La distancia, el error y el horror

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El artículo de Leonardo Valencia de hoy, en diario El Universo, da en el clavo. Quizás el más importante en estos momentos, en los que no necesariamente hay una postura blanco y negro en la vida, pero las reacciones no se miden bajo ninguna otra óptica. Y esa dicotomía burda se vuelve en la medida de todo.

Con el título “Israel y la duda de Mankell”, Valencia escribe sobre Henning Mankell y su relato acerca del asalto a la flotilla con ayuda humanitaria a la zona de la Franja de Gaza, por parte del Gobierno israelita, en la que él iba. Mankell relata la estupidez (al menos parte de ella), de esta manera: “Los soldados se muestran impacientes y quieren que bajemos a cubierta. Alguien se demora y lo atacan con una descarga eléctrica en el brazo. El hombre cae al suelo. Otro hombre que tampoco se movía con celeridad suficiente recibe el impacto de una bala de goma. Y todo esto sucede allí mismo, a mi lado. Es absolutamente real. Personas totalmente inocentes tratadas como animales y castigadas por su lentitud (…) Los soldados nos filman de vez en cuando, aunque no tienen ningún derecho a ello. Al verme tomando unas notas, uno de los soldados se me acerca enseguida y me pregunta qué escribo. Es la única ocasión en que pierdo los estribos. Le contesto que no es de su incumbencia. Sólo le veo los ojos y no sé lo que está pensando, pero al final da media vuelta y se marcha (…) Nos han atacado mientras nos hallábamos en aguas internacionales, lo que implica que los israelíes han actuado como piratas, no mucho mejor que los que operan en las costas de Somalia. Por otro lado, en el momento en que obligaron a nuestra nave a poner rumbo a Israel, nos estaban secuestrando. Su intervención es completamente ilegal (…) Un único ejemplo debería bastar. Justo a mi lado, un hombre se niega a dejar sus huellas dactilares. Acepta que lo fotografíen, pero ¿las huellas? No ha cometido ningún delito. Opone resistencia. Y lo golpean hasta que cae al suelo. Luego se lo llevan de allí. Quién sabe adónde. ¿Cómo calificar semejante acción? ¿Repugnante? ¿Inhumana? Elijan libremente”.

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de guiacontratango.wordpress.com

Sólo parte de la estupidez. Porque sabemos que hubo muertes y una violencia desproporcionada por parte de personas que representan a un país… en aguas internacionales. Porque mucho de lo que el Gobierno de Israel ha usado para ‘justificar’ la ‘intervención’ tiene que ver con las reacciones y gritos proholocausto, que algunos debieron gritar a viva voz, en alguna cubierta de alguna embarcación. Como dice Mankell, elija libremente.

Y es esa elección la que se vuelve importante. Valencia habla de un párrafo y desarrolla una postura crítica sobre la distancia y la reflexión sobre los hechos. Mankell escribe: “Como es obvio, no hago ninguna confesión. Me comunican que seré deportado. El hombre que me lo anuncia me dice enseguida que le gustan mis novelas. En ese momento pienso en la posibilidad de procurar que ninguno de mis libros vuelva a traducirse al hebreo. Es una idea que no he terminado de madurar”. La maduración de una idea es quizás el acto más importante de todo rechazo o confirmación. Valencia lo dice con mayor claridad: “¿Por qué me quedo con la duda de Mankell? Porque allí hay un matiz que resulta imprescindible en tiempos donde el rasero es catalogar un hecho en blanco o negro. Hay una gran parte de israelíes que no están de acuerdo con las medidas de su gobierno. Sería también una discriminación identificar sin diferencias las acciones de un gobierno con la totalidad de un pueblo, y satanizar a ese pueblo. También hay que tener presente que muchos palestinos están hartos del terrorismo de Hamas contra Israel”.

He ahí la mayor ventaja de la reflexión constante; del abandono de las pasiones (porque si una reflexión no se desnuda y deja de lado la emoción más básica del ser humano, no tiene posibilidad de ofrecer un camino… si una reflexión no deja el blanco y negro en sus primeras instancias, corre el riesgo de ahogarse en la misma miseria) a favor de una serie de perspectivas que tengan una mayor consistencia. “Pero incluso en estas circunstancias rescato la reflexión que debe estar madurando Mankell. No es posible arremeter contra todo un pueblo por la acción de un gobierno. Mankell tomará una decisión, pero la lengua hebrea no tiene la culpa, quizá porque él sospecha que esa sería otra forma de aplicar un apartheid, esta vez lingüístico”, remata Valencia. La verdad es que tampoco es posible defender un acto sin proporción y criminal utilizando mecanismos de la historia y acomodando esos hechos, o centrando todo en una serie de consideraciones que esconden los errores políticos en una zona que hierve porque no le queda más.

Hoy, con distancia, no me queda duda de lo que ha pasado. Pero lo que no debería suceder es que el rechazo al horror sea con más horror, sin importar el tipo de estupidez que sea. Al final sigo sosteniendo lo que escribí hace algunos días (soy la misma persona); ahora prefiero sostener algo más porque hay muchos que preferirían no discriminar y dejar a todos en el mismo paquete (y ese es un error que algunos comentarios pueden arrojar…) porque es más fácil. Y nada de esto debe ser fácil. Pasar del blanco o del negro al gris no es un acto de flaqueza… es un acto de corrección humana.

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