Adentro…

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Estar dentro de la ballena es un acto de expiación. Quizás por eso la moraleja en la historia de Job es que debes estar envuelto en los ácidos estomacales de un gran cetáceo para recibir por parte de un ser supremo algún tipo de perdón o disculpa. No deja de ser esto un asunto gástrico. En ocasiones me aterra lo que queda después de eso.

Trabajar en televisión es casi lo mismo. Ayer me preguntaba por qué lo hacía, por qué estaba ahí. La verdad es que una vocación de mártir siempre está alrededor de esas decisiones. Aunque también tiene que ver la aspiración de redescubrir el placer en lo que antes era de uno, gracias a esa necesidad dual que tenemos: no hay bien sin mal, o al menos las sensaciones se debaten en duetos, a veces terribles. Lo interesante de esto es que me he visto realizando anotaciones en mi libreta de muchas cosas que pueden terminar sobreviviendo en un nuevo proyecto literario que ya está más vivo (por un asunto más de persistencia). Trabajar en televisión es un golpe en el estómago que te obliga a tomar aire.

Y con esta introducción únicamente quiero caer en la confesión de que verle las costuras un show televisivo es un acto de redención absoluta y de reconocer que el rey está desnudo. No queda nada más. Siendo optimista, nunca hay algo más. Hay siempre una revelación discreta y básica en todo esto. A lo que voy es que si bien he sido defensor exagerado de la televisión, por mi experiencia de televidente obsesivo y lector desesperado, simultáneamente, nunca se me hubiera cruzado la idea de considerar que la televisión es la caja boba o el enemigo. Hoy tampoco lo veo así, pero no puedo ser tan condescendiente con su existencia. Me desperté pensando en Jung y en su alquimia. Pienso en los otros, en el inconsciente colectivo. Y la verdad es que no podría aceptar que la libertad de expresarse por televisión sea un acto gratuito: no creo que pueda haber tanta levedad en los comentarios que se lanzan ‘al aire’.

Trabajo en el programa “Así somos”, de Ecuavisa. Lo veo muy poco, el tiempo que me da preparar videos, investigar, reportarlos y editarlos no me deja con la fuerza necesaria para ver a la ballena por afuera. A veces lo hago, con una vocación que no me queda del todo clara. Al comienzo de cada transmisión se puede leer un cartel en el que se informa que el canal no se responsabiliza por las opiniones vertidas en el espacio. Salvedad legal, después de todo. Pero adentro de la ballena sucede que hay cosas que no te permiten percibirlo con toda la salvedad que se proponga. El asunto es que en el programa, con una onda “The View” se discuten temas en una mesa. Cinco mujeres como promedio de conductoras que hablan alrededor de un tópico. Y hace poco hablaron sobre Ricky Martin y una posible participación en el musical “Evita”, interpretando al Che Guevara. Gloria Gallardo, una de las conductoras, lanzó la bomba que en mi casa, una de esas raras veces en que llego y pongo el programa para conocer qué demonios está saliendo al aire, me dejó de una pieza. Gloria anunció una supuesta relación entre el Che y Evita en la vida real y lo sostuvo con mucha vehemencia.

Creo en la posibilidad del error, sin duda. Creo que ahí está el camino para el descubrimiento adecuado de una dirección a seguir. Pero también estoy convencido de que estar en pantalla no es un juego fácil y permisivo. Es quizás la mayor responsabilidad y en tiempos en los que se discute una ley de medios y que el gobierno utiliza dinero del Estado para pagar una campaña en la que ‘evidencia’ que los medios son ‘malitos’, no se puede ser tan laxo.

