajo el nombre Plastic Ono Band. Para Lennon ya había alternativa a Los Beatles (en su primer disco solista Lennon canta como resultado de una declaración de principios: “No creo en Los Beatles/ sólo creo en mí/ en Yoko y en mí”), aunque para el resto de sus compañeros no había una opción. Todos en silencio y golpeados. Tanto Paul como el manager Klein lo convencieron de mantener la decisión en silencio; Paul por esperar la rectificación del amigo y Klein por estar en medio de una negociación de mejores regalías para el grupo con EMI, la compañía disquera que firmó a Los Beatles ocho años atrás. Lennon calló. Paul entró en una depresión que lo golpeó muy fuerte (a tal punto de encerrarse con su familia en el rancho escocés que tenía). George aparecía feliz y Ringo estaba dedicado a las películas.

Linda McCartney, la mujer de Paul, lo levantó de la abulia y le dijo que no necesitaba al resto, que él era Paul y era talentoso. Entonces se puso a componer y a grabar en su casa. Al poco tiempo tenía un disco y como los otros trabajos del grupo y de sus todavía compañeros, debía esperar una fecha de salida. Paul llama a John y le dice la frase del desamor, quizás con la esperanza de conseguir algún tipo de respuesta del amigo. “Me voy de Los Beatles”, dijo McCartney y Lennon sólo atinó a contestarle con dureza: “Ya era hora de que maduraras”.

Ringo era el embajador de la buena voluntad. En 1970 fue enviado a la casa de Paul con una carta en la que ordenaban cambiar la fecha de lanzamiento de su disco ‘McCartney’, del 17 de abril al 4 de junio, para no cruzarse con ‘Let it be,’ cuya salida estaba programada para el 24 de abril. Paul echó a patadas a Ringo de su casa y el baterista no pudo más con la situación. Regresó donde Lennon y Harrison y se los planteó de la manera más simple: “Es nuestro amigo. No podemos hacerle eso”. Lo que Ringo decía era casi sentencia y se aceptaba. Los planes se alteraron para el beneficio de McCartney y el tiro de gracia lo dio el eterno enamorado del grupo. En la contratapa de su primer álbum solista aparece una autoentrevista que reventó la burbuja. “Pregunta: ¿Extrañas a Los Beatles? Respuesta: No. Pregunta: ¿Planeas grabar un nuevo disco o algún sencillo con Los Beatles? Respuesta: No”.

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Lennon se volvió más histérico que de costumbre. Él debía ser el de la noticia y no Paul. Él quería tener para sí el derecho de cerrar el grupo y eso fue la gota que derramó el vaso. Las discusiones continuaron, especialmente con Paul que le pedía al resto que lo eliminaran de Apple, para dejar de sentir que su dinero iba para enriquecer a otros, sobre todo a Klein. Nadie le hizo caso. Entonces el 31 de diciembre de 1970, Paul McCartney demandó a los otros tres beatles para disolver el negocio y la marca. Los otros no lo podían creer. Paul buscó proteger a su manera el legado de Los Beatles, pues Klein ya estaba en negociaciones para armar colecciones y más colecciones con canciones del grupo y McCartney no toleraba la idea. En 1973, cuando ya se debió firmar la disolución del grupo, John no apareció. Klein para ese entonces había terminado su contrato de manager con Lennon Harrison y Starr y su cargo no fue renovado (los problemas que había tenido con George y la aparente apropiación de fondos por el Concierto de Bangladesh –el primero que se hizo con sentido benéfico en el mundo- hizo que el entorno beatle perdiera toda la confianza en él). Los Beatles ya estaban acabados.

La relación cayó en un agujero y con los años recuperó algo del brillo perdido. Paul y John volvieron a hablarse en las visitas de McCartney a Nueva York, donde vivía el amigo, pero ya no eran precisamente las más cálidas recepciones. Ringo era un asiduo visitante de John y un gran amigo del pequeño hijo que su amigo tuvo con Yoko. George empieza a brillar cada vez más con sus composiciones originales. De vez en cuando tres de ellos tocaban juntos en reuniones o cosas especiales, sobre todo para amigos. En 1980, cuando Lennon es asesinado, el dolor se manifiesta en la música de George y Paul: la melódica y festiva ‘All those years ago’ se enfoca en la vida de John, desde la filosofía de Harrison, mientras que la sentida ‘Here today’, de McCartney, habla estrictamente del ‘hermano’ perdido y de la sensación espinosa que no se va del todo. Y en medio del tema, en su parte más emocionante, es Paul el que hace un resumen de los cuatro, a pesar de las peleas y del llanto que se ocasionaron los últimos años juntos: “I love you”, canta Paul y eso es toda una declaración para un macho de Liverpool. Al final siempre fue un asunto de amor y a pesar de todo, el amor triunfó.

imagen tomada de static.blogo.it

(este es un artículo que no ha salido publicado donde debía salir, y como ya pasaron varios meses de su ‘coyuntura’… pues se publica por acá)

Fuentes:

The love you make: An Insider’s story of the Beatles. Peter Brown y Steven Gaines.
¿Por qué se separaron Los Beatles? Artículo revista Rolling Stone – Argentina. Año 12- número 138.
Revolución en la mente. Ian Mcdonald.
¡Gritad! Philip Norman.

3 comentarios en “Déjalo ser: la receta perfecta para destruir una amistad

  1. Qué bien men… teletransportado con furia!

    Ahora, vuelvo a la realidad y termino esto del trabajo que estoy haciendo.

    Abrazo.

    Andrés

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