El drama de la ciencia

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En “Creation” lo que importa es el dolor instalado en la mente de nada menos que Charles Darwin. Pero lo más interesante de todo este proceso narrativo, que roza el melodrama (y que te remueve, salvo que seas un robot sin el chip de la empatía instalado) es que consiguió sacudir nuevamente el avispero religioso alrededor de la figura de Darwin, 150 años después de la publicación de “El origen de las especies”. En “Creation” lo que importa es ese dolor y la verdad detrás de ese dolor: Darwin pierde a su hija mayor, su preferida, Annie, y ve cómo su mundo se tambalea.

La ciencia que hay en “Creation” es la ciencia del descubrimiento y la lucha. Lo demás no importa.

Paul Bettany interpreta al científico inglés, mientras que su esposa en la vida real (¿existe una mujer más bella?), Jennifer Connelly, hace de Emma Darwin, la ferviente mujer de Charles, creyente y partícipe de una fe inagotable, que se debe enfrentar a la mirada científica de un marido que sabe que lo que está por escribir puede ser utilizado como la bandera de lucha de aquellos que quieren matar a Dios. El Darwin de Bettany es un tipo que se esfuerza por salir del atolladero que le ha dejado la muerte de su hija, y la pesada carga que supone para él atacar esa fe que es fundamental para su mujer y sus, hasta entonces, 4 hijos vivos (Charles y Emma tendrían 4 hijos más con el paso del tiempo). Es un hombre enfermo, que toma dosis diarias de láudano, que no tolera el alimento, con manos que no dejan de temblar; este Darwin imagina que su hija le habla, es incapaz de establecer contacto con sus otros hijos, a quienes adora de manera insoportable… Este Darwin es un hombre sin fe, que mantiene a la verdad y a la lógica de sus razonamientos y observaciones como su única y posible bandera…

Pero él no quiere seguir hiriendo a nadie.

El filme de Jon Amiel trata de alejarse de la figura científica y toma elementos absolutamente emotivos, más allá de la tensión religiosa de la época, para mostrarnos una lucha moral y personal de un ser por no dejarse vencer por lo que tiene dentro y lo que lo rodea. Y esa mirada (que se la debe al libro “Annie’s Box” de Randal Keynes, descendiente de Darwin) si bien es cursi en toda su extensión, se vuelve significativa para hablar de una de las teorías más impactantes y fuertes que hemos recibido. Porque esa evolución que él reconocía como cierta y factible (al igual que otra gente de la época) era a su vez la certificación de que el creacionismo no era más que una elucubración literaria. Aún hoy, sobre todo si tomamos en cuenta el jaleo que causó la película para ser distribuida en Estados Unidos, podemos decir la estupidez no ha descansado jamás. Ni en esa época, ni ahora. El Darwin de “Creation” está buscando una razón para entender por qué llevar a buen puerto lo que ha estado haciendo por más de 20 años. ¿Cuál es la razón principal? En una de las escenas iniciales, Darwin conversa con colegas, quienes lo están presionando para la escritura del libro, porque así podrían darle valor definitivo a la ciencia, frente a los arzobispos que buscaban ostentar el poder del intelecto. Darwin está contrariado y afirma que es la iglesia la principal base de la cohesión social y no tendría sentido desacreditarla. Y no lo hace por un convencimiento mayor, lo dice por amor… por ese cariño impresionante hacia su familia. Porque se sabe mal y no quiere decidir en ese estado.

“¿Cuál es su fe?”, le pregunta su doctor en un momento de la película. La respuesta es el nudo desatado, lo que permite darle cauce al dolor.

Darwin es un padre que pierde a su hija adorada y no quiere perder nada más. Desde luego, “Creation” es una película que tiene tanto de verdad como ficción (la única manera para que las ‘biopic’ funcionen es darle un contexto dramático fuerte y abrasivo) y debe moverse en esos campos. No se puede ver como un hecho real, uno únicamente puede deducir el dolor de entonces y verlo hoy en día. Tanto Bettany como Connelly consiguen mostrar ese abismo entre los esposos y quizás juntos hayan logrado una de las escenas más claras sobre lo que el perdón puede ser. Más allá de la curiosidad científica, el filme se vuelve en una experiencia cinematográfica por ese gesto… puro, humano, natural… que vale la pena ver.

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