¿Por qué ver una película con un hombre de metal?

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El filme de Jon Favreau, “Ironman 2”, va a lo seguro. Probablemente ese ir ‘a lo seguro’ nos remitiría a pensar que es la clásica historia precocida y que tiene una única finalidad: entretener. Y es cierto. Pero la verdad va mucho más allá. “Ironman 2” está mejor manejada que su antecesora porque utiliza un elemento fundamental alrededor del universo que el propio Favreau ha establecido como su espacio ideal: la comedia (ha dirigido películas como “Elf” y se lo ha visto actuando en varios capítulos de la serie “Friends”, por ejemplo). Y si a esto le sumamos que el guión fue escrito por Justin Theroux (uno de los responsables de “Tropic Thunder” a nivel de libretos), la fórmula es clarísima.

En “Ironman 2” el abanico se abre; se piensa de manera más cínica en ese proyecto fílmico de la Marvel, “The Avengers” (con referencias al Capitán América y Thor incluidas); aparecen más personajes con relación a la anterior, y las secuencias de acción tienen una gran ventaja frente a otras que suelen suceder en este tipo de películas, donde las explosiones abundan: son rápidas, pero la cámara te permite ver y entender todo lo que pasa. “Ironman 2” es la mejor de las películas que la Marvel ha hecho sobre uno de sus personajes y hasta podría decir que es la mejor películas de superhéroes que se haya hecho (una torpe exageración de mi parte), pero gracias a Dios existe Christopher Nolan y una película que se llama “The Dark Knight”.

Esta vez Tony Stark (interpretado por un –ya lo sabemos- impresionante Robert Downey Jr.) se enfrenta a alguien como él, capaz de desarrollar en las peores condiciones una tecnología que le permite crear otro ser de metal y poderoso (Ivan Vanko, interpretado por Mickey Rourke, que funciona como una simple atracción necesaria; tal como Scarlett Johansson). Pero Tony también se enfrenta a varios senadores que quieren que el traje rojo y amarillo sea expropiado por Estados Unidos, y a un contrincante comercial que quiere dejarlo en ridículo (Sam Rockwell demuestra una vez más que es un actor como pocos). De remate, sabemos de entrada que hay algo mal en Tony y su organismo parece no estar tolerando eso mismo que le permite vivir, ese dínamo azulado incrustado en su pecho. No todo es brillo.

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Downey repite a Stark y lo dota de lo mismo que lo dotó la ocasión anterior. Tony Stark tiene un sentido del humor que roza la pedantería, un cinismo bárbaro y una evidente vulnerabilidad que es lo que humaniza al personaje. Porque el Tony Stark de Downey es un ser que es pura ficción, pero en sus momentos más introspectivos consigue realmente quitarse la máscara de héroe y darle un toque que lo hace más creíble. Downey es quien hace la película más consistente y es una pena que en sus últimos trabajos repita el mismo personaje, porque el Sherlock Holmes que hizo para Guy Ritchie le debe mucho a Tony Stark.

Favreau, que esta vez actúa más como el guardaespaldas y chofer de Stark, Happy, cuenta una historia que se va para cientos de lugares y que termina cayendo en un desenlace que si bien sorprende a nivel visual, se resuelve con demasiada facilidad. Una de las máximas de este tipo de filmes está en que si tienes a un némesis a la altura, pues refléjalo en pantalla; algo que se llevó hasta un nivel de casi perfección con la segunda parte de Superman, de Richard Lester. En ‘Ironman 2’, los primeros 20 minutos tratan de condensar estilos visuales y elipsis en algo que se asemeja a una colcha de retazos… y funciona. Es quizás en esa gratuidad (tomas de imagen fija, movimientos lentos, edición abrupta y hasta tomas nocturnas del ‘héroe’ en pleno vuelo) que radica la fuerza del arranque. En esa mezcla se lleva a la gente puede de vuelta a ese mundo ficticio. Mundo en el que un comentario en el peor momento, un gesto, o una acción que le quita ritmo a todo, puede generar una risa sincera y hasta una carcajada.

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Favreau no hace una película de aventura; trata de generar una experiencia en la que el ‘comic relief’, tan hollywoodense, es tan necesario como crearle un conflicto de fácil resolución al personaje. Lo hace y divierte en el camino. Una meta que no debiera verse con malos ojos, pues al final su trabajo es ese: no nos dice que veremos “Los cuervos” de Van Gogh y luego nos muestra unas bolitas y palitos. Nos dice que esto es para reírse y disfrutarlo. Y lo cumple.

Un comentario en “¿Por qué ver una película con un hombre de metal?

  1. “….que funciona como una simple atracción necesaria; tal como Scarlett Johansson” What?? Por favor, Natasha Romanoff es ahora mi heroína favorita. Fría (sin llegar a ser innecesariamente despiadada), hace lo que sea necesario (y absolutamente nada más) para lograr su objetivo. Con esa personalidad, podría estar en el lado bueno o en el lado oscuro, pero siempre haría impecablemente bien su trabajo.

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