Los miserables no tienen opción

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A esta altura del partido lo único que podría decir es que se ha escrito y se manifestado mucho a favor del sentido común y defendiendo al juez español Baltasar Garzón, ahora suspendido. Y hacerlo es un acto de decencia humana. Porque no tiene ningún tipo de valor esa suspensión que recibió por parte del Consejo General del Poder Judicial español, con la excusa de haber querido investigar crímenes amnistiados de la época franquista.

Hay que encontrarle algo de gracia a tremendo oxímoron.

No existe valor (quizás legal, pero la legalidad es ahora un instrumento de control que no busca establecer un sistema más justo, sino un poder más absoluto) para sostener que lo que sucede es sinónimo de justicia. Reed Brody, del diario ingles The Guardian, lo escribe con propiedad: “Thirty-five years after the death of General Francisco Franco, Spain is finally prosecuting someone in connection with the crimes of his dictatorship, and of the Spanish civil war which came before it. Unfortunately, the defendant in the case is Baltasar Garzón, the judge who sought to investigate those crimes. Garzón, of course, is one of the most high-profile judges in the world and what makes the case particularly ironic is that he is being prosecuted for trying to apply at home the same principles he so successfully promoted internationally” (“35 años después de la muerte del General Francisco Franco, España está finalmente enjuiciando a alguien en conexión con los crímenes de su dictadura, y de la Guerra Civil española que vino antes. Desafortunadamente, el acusado en el caso es Baltasar Garzón, el juez que buscó investigar esos crímenes. Garzón, desde luego, es uno de los más importantes jueces del mundo y lo que vuelve a este caso particularmente irónico es que esté siendo juzgado por aplicar en casa los mismos principios que exitosamente ha promovido a nivel internacional”). ¿Puede existir un mayor ejemplo del triunfo de los miserables?

No hay nada de gracioso con este oxímoron.

No debe haber nada de gracioso con esto.

No se puede creer que haya organizaciones que celebren esto como la conquista de la dignidad; que haya jueces que consideren que investigar crímenes sea prevaricar; que exista la posibilidad de que la primera persona que haya decidido cumplir su rol como debe ser tenga que ir a juicio (que de seguro perderá) y que luego deberá dejar su carrera. Nada de esto tiene sentido. Y al parecer no interesan las miles de desapariciones en esa época.

Hay gente que para los miserables no reviste de importancia.

Los miserables tienen a su favor el beneficio de las leyes que consiguieron para salir vencedores. Y asumen esa ilusión como ganadores absolutos.

Los miserables no pueden ganar y no ganarán.

Garzón no es moneda agradable para nadie. Retomo a Brody: “In his long career, Garzón has made many enemies. Conservatives are gunning for him now because he helped unearth alleged massive corruption in the financing of the opposition Popular party, but many in the Socialist party haven’t forgiven him for probing government support for an anti-ETA death squad in the 1980s” (“En su larga carrera, Garzón ha hecho muchos enemigos. Los conservadores están disparando hacia él porque ayudó a descubrir presuntos actos de corrupción masiva en la financiación del partido de oposición, el Popular, pero muchos en el Partido Socialista no lo han perdonado por probar el apoyo gubernamental a un escuadrón de la muerte anti-ETA, en la década de 1980”).

Eso también va a pasar factura. Hay niveles de miseria y hay miserias en varias tendencias.

Hay valores por encima de muchas ideas y criterios. Hay valores que no resisten análisis basados en sobresaltos. Hay valores que no pueden obviarse por ninguna amnistía de mierda. Garzón va a caer y muchos supondrán que con esto todo se habrá acabado; pero hoy tenemos una verdad sobre la mesa: esos mismos miserables que aplaudieron la muerte de otra gente, sea cual sea la razón, son los que tienen maniatada la justicia de un país.

El precio por la verdad, aunque sea el final de una carrera impresionante y consistente con lo que pensamos que es justicia, es otro ejemplo de lucha por la justicia.

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O tal como lo escribió Leonardo Valencia en un artículo publicado hace semanas en diario ‘El Universo’: “La gestión de Garzón es clave porque indica que la conexión del mundo no solo es campo para la demagogia del imperialismo comercial o político sino para reforzar el alcance de la justicia”. Y lo hizo, lo demostró y no reculó en el intento.

Eso es suficiente para que los miserables descubran que no tienen opción y que nunca la tendrán.

3 comentarios en “Los miserables no tienen opción

  1. Querido Eduardo,
    tal y como se están poniendo las cosas por Europa, sobre todo en el sur, nada podremos afirmar. La crisis económica está tomando giros inesperados, al menos para el común de la población, que contempla con desesperanza, ya que no con sorpresa, la rapiña de los políticos, su poco saber estar y la incansable lucha para no hacer nada que sirva para algo. Lo de Garzón es un grano de arena más. No será el último que caiga.
    Tal vez los miserables tengan una opción. O más.

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