Roberto Saviano: el suplicio del escritor

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Hay un antes y un después. Existe una imagen mediática en la que ese hombre, que tiene mi edad, ya no carga cabello sobre su cabeza, y su mirada parece esconder una ira que muy pocas personas conocen; lleva la contextura de un hombre que ha desarrollado su musculatura en base a tiempo libre y boxeo; tiene aretes en su oreja; sus palabras parecen ser dagas cada vez que las pronuncia, porque de alguna manera hay que descargarse. Su vida es ir con un chaleco antibalas (que casi no usa porque le molesta) y entablar un diálogo cercano, casi como si fuera entre confesor y penitente, con los guardias que lo protegen las 24 horas. Roberto Saviano no puede estar mucho tiempo en un mismo lugar. Cuando está empezando a sentirse cómodo, viene el jefe de la guardia y le dice que es hora de irse.

La vida puede ser una mierda para Saviano, o para cualquier de nosotros en su posición.

Tenía menos de 30 años cuando “Gomorra” salió publicada en Italia. Vendió millones, sigue vendiendo cifras de seis dígitos en varios países e idiomas. Hay una película basada en el libro, dirigida por Matteo Garrone (en la que el mismo Saviano colaboró en el guión) y que ganó el Gran Premio en el Festival de Cannes de 2008. “Gomorra” es ese pedazo de perdición en el que el joven periodista y escritor volcó todas esas historias que iba escuchando y descubriendo en su Nápoles natal. La “Camorra”, esa organización de crimen organizado que opera al sur de Italia, aparece con nombres y apellidos en el libro de Saviano, que se debate en 11 historias en las que no sólo revela el funcionamiento, sino los contactos, los procesos económicos y las actitudes de ciertos mafiosos, que más que dar una imagen que se ha perennizado en filmes de Scorsese o Coppola, aparecen como los seres más megalómanos que viven sobre la faz de la tierra. Saviano hace una radiografía del poder y al mismo tiempo que los desnuda, los convierte en seres susceptibles a la burla.

Y aprendió que la mafia no perdona.

Boy, you’re gonna carry that weight a long time
Carmine Shiabone, un informante de la policía sobre las actividades de la Camorra desde hace 15 años, fue quien dio la voz de alerta. Se estaba preparando un atentado para acabar con la vida del escritor, y no había opción a desconfiar. Ya un juez y un fiscal habían sido asesinado y desaparecido, respectivamente, y esta vez se debía evitar la crisis a toda costa. Knock, knock. Llamado en la puerta, agentes dispuestos a cumplir su labor. Octubre de 2006. “Gomorra” ya estaba siendo leída por mucha gente. El Ministerio del Interior italiano ordena protección. Su cabeza pelada y reluciente tiene precio. Para Saviano la situación tiene una gran carga de ridiculez e inocencia, al menos al inicio. “Cuando me pusieron bajo custodia de protección, pensé que se acabaría en pocas semanas. Pasó el tiempo y pensé que iban a ser sólo meses. Ahora lo que me desespera más que la muerte es pensar que deba vivir así para siempre”, confiesa el escritor, en un artículo que escribiera para el Times, de Reino Unido, el pasado 11 de agosto, su primera confesión pública, escrita con una absoluta sinceridad.

Esa forma de vida se puede resumir de la siguiente manera: permanencias de no más de un mes en un nuevo lugar, pequeño, extremadamente pequeño (para tener un mejor control de la situación, por parte de los agentes), casi sin iluminación. Carros de gendarmes siempre parqueados en las afueras, revisiones de seguridad a todas las personas que se le acercan, cinco guardias a su disposición y entre ellos un acuerdo tácito para no molestarlos en las noches y dejar el fin de semana siempre para que pasen con sus familias. A Saviano le ha tocado acomodarse a vivir incómodo. “Una vez conseguí moverme a una casa con porche y no podía creer la suerte que había tenido. Pero muy pronto nos dimos cuenta de que los constructores que estaban trabajando muy cerca venían de mi mundo, donde las mafias entierran su capital económico en cementos, y en ganar contratos y subcontratos en toda Italia. Perdí el porche antes de poder empacar. Eso le pasa a gente como yo, que vive con protección policial en un país con un número de muertes que sólo es superado por Colombia”, cuenta en el mismo artículo del Times.

