Raza de víboras

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Son dos imágenes la que dan la salida. Una de ellas es un grupo de niños llorando porque su padre ha muerto, no soportó las quemaduras de su cuerpo, y el paro cardiorrespiratorio ganó la partida. La otra es la de un hombre envuelto en llamas, como stunt de Hollywood, corriendo en medio de gente que al verlo desesperado le echa más gasolina y el hombre se enciende más. Corre y quiere sacarse la camiseta. Lo consigue a medias. Una vez apagado, y en el suelo, los demás corren a su encuentro y lo golpean con lo que encuentran. Él se defiende con lo que puede. La piel se ve roja, en carne viva. En la casa donde funciona el cuartel policial (o retén, como le quiera decir) quedó la otra persona que había sido acusada de robar 4000 dólares a una de las habitantes de Cumandá, en la provincia de Chimborazo. Esa otra se quedará a medio chamuscar y su ausencia causará el llanto de sus hijos.

Image and video hosting by TinyPic imagen de Diego Mattei, tomada de diegomattei.com.ar

Claro, la razón absoluta: el muerto tenía antecedentes penales.

Luego de eso no sé qué pensar. Al menos lo intento con fuerza, porque realmente creo que nos condenamos a una espiral absurda al dejarnos llevar por eso instintivo y básico. El ecuatoriano como un ser que piensa en la mínima reacción. El pensamiento reducido a una sinapsis sin responsabilidad. La gente de Cumandá, como la de Springwood, mató a punta de fuego a un tipo acusado y no sentenciado. Freddy Krueger reaparece en los sueños años después a jugar con una idea de justicia que roza la venganza. La gente de Cumandá debe ser acusada de asesinato. Porque a pesar de la miseria y el caos que vivimos, si olvidamos lo más básico de nuestra existencia como civilización, es mejor tirar la toalla, que caiga la bomba, que se cierre el telón, que el ‘sacrificio’ a los Jim Jones se nos aplique a todos por igual.

Comerse los unos a los otros, la cola se vuelve la boca, no hay expectativa mayor a esta. No quiero justificar la acción criminal que desencadenó todo, lo quiero hacer es dimensionar las cosas en su verdadera extensión. No existe mayor maldición que olvidarnos de las premisas. Porque es cierto que las autoridades son un cero a la izquierda en este país y es tan sencillo entorpecer un proceso legal, ya sea por inutilidad o mala intención; pero una respuesta como la de Cumandá no sólo nos hace merecedores de una justicia y funcionarios de mierda, sino de toda la inexistencia que se pueda pedir.

El ánimo no me hace pensar otra cosa. Ojalá que uno de estos días todos desaparezcamos, de una vez por todas y vayamos a ese sitio en el que no podamos hacer daño a nada. Porque si ignoramos que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario en una corte, estamos dejando de lado la única posibilidad de entender lo que es vivir en una sociedad y tener algo de criterio para hacerlo.

Un comentario en “Raza de víboras

  1. Comparto tu indignación. Notable. Aunque llamar “raza de víboras”, en su origen, estuvo dedicado principalmente a la hipocresía. Y en este caso esa frase se la ganan las autoridades. La gente de Cumandá tiene que ir a la cárcel. Sino esa espiral de mierda tiene que llevarnos a la inexistencia.

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