El derecho a hablar pendejadas (1)

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¿Por qué defender algo tan estúpido como decir pendejadas? Porque creo que la posibilidad de corregir y enmendarse va de la mano con el reconocimiento del error. Porque creo que con las cartas sobre la mesa podremos llegar a un nivel mucho más óptimo y adecuado de decisiones y criterios. Porque creo que las opiniones son como radiografías, nos muestran lo que tenemos dentro en un momento determinado. Porque sostengo que una opinión puede y debe ser rechazada (si no la creemos adecuada) y que no debe ser penalizada. Porque creo que siempre, en el infinito cauce de las opiniones, se puede y se debe estar equivocado (yo a la cabeza de tal aseveración) y bajo ese panorama es posible el desarrollo de un pensamiento mucho más libre y cada vez más a prueba de imprecisiones. Creo que las pendejadas son necesarias y son un ejercicio de libertad que nos vuelve mejores espectadores y lectores. Las pendejadas nos dicen que no debemos creer todo lo que nos están diciendo y que necesitamos comprender en su totalidad lo que está frente a nosotros. Las pendejadas son imprescindibles y nos deben convertir en sujetos incrédulos, listos para enfrentarnos con mejores herramientas en el mundo que estamos. No importa la verdad que los medios o editorialistas nos dicen, ni importa la verdad convertida en dogma político de una revolución ciudadana, que afirma que algo que dice es cierto sólo porque lo dice. No importa si la opinión está fundamentada con todos los registros existentes sobre o un tema en particular o parte del empirismo. Lo que importa es cómo nos enfrentamos y preparamos para resistir o sostener esa verdad que se posa ante nosotros como una mirada de mundo.

Las pendejadas ayudan mucho. Nos dan un camino a seguir o una pared que levantar.

Hoy es un momento en el que la opinión se vuelve un elemento de discordia para muchos en Ecuador. Porque las opiniones exigen responsabilidad, y una rsponsabilidad que vaya más allá del hecho de sostener lo que se sostiene con nombre y apellido. Aunque ese ya es un mérito en este país. La responsabilidad que exige la opinión está con comprender de qué se habla y cómo se habla y desde dónde se habla… y mantenerse lo más cercano posible a la congruencia. Pero aún así, con todos los resguardos, uno se puede y se va a equivocar. Somos seres que aprendemos a medida de que avanzamos y reconocemos las cosas que segundos atrás eran ignoradas. Y la opinión no puede surgir ajena a lo que sucede en el ser humano. Nos equivocamos y las opiniones pueden estar erradas cuando partimos de ideas o premisas horrendas o limitadas.

Una opinión, sobre todo la política, puede partir de impresiones que no resisten ningún análisis y eso las convierte en las más suceptibles de rechazo y hasta de apoyo (¿no es la política un reino enteramente pasional?). Y este post es sobre la opinión política y los errores que se producen al ejercerla, con o sin intención. ¿Es Camilo Samán un matón, como lo ha señalado Emilio Palacio en un editorial, que le ha merecido una condena de 3 años de prisión? No lo sé y no me interesa saberlo. Pero lo que sí creo es que Palacio, así como cualquier otra persona, tiene el derecho de pensar y manifestar lo que piensa desde su error o acierto (como se lo quiera ver), ya seas opuesto o partidario del gobierno de turno. ¿Que él debe ser más certero porque está en una posición de influir a mucha gente al ser el editor de opinión de un medio importante? (probablemente el criterio de muchas personas, incluyo a la querida Fer) Pues las relaciones de poder son parte de nuestro paso por la vida y existen y existirán sin que se medien deseos o aspiraciones. El problema no está ahí, no está en dar tu opinión, ni en el poder que tengas para exponerla, sino en recibirla y cómo reaccionamos ante ella. El ‘Pájaro’ Febres Cordero, por poner un ejemplo ubicado en el mismo diario en el que Palacio tiene su ‘trinchera’, es mucho más ‘directo’ y dice más cosas sobre funcionarios (tratándolos como unas caricaturas), a través de un humor que valida todo. El problema no está en dar la opinión, sino en cómo actuamos ante ellas.

