El recurso del símbolo

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Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de eluniverso.com

Muchas de las acciones políticas, ridículamente políticas, rayan en la ficción y en ese caso no me queda más que verlas como construcciones por encima de la realidad. Y así podría hasta renegar de las posibilidades de la creación, sobre todo cuando llega a empleársela al servicio de un criterio de orden y gobierno, como una herramienta más para el control o para una idea que trata de mantener cierta hegemonía con imprecisiones. Con ese uso de la ficción llegamos a un nivel casi litúrgico, y eso es quizás lo más deplorable del asunto.

Al final este tipo de maniobras buscan convertir todo en un asunto de fe.

Ya sea un faro en el cerro Santa Ana, en Guayaquil, convertido en un referente de la ciudad, cuando hay un letrerito que te dice que no estuvo ahí y que no hubo faro y que es una representación; o todo un acto oficial para recibir las ‘cenizas simbólicas’ de la ‘Libertadora’ Manuela Sáenz… no es más que crear algo de orgullo con el impacto de la imagen . Un acto de crueldad, de desnaturalización de lo que es un proceso de la imaginación. Toda ficción es propuesta y al negar esta capacidad natural, lo que hacemos es destruir toda oportunidad de decisión.

Cualquier invitación que se haga desde el poder, y que involucra la creación de ideas o símbolos, no es un diálogo sino una imposición. Al menos desde el poder viene con ese fin, con ese objeto. Sin embargo, es el mismo poder el que trata de ignorar que lo que está haciendo es falso y torpe. Román Gubern es muy claro en su ensayo ‘Máscaras de la ficción’ (Anagrama, 2002) cuando habla de estos proyectos: “Las ficciones no se imponen al público, sino que se proponen, y su destino es la fecundación o la esterilidad. Ni siquiera los mitos patógenos de la ideología del Tercer Reich se impusieron a la sociedad alemana, sino que se propusieron, y ya se vio su resultado”.

Entonces, cuando una nota publicada en el diario digital “El ciudadano”, y que recoge palabras del Vicepresidente, afirma cosas como “Manuela Sáenz representa el espíritu rebelde y la fidelidad del pueblo a la causa de la libertad”, la ficción se transforma en un instrumento. Esta vez como una urna con tierra que ‘simboliza’ los restos de Manuela Sáenz, quien es ahora un personaje de un proceso regional (el viaje de los ‘restos’ involucra 4 países),  que se vuelve representación de algo que va más allá de ella. Porque los conceptos varían según el uso del lenguaje en el tiempo y lo que era libertad en su época no tiene nada que ver con la libertad de ahora, de seguro. Sin embargo, estamos llamados a la credulidad por el simple hecho de reconocer que son las autoridades las que están detrás de esos significados actuales. No se me ocurriría tratar de encontrar la relación de Manuela con lo de ahora, porque si se quiere hacer que todo calce, pues todo puede calzar.

Manuela, así como ese faro, se convierten en personajes, en meros recursos que nos desnaturalizan. Son referentes de algo que los trasciende y ya no son ellos, sino creaciones, instrumentos, ficciones que no permiten al espectador/lector/oyente aportar con su decisión. Pero lo mejor de todo esto es que siempre hay decisión de espectador y en este punto valdría la pena preguntarnos: ¿esto nos da forma?

Un ejercicio así no vendría mal.

Un comentario en “El recurso del símbolo

  1. Saludos, estoy totalmente de acuerdo con tu opinión la manipilación sigue primero Alfaro, luego Bolívar y ahora Manuela.

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