El acto de romper el silencio

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imagen tomada de api.ning.com

Hace 21 años Nirvana lanzó su primer larga duración. Y si esas distancias siempre tienden a crear espacios de revisión y discusión de esos momentos, pues hago el ejercicio. Porque Bleach” es un trabajo con cierta contundencia, que no explota del todo, pero que tiene instantes de fuego, absolutamente reveladores de una calidad y genio de un grupo (incompleto entonces), el cual supo poner en ese primer trabajo, su parte en lo que el sonido “grunge” debía ser… todo con la firma de Sub Pop.

Y en ese punto el “Bleach” brilla como evidencia e intento de escape. Esa vacua instrumentación y oscuridad reinante en el universo sonoro de Seattle de inicios de los años 90 debía ser la medida de las cosas. Nirvana se incluye, probablemente lo disfruta, pero quizás lo que sobresale es sin duda el deseo de encajar en algo por primera vez y tener la oportunidad de ser escuchados por otros. Para mucha gente el “Bleach” es el disco en el que Nirvana fue Nirvana, con libertad en todo sentido… para mí la realidad fue mucho más compleja: la discografía de Nirvana es un acto de búsqueda, desde el sonido hasta la composición precisa. Kurt Cobain nunca estuvo a gusto con el objetivo de su grupo (podemos marcar las cientos de diferencias entre “Bleach”, “Nevermind” e “In Utero” para revelar que siempre se trató de encontrar algo diferente, que quedó enmarcado en eso del grunge), quizás como revelación de un ‘disgusto’ más personal.

“Bleach” es el disco en el que el Cobain más pop (“About a girl”, por ejemplo), el Cobain más introspectivo (“Floyd the barber” – como parte de ese recuerdo infantil de estar frente a la televisión observando el Show de Andy Griffith), el Cobain lleno de ira y angustia (“School”, esa oda a los estrujes innecesarios y torpes de los directivos de Sub Pop) se encuentran y tratan de crear algo con cierta relación, una especie de relato conciso, que en el marco del negativo y blanco/negro de la portada nos ofrece un camino. “Bleach” es un disco sobre oscuridades porque esa era la época de hacerlo. Sin embargo, decir que se produjo por un estricto deseo del compositor por ir hacia esos derroteros es caer en un grave error. Cobain quería hacer buenas canciones, obtener algo de placer en el camino. El grunge para él era una circunstancia externa que no respondía completamente a él (aunque no dejemos de escuchar que en su biografía sólo hubo dolor tras dolor… es mejor ver siempre a Kurt Cobain como un guiñapo creador). El grunge podía ser también una camisa de fuerza para alguien como él. La historia sí nos señala que Kurt decidió dejar fuera algunas canciones de este disco, por una sencilla razón: ya había muchas canciones fúnebres y lentas en el disco, para qué más. “Big Long Now” fue una de ellas. Luego la incluirían en el “Incesticide”, del 92.

imagen tomada de ilbaluardo.com

 

El fuerte del disco, sin duda, es la relación entre los graves del bajo y la guitarra con poco brillo que Cobain cargaba. Esa quizás haya sido el resultado del tiempo juntos y de la búsqueda de un buen baterista. Nirvana era un grupo que ensayaba mucho, que trataba de manera obsesiva la experiencia de la música como trío (podemos usar como referencia las imágenes caseras que vemos en el dvd ‘With the lights out’, en la que vemos a Cobain, Krist Novoselic y Chad Channing, ensayan mientras alrededor hay una ‘fiesta’ en la que ellos aparecen casi aislados y tocando). “Bleach” es un album que suena con profundidad en ese ámbito, salvo en la batería. La historia nos señala que Chad Channing, sentado al fondo, con los palillos y tambores, pronto iba a ser reemplazado y el disco nos sirve como demostración. Los temas en los que mejor suena la batería, tanto en golpes como en ritmo, son en los que toca Dale Crover, baterista de The Melvins, quien grabó con ellos como un favor unos demos, casi un año antes de la grabación oficial de “Bleach”. Channing en esa época fue un baterista que no tenía más que deseo, y si bien eso en Nirvana era la constante (nunca fueron grandes instrumentistas), lo que le faltaba al tercer miembro del grupo era una fuerza, algo de desgarramiento, que requerían las canciones de Cobain. Dave Grhol vendría a darle la mano con eso, pero en este álbum él no está en el camino de la banda.

