La caída del halcón negro

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imagen tomada de eluniverso.com

No hay nada nuevo. Lo que pasa con El Telégrafo se veía venir por muchos factores, pero fundamentalmente dos que son extremos y torpes: El proyecto de un medio impreso público se fue al diablo de entrada gracias a una oposición política que no quiso reconocer los alcances de esa propuesta y la etiquetó como un espacio progobierno (sin revisar secciones o posibilidades de permitir que la comunicaciçon tuviera estos espacios) y porque en el interior del diario hubo y hay gente que entendió que sus espacios de opinión y periodísticos debían rozar el agradecimiento mesiánico a la revolución ciudadana.

El Telégrafo como medio público se autocanceló por un cúmulo de verdades a medias. Hoy, con directores y editores afuera, ya sea por renuncias o despidos, y con cartas públicas del directorio nuevo que exige a sus articulistas que no se hable nada del diario, estableciendo la censura previa como una herramienta mediática de cara a los lectores del medio (es decir, anunciando públicamente lo miserables que son)… lo que se nos presenta es la real cara de un proceso de cambio institucional tan mal manejado que, ya a casi 4 años de estar administrando el país, destruye uno de los pocos proyectos que debió ser empujado mucho más y no contemplado como un gasto innecesario (concepto que antes, cuando había dinero, se denominaba inversión social. Hoy, cuando se anuncian revisiones presupuestarias y eliminación de subsidios, que “benefician sobre todo a los más ricos”, como lo anunció ayer el presidente, esta búsqueda de rentabilidad refleja una terrible realidad ). “El medio público no es un negocio”, dijo acertadamente hoy en la mañana Carol Murillo, ex-subdirectora del diario, en Ecuavisa. Y lo que hoy vemos, incluso desde la perspectiva presidencial, pronunciando palabras como ‘rentabilidad’ para hablar de un medio público,  es que no estamos parados sobre ningún proceso con un horizonte claro. La tan ‘cacareada’ revolución ciudadana no es más que otra manera de hablar de lo mismo. Para mí no se trunca nada ahora, sino que todo queda claro… y eso es lamentable.

 

imagen tomada de hablemosdeperiodismo.blogspot.com 

No le puedo creer nada a los que critican al diario. Por lo general es gente que ha visto en su financiamiento el problema y asumió un aparente y obvio  aperturismo al gobierno como un hecho, sin tomarse la molestia de revisar el diario, o si lo han hecho no han pasado más allá de la sección de opinión, para justificar su aversión al gobierno (hoy algunos de esos terribles editorialistas son parte del grupo de 21 articulistas que se han manifestado públicamente en contra de las decisiones del nuevo directorio y han abandonado sus columnas) . Tampoco le puedo creer todo a los que han defendido el diario desde la perspectiva revolucionaria y han escrito odas torpes y han defendido y defienden esta administración sin un ápice de sentido común. El Telégrafo está todavía muy lejos de ser un gran diario, pero (y no lo digo por colaborar en sus páginas, en una de las mejores secciones que ha tenido el periodismo escrito en el país: retrato) es uno de los mejores. La pésima calidad de algunos editorialistas no es potestad de un medio público (lean el Universo y el Expreso para que se den cuenta de lo nefastas que son ciertas opiniones escritas), por lo que siempre hay cosas que mejorar.

El problema del diario está en lo comercial. Muy poca gente accedió a él, la impresión no fue la mejor, casi siempre lo vi llegando tarde a Quito y a pesar de ser gratuito no había en realidad una estrategia para consolidar su existencia o al menos luchar contra la imagen terrible que ciertas perspectivas colocaron sobre este medio público. El Telégrafo se condenó a lo mismo que se condenan muchos de los proyectos editoriales que se hacen con dinero gubernamental: hacerlos y dejarlos tambalear a la buena de dios… vayan a ver la cantidad de libros hechos por el Ministerio de Cultura que descansan el sueño de los justos…

Y si el interés es hacer rentable un proyecto que debería seguir siendo contemplado como una real manera de hacer comunicación, sin preocuparse por el dinero… no hay nada más que decir sobre  las reales intenciones a ese nivel.

Hoy no creo que algo se rompió… hoy creo que muchos se dieron cuenta que el rey está desnudo, cuando ya hacía muchos meses paseaba su flacidez por las calles, sin problema. Y si lo que se quiere es publicar un diario de corte popular, que NO sea para intelectuales, y que rebaje la comunicación a lo que muchos malos medios privados hacen… entonces ya todo se perdió para los que creían en esto.

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