Juegos de Valdano

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En una librería me recomendaron hasta la saciedad que me llevara “Juegos de Proteo” (Eskeletra editorial, 2008), de Juan Valdano. Seguí el consejo del extraño, con un deseo ligado a la curiosidad, más que otra cosa. Porque no había leído antes algún libro de Valdano y además porque no es muy común que en una librería alguien se me acerque a recomendarme un libro. Aunque hoy sé que eso no es evidencia de nada.

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¿Por qué? Porque sigo experimentando ese terrible problema que hay detrás de la verosimilitud en la literatura que se hace acá. Alguna vez escribí sobre esto o espero escribir de manera más detallada, porque sostengo que acá nos preocupamos de muchas cosas, muchísimas, pero menos de comprender los mecanismos necesarios para hacer que la historia que se cuenta tenga un valor en sí mismo. Y ese interés equivocado hace sufrir a un conjunto de relatos que le deben todo a Borges, y a una escritura que tiene un mérito evidente: ofrecernos una serie de términos capaces de enriquecer nuestro vocabulario. Esa característica es propia de un anacronismo que se derrama en cada renglón, en cada página; porque lo que hace Valdano es ofrecernos historias que recrean ambientes de distintas épocas (desde la Grecia antigua, pasando por la corte del rey Felipe IV, o búsquedas por el Amazonas en el siglo 17, aventuras en años más adelante, para terminar en un cuento donde el futuro es una cosa inamovible y casi espeluznante) con una conciencia de tiempo detenido. El aliento narrativo, ese ímpetu que nos convoca a la lectura no nos mueve del asiento, salvo en un par de relatos, de los nueve que contiene el libro. “No lo digas a nadie, Euriclea” y “Demetrio, el inmortal” son los puntos más elevados del trabajo.

Pero eso no significa que el libro se salva por ósmosis o contacto con ambos cuentos.

Porque Valdano no hace distinciones entre las historias y en todas esa narración que ralentiza todo y convierte en disertaciones casi exquisitas los diálogos de algunos personaje, vuelve torpe el mismo acto de contar la historia. No hay distinciones en las formas y por eso el viaje que hace en el tiempo no es más que una simulación de ese tiempo. En “Juegos de Proteo” todo es una masa de fantasías y ficciones, en muchos casos más borgeanas que Borges. Y lo que era un mérito en el argentino (la creación concreta y compleja de un universo bien creíble en cada relato, con todos los reductos y resquicios posibles) desaparece en Valdano. En “No se lo digas a nadie, Euriclea”, Valdano retoma el regreso de Ulises a Ítaca y se pregunta: ¿después de tanto, Ulises se sentirá cómodo en su hogar? La fuerza de la pregunta y la elucubración le da valor al cuento. En “Demetrio…”, en cambio, la fuerza se centra en la imposibilidad de la muerte y ese carácter romántico que hay detrás del horror. Lo mejor de Valdano en este libro recae en la comprensión intrínseca de los personajes y lo que pueden sufrir en medio de la tragedia del relato. Por eso estos cuentos funcionan… y el resto no.

El último es quizás la prueba de que los intentos fallidos suelen ser realmente catastróficos. “Jonathan Jus” toma la ciencia ficción y la banaliza hasta el punto de crear un ser ficticio que se resquebraja y no consigue transmitir ninguna de las sensaciones que se propone. El clásico recurso de ‘contar la historia de otro como pedido de ese individuo que ya no está’ detona una narración algo larga en la que el ajedrez y las computadoras se mezclan en una tenue amalgama. El futuro es siempre lugar de elucubraciones y en el caso de Valdano, el futuro no es más que un espacio en el cual sucede una historia como pudo haber sucedido en África de hace 400 años. Hay una deuda con la imagen del futuro, entre otras deficiencias. El futuro de “Jonathan Jus” es tan intrascendente que la historia se diluye.