Ahora, lo realmente notable (más allá de esa voz dura y melódica de Kurt, capaz de jugar con los gritos más desesperados con un sentido impresionante de lo que la música puede generar) es cómo las canciones consiguen unir esa sensación de derrota con la posibilidad de generar pasajes bellos e impactantes. Kurt Cobain siempre fue un gran compositor y este disco es la prueba inicial de esto. Pese a la inclusión del cover “Love Buzz”, de Shocking Blue (que suena a algo de Nirvana, en realidad), “Bleach” es un puñado de grandes títulos que han pasado desapercibidos para muchos, incluyendo los mismos fans del grupo. Esta última aseveración puede ser considerada falsa si contamos con los más 4 millones de copias vendidas en todo el mundo, pero si tomamos como certeza el comentario de Cobain en el Unplugged, cuando presentaba “About a girl”, podremos recular un poco: “Esta canción es de nuestro primer disco, el que poca gente compró”. El lado “A” es algo mucho más digerible que el lado “B”, que cae en una secuencia de temas que bajan la velocidad, que ralentizan todo y la música entra en una dinámica pesada que no diluye la capacidad armónica del grupo. En este campo, una de las canciones más subestimadas sin duda, es “Sifting”, en la que toda la síncopa juega con la distorsión de una guitarra que va de golpe, llena y da un ambiente propicio para que la voz de Cobain llegue al gallo y al chillido, con toda la fuerza que involucra. El coro de esta canción impresiona por lo reiterativo y lo afirmativo: “No tengo nada para ti”, canta hasta el cansancio, hasta que la voz deja claro ese tono lastimero que nos conduce a un sentido.

En “Mr. Moustache” Nirvana toca un riff que le da rapidez al tema, para luego entrar en una melodía, que con la misma velocidad, se contrapone con las notas que tocan. Lo que dan ahí en intención, tono, comunicación no verbal en medio de una canción. Aquí lo que importa es burlarse de esa gente que se considera por encima de otras, como en un duelo de un muchacho punk desadaptado que no va a la violencia, sino a la chacota transformada en el instrumento más importante. “Big Cheese” entra con un manejo de volumen que da un ambiente, crea un contexto. Quizás lo más pobre del tema sea la batería de Channing, que no consigue elevarlo a lo que debería llegar: lo hace más cortado y le impide una vida más fluida. El ‘Gran quesote’, la figura de autoridad enfrentada, convertida en elemento de poder al que se confronta la voz que canta. Cobain lo dice: “Big Cheese, oblígame”. El tema es recurrente en la composición de Cobain, y eso, en este momento de su carrera era un grito de guerra importante. Tres años más tarde, en “In Utero”, el grito quedaría diluido detrás de una pantalla de torpeza y poca relación con el exterior: “La angustia juvenil ha pagado bien / ahora estoy aburrido y viejo”.

imagen tomada de flickr.com

“Bleach” es el disco del blanqueo, de quitarle el color a las cosas, de no dejar indicios. Es una apuesta un tanto falsa, porque detrás de esta desesperanza siempre hay en las canciones del grupo un pequeño embrujo con eso masivo y popular. Desde los temas más pesados y lentos, hasta aquellos en los que la velocidad es su principal fortaleza, lo que importa es la calidad de lo que se escucha, incluso con errores en golpes de tambores y las fallas de mezclas (muchas). “Bleach” es un disco falso, pero poderoso. No hay una dureza asumida como tal, por más que en la foto interior veamos a Cobain sobre el set de la batería, desparramado, como en un acto de violencia. “Bleach” es un disco en el que aparece Jason Everman como guitarrista, pero nunca grabó en él (pagó la grabación, que costó 600 dólares, impresionado por la calidad de las canciones). “Bleach” es un disco en el que el poder no es una impresión, sino algo de lo que se intenta escapar. Nirvana recurre a los elementos del hardcore y punk para crear un grunge armónico y negador de su existencia… he ahí la paradoja. “Bleach” es ese disco que evidencia esa extravagancia como tal. No hay nada más. Luego vendría el estrellato y el cierre provocado por la incomprensión. Aquí sólo hay deseo, agresivo, por cumplir lo que se dice y no salir tan dañado.

Por eso vale la pena escucharlo una y otra vez, inclusive cuando el año pasado circuló una versión deluxe (por los 20 años) con un segundo disco que incluía un concierto de la época.

3 comentarios en “El acto de romper el silencio

  1. no se si has leído una novela corta de EFRAIM MEDINA REYES, “Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo”…ahi un retrato impresionante de Kurt Cobain…ahi si te interesa, te puedo mandar el archivo a tu mail

    1. La leí man (esa parte de Cobain tocando ‘air guitar’ es lo máximo). Me compré la novela en Bogotá y una ex se la quedó y no tuvo mejor idea que quemarla…

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