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En el panel reaccionó Silvia Buendía, una de las conductoras (probablemente la conductora que me hace respirar con calma cada vez que interviene) de la misma manera que yo lo hice en casa: con una bárbara sorpresa. No pudo creer lo que escuchaba y yo tampoco. Más allá de la reacción inmediata siempre queda el detalle posterior. Silvia escribió un post que se publicó tanto en la web del programa, como en el blog de Exiliados del diario El Telégrafo. A Silvia la llamó mucha gente a preguntarle por qué no había reaccionado en ese momento y como resultado apareció un texto que delimita todo esto que cuento. A Silvia no le quedó más remedio que manifestarse por escrito, y dijo: “Eva Duarte llegó a Buenos Aires desde Junín en el año 1935 a los quince años. Era una muchacha pobre que quería ser actriz. En 1935 Ernesto Guevara era un niño de siete años que vivía con su aristocrática familia en Córdova debido a su afección al asma. En 1944 Eva, incipiente actriz del radioteatro, conoció al coronel Juan Domingo Perón. En 1944 Ernesto Guevara era un adolescente en Córdoba terminando sus estudios secundarios. En 1945 Eva y Perón se casaron e iniciaron una carrera política que llevó a Perón a ser presidente de Argentina en las elecciones de 1946. En 1947 Ernesto Guevara llegó a Buenos Aires a estudiar medicina. En 1950 Guevara viajó en bicicleta hacia el norte del país. A inicios de 1951 se embarcó como enfermero en un navío petrolero de la marina mercante argentina. En diciembre de 1951 inició con su amigo Alberto Granados un viaje que duró ocho meses en el que recorrió Latinoamérica hasta Venezuela. La primera manifestación del cáncer que mató a Eva Perón se dio en enero de 1950. En 1951 cuando Juan Domingo Perón juró por segunda vez consecutiva como presidente de Argentina Eva lo acompañó en un carro descapotable que desfiló por las calles de Buenos Aires. Evita fue atada mediante un corsé de yeso y unos alambres que la mantuvieron erguida junto a Perón en el asiento trasero del carro. Fue su última aparición pública. El 26 de julio de 1952, mientras en Argentina todas las radios interrumpían sus programaciones para llorar la muerte de Eva Perón, Ernesto Guevara se despedía de su amigo Alberto Granados en el aeropuerto de Caracas. Guevara tomó luego un avión a Miami donde permaneció un mes más y solo regresó a Buenos Aires en Septiembre de 1952 (…) Las películas de Hollywood no deben ser un referente de conocimientos históricos, pues no necesariamente recogen la historia tal como sucedió”.

Si bien hoy no hablo concretamente de las costuras, me quedo con la percepción sincera de que es ahora cuando no se puede caer en tanto vacío. Ver con absoluta mirada crítica lo que uno hace o en lo que uno participa es un acto que no puede pasar desapercibido para nadie. No libera, desde luego (quizás te pueda meter en problemas), pero te dice que estás al tanto de que sabes lo que tienes en tus manos y eso te va a permitir tomar buenas decisiones.

Gracias a Silvia por reaccionar también.

6 comentarios en “Adentro…

  1. Pero no entiendo, o sea que surante el programa le dejó decir lo que quiso, aún sabiendo que estaba equivocada. no reaccionó ms que con un gesto de sorpresa y luego pone la historia en el blog como si eso fuera suficiente? Y toda la gente que ve el programa pero no lee el blog?
    a lo que voy es, estaría bueno que el programa acepte sus errores en pantalla, que quien dijo tal o cual cosa y luego se entera que estaba equivocada, acepte en cámaras que habló sin conocimiento. Se hizo?

  2. Yo estoy de acuerdo contigo, So… pero al mismo tiempo no le puedo reclamar a Silvia Buendía su reacción… y no, no se ha hecho nada de esto al aire y he jodido para que se haga y nada… no importa nada, sólo una cifra que se llama ‘rating’, como si eso fuera suficiente…

    1. Estimado Eduardo, no te azotes por el asunto, te recomiendo que tomes apuntes de ese programa en el que trabajas y que luego, en otro momento de tu vida de creativa, escribas una novela sobre esas notas. Es algo que ya se te habrá ocurrido… es que el asunto da para una maravillosa novela sardónica!!!
      Un abrazo.

      1. Querido Santiago, muchas gracias por las palabras. En realidad lo estoy viendo así, siempre hay una alternativa en estos casos y ahora lo mejor es eso, anotar, decantar y dejar que la puerta de la ficción encuentre el camino…

  3. Y qué te diré. Veo Así somos casi todas las tardes, porque trabajo desde mi casa, y entre cosa y cosa, veo el programa. Y es definitivo que Silvia es como es. En el programa, en el club de lectura, en una tarde de conversación. Y yo también respiro cuando la escucho porque pienso que no está contaminada por los medios, en general. Es decir, no le importa lo que puede decir en pantalla porque lo que cree lo dice en cualquier lugar y frente a cualquier persona. Y en la televisión hay juegos de espejos en donde se te pide que seas de tal o cual manea. Hay otras presentadoras que posan, y bueno, está bien. Supongo que están ahí para eso, para posar, y seguro hay gente que quiere ver poses también. Cuando no está la abogada la mesa se queda coja en argumentos. Cecilia Vallejo sale muy poco, María Cárdenas, también. No hay un contrapeso intelectual para ella. Y es una lástima que cuando se menciona esta palabreja, la recepción sea tan mala y se piense en complejas temáticas solo para algunos. En el fondo, los productores de tv son los que no se arriesgan a darle a las personas lo que merecen. Y merecemos mucho más de lo que nos dan, pero seguro siguen pensando: las mujeres que ven este programa son limitadas “amas de casa” que no saben nada de nada. Pero estamos, en general, bastante lejos de eso. Para mí el saldo del programa es positivo, aún cuando la señora Gallardo se permita decir horrores como el del Che y Evita.

    1. Querida Mirabella, si hasta parece que estuvieras adentro. Quizás el punto está en eso de subestimar al televidente. Creo que no podría transar jamás con esa idea… Espero que nunca…

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