Con una vida contenida en un par de maletas con medias, boxers, camisetas, pantalones, un abrigo, camisas y una funda con los artículos necesarios para el higiene personal, Saviano es la víctima de sus propios esfuerzos profesionales. Y pese a que es la personificación del sueño de muchos, de ser un joven periodista mal pagado pasó a tener una cuenta con mucho dinero, el italiano no tiene la oportunidad de disfrutar lo que ha conseguido con su esfuerzo. Aunque siga recibiendo varios galardones, uno de los últimos será el Geschwister Scholl, de 2009, en Alemania (en homenaje a los hermanos Scholl, quienes fueron ejecutados en 1943 por ser miembros de un grupo de resistencia al nazismo), por el que se llevará 10 mil euros; aunque Salman Rushdie (otro de los escritores que saben lo que es tener una condena de muerte encima) lo aprecie y se manifieste en público a su favor (además de darle consejos cada vez que puede); aunque la Academia de Estocolmo lo haya invitado a dar una conferencia sobre libertad de expresión; aunque el ideal de reconocimiento se haya hecho realidad, hay algo que no está bien. Enric González, para El País, de España, lo aclara con puntos y comas: “Lo peor, según él mismo (Saviano), es la soledad. Que nadie quiera alquilarte una vivienda. Que los comerciantes te rueguen que compres en otra parte. Que los amigos no te devuelvan las llamadas. Lo peor es estar solo, sin otra compañía que los cuatro policías”.

Quizás a diario espera que llegue el momento en que La Camorra toque a su puerta, impávido y sin temor… ¿o no?

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El napolitano obstinado o la rutina del engaño
Tres años son suficientes para que la mirada hacia el también autor de “Lo contrario de la muerte”, otro libro en el que combina su experiencia periodística con la sensibilidad de un escritor con una prosa casi providencial (es imposible no sentirse tocado por muchas de sus oraciones), tenga ya sus detractores. Vittorio Pisani, jefe de la unidad móvil de la Policía de Nápoles, ha puesto en duda la necesidad de la escolta al escritor, asegurando que su unidad fue la encargada de comprobar si la amenaza es real y que el resultado de su trabajo ha sido negativo. No es el único golpe hasta el momento.

“La belleza y el infierno” es el monólogo que Saviano, basado en su libro homónimo, ha presentado con éxito en el Piccolo Teatro de Milán, hace pocas semanas. Él en las tablas, mostrándose en público como una narrador oral capaz de hacer de su vivencia una reflexión sobre cómo encontrar lo hermoso en medio del caos. Desde luego, Saviano no puede quedarse quieto. La nota de Paul Viejo, para el periódico Público, de España, lo evidencia: “Conmociona mucho más cuando es el turno de hablar de muertes como la de la cantante Miram Makeba o la periodista Anna Politkovskaia, o de ‘aquellas’ provocadas por Alfred Nobel como inventor de la dinamita o por Mijaíl Kalashnikov, creador del arma más utilizada en el mundo”. Lectores reclaman: ¿Si estás condenado a muerte, por qué apareces a la vista de todos? Lo que le sucede al italiano es lo que ha precisado Rushdie: ”vivimos en un mundo muy pequeño” y Saviano ya no sólo tiene a unos asesinos como sus principales detractores. Pisani reaparece para echar más leña al fuego: “El jefe de la unidad móvil de la policía de Nápoles agregó que le causa ‘perplejidad’ cuando ve ‘escoltar a personas que han hecho menos que muchos policías, magistrados y periodistas que luchan contra la Camorra desde hace varios años’”, según lo informa un cable de la agencia EFE.

Saviano se enfrenta hoy a su peor temor: “El miedo más grande, el que me ataca todo el tiempo, es que la Camorra consiga difamarme, destruir mi credibilidad, manchar mi nombre y desacredite todo lo que he tenido que vivir por pagar mi precio. Se lo han hecho a mucha gente que ha movido el avispero (…) Nunca olvidaré lo que el ex esposo de Anna Politkovskaya (la periodista rusa asesinada en Moscú en 2006) dijo el día después de su muerte: ‘Fue mejor que la mataran, eso fue preferible a que la desacrediten. Anna no hubiera podido soportarlo’…”, escribe en el artículo del Times.