El problema de Emilio Palacio está en que sus editoriales son más pasión desenfrenada que argumentos y yo no recomendaría a nadie que leyera sus textos de los últimos dos años (aunque he leído algunos, debo confesar). Si tuviera el ánimo, incluso podría revisar algunas de sus opiniones y rebatirlas (porque rebatirlo a Palacio es sencillo), lo cual sería el objetivo de toda discusión editorial, pues ninguna opinión ofrece una verdad absoluta. Pero no tengo ánimo de eso. Simplemente porque no creo en sus precisiones el 80% del tiempo.

Sin embargo, no tiene sentido justificar una decisión judicial basada en una demanda, presentada por un funcionario público, porque lastimosamente el funcionario público vive bajo un escrutinio general del cual no puede salir vivo (¿acaso la asambleísta que dirige la Comisión de la Comunicación, que busca evitar ‘los abusos de los medios a la dignidad de las personas’, no ha pedido con un papel membretado de la Asamblea que Cuba le dé una beca a su hija?). Esas ‘ofensas’ vienen con el paquete y listo. No debería existir drama.

Pero el drama está y ese es el problema de hoy. El que escribe un editorial tiene un compromiso con el lenguaje y en sí mismo. Ese compromiso es igual al que debe asumir un lector al enfrentarse con un texto o a una opinión de este tipo. Y una opinión, sea un compendio de citas o de estudios sociológicos o no, es siempre falible (por inconsciencia o deseo de engañar) y suceptible de correcciones. Las opiniones van a generar discusiones y dentro de esos procesos del lenguaje lo ideal es ofrecer las herramientas para que todo el mundo tenga acceso a un análisis más acorde a sus deseos. Una opinión es una radifografía que se debe enfrentar a la radiografía del lector y lo peor que puede pasar es que el gobierno de turno o sus defensores celebren la destrucción de una radiografía porque no está bien. La educación es siempre la respuesta

Por eso, cuando en medio de esta discusión veo el deseo de una amiga de armar todo un sistema de análisis de las opiniones a través de las opiniones de otras personas, creo que hay algo que puede salir bien. Porque al final no se trata de combatir unas manifestaciones de poder, sino de darle a la persona la posibilidad de escoger y analizar qué poder quiere y tratar de corregir al que está mal. ¿Y lo mejor de todo? Es que no hay alguien que sea completamente bueno o malo… Además, la opinión no es la persona, aunque sí parte de ella.

El derecho a decir pendejadas es lo que nos permite dejar de decirlas o combatirlas… El problema real son los pendejos… y de esos tenemos muchos… sea cual sea su bandera ideológica.

8 comentarios en “El derecho a hablar pendejadas (1)

  1. Se puede decir lo que se piensa sin injuriar a otro ni calumniarlo. Y si tienen la “libertad de hablar pendejadas” pues existen una serie de reglamentos y normas en el código penal que protegen a quienes han sido ofendidos, cuya honra la dejan por el suelo y contra quienes se han levantado calumnias. No es justo ni correcto calumniar a una persona pues esta tiene un nombre que esta siendo mancillado, una cosa es insultar y otra calumniar, mentir.
    El derecho a hablar pendejadas lo sostiene diario el Universo al permitir que se publiquen este tipo de calumnias, no solo le dice matón, lo acusa de peculado a ese funcionario. Podemos discutir la dureza de la sanción pero como ciudadanos necesitamos garantías de que podemos recurrir a una defensa si se esta levantando testimonios falsos contra nuestra honra y ese columnista manosea perversamente el concepto de libertad de expresion para calumniar a alguien, ¿O acaso porque es un funcionario del gobierno esto deja de estar mal? Podría ser cualquiera, todos tenemos los mismos derechos.
    El respetar a los demás no implica una afrenta a la libertad de expresión o comunicación.
    Pienso que es importante articular este sistema d clasificacion y comentario para estos articulistas que nos atosigan con mentiras, groserias, racismo y estupideces pero esa es una iniciativa como sujeto, que no se contradice con que por otro lado las leyes deben garantizar que uno puede reclamar si su buen nombre esta siendo atacado con epitetos e informaciones no verificadas.