¿Qué es lo que vale del libro? Lo excedente, lo irrelevante, lo que no nos dice nada. “Juegos de Proteo” es un libro que está hecho desde la figura del autor y eso es lo menos relevante de todo. Cuando las historias se vuelven en un cúmulo de detalles y de ‘laberintos’ que únicamente desgastan, lo que nos queda es reconocer la derrota de la historia. Los cuentos de Valdano están derrotados porque quizás él no ha hecho el ejercicio más importante de todos, al momento de escribir: derrotarse a sí mismo. ¿De qué me vale un autor con una gran cultura y con una gran imaginación si lo que intenta en sus cuentos es evidenciarlo? El problema de esto es que quizás Valdano leyó mucho a Borges y cayó en una certeza falsa: la literatura no es un acto de sabios o de inteligencias, o de eruditos. La literatura es el acto de contar cosas y darse el lujo de insuflarle vida concreta a esa creación.

Y para aclararlo más: Borges nunca fue un escritor erudito para mí (esa es su belleza) fue el tipo que entendió que eso de la vida que no pudo tener (la vida esa heroica del pasado, la acción, el verbo vuelto carne y huevo) es realmente el germen de la narrativa, de lo que se puede volver real. Toda literatura es ausencia y nunca la evidencia es sinónimo de algo que tenga calidad literaria.

3 comentarios en “Juegos de Valdano

  1. Precisamente en estos días he estado leyendo un ensayo sobre el Ecuador de Juan Valdano y he experimentado resistencia. No tengo conocimientos técnicos de literatura, pero a medida que avanzo en la lectura, llena de lugares comunes, mi malestar crece. Podría decir que experimento que el autor vomita mucha información y la trata de articular pero sin convencerme (y al contrario, hastiarme, por ejemplo trata de recuperar la palabra “Patria”, escondiéndola y diciendo que lo más sonado es la palabra “Pueblo”, cuando ésta, me parece que visible para cualquiera, ha sido tan explotada como la anterior).

    Pero bueno, aun no termino el libro, pero me ha llamado la atención que alguien mas tiene una percepción de que en Valdano “falta” algo/ hay algo que no termina de cuadrar.

    Saludos.

  2. Hay muchos otros que no opinan lo mismo: Miguel Donoso Pareja ha dicho: “En Juegos de Proteo, Valdano muestra maestría y solidez de narrador, sale bien librado. Con un nivel sostenidamente alto, Valdano nos deleita con sus “fantasías”, sobria y sabiamente logrados, propositivamente construidos en homenaje a diferentes modos expresivos, y sin embargo, dueños de una gran fluidez< y naturalidad… Un libro excelente, pues con una prosa que se paladea línea por línea, una demostración de talento y oficio del autor. Hay que leerlo. " (En Diario "El Telégrafo")
    Alicia Ortega ha dicho: "…Estos juegos narrativos con los planos temporales de la historia proponen que la historia humana está impulsada por una fuerza de doble rostro, de doble signo: el impulso divino convive con el furor maligno, el regreso con la partida, el cómplice con el delator". (Universidad Andina Simón Bolívar")-
    Modesto Ponce, a su vez, ha opinado: "Valdano ha escrito diez relatos magistrales donde están referidas y entrelazadas, sin límites precisos, la literatura, el arte, y la historia, la mitología, la crónica y la leyenda, pero sobre todo su propia y fecunda imaginación. El estilo y el tono son impecables. Son páginas de gran valor estético, equilibradas, enriquecidas. Juegos de Proteo se lee con verdadero placer" (Diario El Comercio).

    1. Estimado Paulo, muchas gracias por colocar esos comentarios. Quizás las referencias y necesidades son distintas en un lector de 30 años y en lectores y creadores que sobrepasan los 60 años. Creo que sin llegar a las tonterías de clazar generaciones, uno sí que encuentra otras cosas a las cuales asirse cuando se trata de leer. Seguimos leyendo igual, buscando las mismas cosas de siempre; pero al menos yo me coloco en un estado en el que lo único que quiero no es descubrir la maestría de nadie, ni la prosa demedida ni bella (esos son añadidos que agradezco, pero que no crean obra), sino encontrar una historia bien contada. Y de eso hablo en el post, que es una opinión… pero jamás una certeza o sentencia genérica.

      Gracias por el comentario

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