Hay coraje, ira, integridad y desesperación… quizás todo sea una mentira mediática (que en algún momento pasará su factura completa), o quizás tres años de confinamientos comiencen a pasar factura y a Saviano no le interese para nada su seguridad, sino su tranquilidad. Lo cierto es que en “Gomorra” hay mucho que podría enojar a la mafia, así que tampoco es para tomárselo a la ligera.

Los escritores al patíbulo
Roberto Saviano es un nombre más. Alexander Solzhenitsyn estuvo preso y exiliado por sus opiniones anti Stalin. Taslima Narin, escritora de Bangladesh, tuvo que huir de su país en 1994 luego de que El Consejo de Luchadores del Islam le pusieran precio a su cabeza (2500 dólares), porque supuestamente había ofendido su fe. Salman Rushdie lleva el mismo estigma, con esa fatua sobre sí por haber escrito “Los versos satánicos”. Igual es la suerte de Ayann Hirsi Ali, que por ser crítica del Islam, vive oculta por las amenazas recibidas (ella llegó a escribir el guión del cortometraje “Sumisión” que dirigiera Theo Van Gogh, y que hablaba sobre los problemas de las mujeres en el Islam. Por ese trabajo, Van Gogh fue asesinado por un fanático islamico). Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006, fue hasta sometido a juicio por autoridades turcas por haberse referido a la matanza de armenios (casi un millón de muertos) y que es tabú en su país. Gustave Flaubert tuvo que ir a juicio por el carácter licencioso y ‘pornográfico’ de su “Madame Bovary”… La lista podría seguir hasta el anonimato…

El poder de la escritura se enfrenta sin duda al poder económico, político y religioso de organizaciones de todo tipo. ¿Por qué? Porque se trata siempre de un solo ser que puede cargar sobre sí el peso de todo un mundo, crear otro y denunciar la invalidez de la realidad como se la conoce. Eso hizo Saviano con “Gomorra”, mostrar que esa estructura social que mueve al sur de Italia, que extiende sus tentáculos en casi todas las familias y que no deja nada sin contaminar, no es precisamente la única salida. Lo ha pagado muy caro. “Quizás al final lo que odien de mí es que, a través de mi libro, haya demostrado que se puede ser un hombre luchando contra ellos”, ha dicho en una entrevista concedida al diario El País.

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Y es justamente el hombre el que termina ofreciendo la revelación más cruda de lo que puede ser el compromiso del escritor. Porque más allá de las dudas, del suplicio, de la amenaza, de la vida entrecortada, se esconde el ser que debe resistir de alguna manera: “La primera pregunta que me hacen es si ¿lamento haber escrito ‘Gomorra’? Respondo: ‘Sí’, como hombre y ‘No’, como escritor. Lo hago para demostrar que a pesar de todo existe una pizca de responsabilidad cívica en mí. Pero la verdad es otra: odio ‘Gomorra’. La aborrezco. Cuando la veo en la vitrina de una librería miro al lado contrario. Al inicio, cuando decía que si hubiera sabido lo que iba a pasar no habría escrito la novela, veía caras de desaprobación, decepcionadas. Cuando esto pasaba, me iba a casa con un mal sabor de boca y la sensación de haber caído en desgracia. Pensaba que, por más difícil que hubiese sido todo, debía responder que habría escrito la novela y soportar en silencio el sacrificio. Pero ahora, después de tanto tiempo, me reservo el derecho de revelar mis remordimientos y miro hacia atrás, con nostalgia, a aquellos días cuando era un hombre libre. Pero lo hecho, hecho está, escribí ‘Gomorra’ y deberé pagar el precio todos los días de mi vida”. Y después de esto, no hay nada más que decir.

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Artículo publicado en la edición de marzo de la revista “Mundo Diners”

5 comentarios en “Roberto Saviano: el suplicio del escritor

  1. Seguro que Saviano se esconde en el cuchitril de Varas, donde juegan a la ronda con los cinco guardias (pagados por la editorial de Saviano).

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