  2. las leyes deben garantizar que uno puede reclamar si su buen nombre esta siendo atacado con epitetos e informaciones no verificadas

    A juicio de ‘buen varón’, eso es una estupidez. Son absurdos de esa clase, propios de personas autoritarias, las que minan la poca democracia que nos queda. Porque de ese “debe ser” se infiere tranquilamente que cualquier difamación que atente contra la honra ajena (o sea, lo que podría ser cualquier opinión no halagüeña basada en hechos, en supuestos o en interpretaciones subjetivas) podría ser construída como un delito. Pues vaya. Vivir en democracia conlleva la aceptación y la responsabilidad de que la honra propia y ajena sean mancilladas. Quien diga que no está viviendo en la Tierra de Oz.

    Pensar que la honra le corresponde a uno por derecho me parece una ‘burguesada’ repugnante. La honra se la gana. La ley no puede ni debería garantizarle eso a nadie, ni menos a un funcionario público, quien como tal está sujeto al escrutinio de la gente.

    Condenar a ese periodistoide a prisión por 3 años (y encima más exigirle una indemnización de millones de dólares), además de ser desproporcionado como castigo, y por ende ir en detrimento de la libertad de expresión, es una prueba del uso, ahí sí, libertino de la legislación, amén de cómo la malcriadez propia de lo políticamente correcto, aupada por abogadillos mercantilistas y politiqueros eregidos de perdonavidas y conductores de pueblos, ha degradado el concepto de ‘derechos’ hasta hacernos caer en políticas neofascistas.

    Camilo Samán, lo único que se merece, exagerando, es la posibilidad de replicar. Que el espectador juzgue luego. Pero ahora ha perpetrado algo que es mucho peor que el peculado o la difamación, por ende ha perdido, ahora sí, todo honor y humanidad.

  3. Yo acuso! Me parece que los tres años de prisión para el Don Palacio son muy poquitos. Deberían haberle puesto prisión perpetua y un millón de millones. Habrase visto! Atreverse a decir que el angelito del Samancito es un matón! Qué horror! Si ya mismo deberían canonizarle y elevarle a los altares por sus milagros y buenas obras.

    El don Palacio es un señor que no tiene idea de nada. Debería organizar una romería e ir de rodillas a peregrinar donde el Samancito y pedirle perdón besándole los zapaticos de charol que carga! Y de paso, ir también de rodillas donde San Rafiquito, redentor de los ecuatorianos! Haberse atrevido a criticarle tanto a San Rafiquito, elé, ahí está lo que le va a pasar por no haberse convertido al culto de tan poderosa deidad!

    Si se hubiese convertido, otro gallo le cantara. Estuviese feliz, en vez de estar metido en tanto lío. En vez de estar en un periodiquito de pelucones como El Universo estuviese en una maravilla de diario como El Telégrafo, quizás de director, disfrutando al hacer la revolución del pueblo como ahora está el Rubencito Montoya… Ay, que bestia, ya me olvidé por un instante que al Rubencito ya lo mandaron sacando por haber pecado contra San Rafiquito y su corte de ángeles. Pero bueno, esa es la idea.

    Yo si digo, el Don Palacio mejor debería arrepentirse, ir a confesarse en Carondelet, dejarse de tonteras y ponerse a la misericordia de San Rafiquito, virgen y mártir. Le ha de hacer no más el milagro de que la sentencia se desvanezca en el aire como si no hubiese existido. Grandes son los poderes de San Rafiquito. Amén.

  4. No estoy de acuerdo con la pena de prisión para los delitos de difamación, pero…

    1. La legislación así lo establece, así que el camino correcto es modificarlas, no llorar sobre la leche derramada
    2. Han habido muchos casos de periodistas condenados por el mismo delito(en primera instancia como este caso, acorde a FUNDAMEDIOS, no solo aqui sino en muchos paises), pero oh… resulta que es el caso de Emilio Palacio el que hace titulares.
    3. Camilo Samán solicitó su derecho a la réplica, fue publicado en un recuadro minúsculo en la sección de cartas al director.
    4. No hubo rectificación ni disculpas por parte de E. Palacio.

    A mi criterio este caso no es sino la ejecución de un plan, mediante la cual diario El Universo se presenta como mártir ante la sociedad, para boicotear así los cambios en la comunicación promulgados por el gobierno actual, y apoyados (le duela a quien le duela) por la población (http://bit.ly/ak7Ih8)

    No hay que darle vueltas al asunto, ni armar tormentas donde no existen: El problema es entre el calumniador y el calumniado, y debe ser resuelto por un juez, PUNTO.

  5. Qué asco de cualquiera que se regocije con la prisión de un periodista por llamarle Matón a un tipo que un par de días antes mandó un grupo de gente a insultarlo a sus oficinas. Tú vienes a mi casa, me insultas, me difamas, me amenazas, yo te digo matón y tú me pones una denuncia y yo me voy preso.

    A mí los artículos de Palacio no me gustan para nada. Pero no debe ir a la cárcel porque no injurió a Samán. No existe la injuria cuando te defiendes y Emilio Palacio ha sido el periodista más insultado e injuriado por este gobierno. Mientras tanto, pregunto yo, qué carajo pasa con el sistema judicial que mete preso a un periodista y en 5 minutos libera a cualquier delincuente. Qué pasa con un presidente que es ñaño del Fiscal y lo defiende públicamente y que además se da el lujo de insultar a todo el mundo y, además, dar lecciones de moral.

    Como que ya las señales de este gobierno son suficientes como para que la gente inteligente que lee este blog se de cuenta de que estamos en un régimen totalitario. No hay nada peor que los aupadores que justifican el totalitarismo cuando un gobierno persigue a quien no es de su simpatía. No seamos tan pendejos, por favor.

    Carlos Andrés Vera

  6. Lo que se hereda no se hurta señor Vera, con que facilidad llama ud pendejo a quien piensa lo contrario en un parrafo donde dice defender la libertad de expresión. Eso creo que se llama escupirse para arriba.

  7. Bajo mi opinión coincido en que:
    * Samán posiblemente sea un matón.
    * Correa es un loco demente que quiere limitar la libertad de expresión en Ecuador.
    * Es castigo a Emilio Palacio es desproporcionado.
    * No debería penarse la calumnia y difamación con cárcel. O debería convertirse esto como una contravención con multa de $4 o siete día de cárcel máximo.

    Pero existe una duda razonable en este caso. En Ecuador existe una cultura de calumniar a diestra y siniestra a todo el mundo y lo periodistas no están libres de esto. (algunos no todos)

    En la vida laboral siempre hemos escuchado comentarios como tal empresa te gano el negocio porque de seguro pasan plata. O, el siempre gana porque les pasa mensualidad a los funcionarios de tal empresa de Gobieno. Cuando uno pregunta, ¿que evidencias tienes? te responden, “es que yo simplemente lo sé” o “de seguro debe ser así, no seas tan ingenuo”.

    Dentro de Ecuador hay una cultura de siempre pensar mal de las personas, lo cual no esta mal. Lo que esta mal es decirlo a viva voz como si fuera un hecho (no una sospecha) sin tener evidencias de lo que se dice. Y esto sucede en el día a día, la gente se atreve a calumniar a otras personas basados en conjeturas.

    No he podido ver las evidencias que presentó Emilio Palacio en su defensa, pero miren esta frase del artículo “…y entonces Camilo el matón y la familia Correa tendrán camino libre para seguir disponiendo de los millones de la CFN.” Uno puede creer, sospechar, tener la seguridad de que usen la plata del CFN como se les da la gana, pero sin evidencias esto queda como calumnia.

    …pero en eso es lo que se basa este gobierno para darle el hachazo a la libertad de expresión, una duda razonable. Por eso es mejor defender irracionalmente a Emilio Palacio.

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