El del 2010

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Parto por las obviedades del nuevo Premio Alfaguara de Novela. Hernán Rivera Letelier es chileno, de Talca (imagina la destrucción de la zona por culpa del terremoto), promedia los 60 años y no sólo ha conseguido un título fabuloso para su obra ganadora, “El arte de la resurrección”, sino que se ha permitido hacer de la titulación un mérito en sí solo: “Los trenes se van al purgatorio”, “El fantasista” y “La reina Isabel cantaba rancheras” son los nombres con los que algunos de sus libros descansan en estantes de Chile, Argentina, México, España y también Ecuador. Rivera Letelier se lleva 175 mil dólares y una escultura de Matín Chirino (y una gira de presentaciones que lo pondrá a prueba por algunos meses). Además, en 2001 fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y Las Letras, por el Ministerio de Cultura de Francia.

La novela será de aproximadamente 300 páginas y según el comunicado de Alfaguara: “El arte de la resurrección es ‘la historia de la segunda venida de Cristo, durante la primera mitad del siglo XX, a los perdidos territorios de las salitreras chilenas’. Se trata de una original novela, que mezcla la crónica histórica y social (muy cercana a la tragedia de Santa María de Iquique) con poderosos elementos del realismo mágico. Su fuerza está en sus personajes; sobre todo, en el Cristo que recuerda a otros de Valle Inclán, García Márquez o Vargas Llosa. lo mejor es que la historia de Domingo Zárate se lee con fascinación y la facilidad de las leyendas de infancia”.

Ahora con las generalidades: Para este premio se recibieron 539 manuscritos (de Ecuador fueron 23, por ejemplo). El jurado estuvo presidido por Manuel Vincent, y contó con Juan González, Gerardo Herrero, Coledad Puértolas, Juan Miguel Salvador y Juan Gabriel Vásquez (Puértolas es del 47 y Vásquez es del 73, hágase la idea de la obra por el jurado).

Reacciones del autor: En Alfaguara Ecuador hubo la oportunidad de ser parte de la rueda de prensa internacional, en la que Rivero Letelier contestó (en la medida de las capacidades técnicas -sospecho que no óptimas debido al terremoto en Chile) las preguntas que periodistas de Costa Rica, Ecuador y Honduras le hicieron. Habló de la trama del libro (una historia en la que Domingo Zárate Vera, más conocido como el Cristo de Elqui, es el protagonista principal – personaje que también ha sido usado por Nicanor Parra, según reza una nota de El Universal de México) y se contuvo de dar muchos detalles. Habló sobre esa relación inevitable con el realismo mágico (“No creo que lo mío es el realismo mágico”, dijo. Lo definió como realismo poético); de su relación con el ‘boom’, siendo Juan Rulfo nombrado en dos ocasiones; se refirió a la presencia de prostitutas en toda su obra, de la necesidad de mezcla ficción con realidad; de la actualidad de los sermones de su personaje, ligados a la lucha contra la injusticia social y explotación del hombre); contó que la investigación le tomó 15 años y la escritura 2… Y enseguida lanzó la perla de la velada: “La novela, antes que nada, es contar una historia”.

Antes había dicho muchas cosas: “Me ha ido muy bien con la literatura, hace quince años que soy el tipo más feliz del planeta”. “Los premios literarios trastocan un poco la carrera de un escritor, pero los premios no quitan ni ponen nada, o sea, si un escritor es malo, va a ser malo, y si es bueno -como yo- va ser bueno con premios o sin ellos”. “Yo empecé de cero, cero absoluto. Fui un autodidacto absolutamente. Creo que este premio y varios otros que he ganado de alguna manera vienen a recompensar más que el talento la perseverancia, la constancia”.

Directo y parco al hablar, genuinamente agradecido y algo agobiado por lo que ha tenido que hacer desde que hoy se lo anunció como el ganador, Rivera Letelier ha tenido un oficio y hoy, fuera de sus fronteras, queda abierta la oportunidad para ver si esta vez el jurado tuvo razón, se relacionó con sus lectores o simplemente la pifió… y eso sí, no me queda duda de que habrá alguien que piense que por el terremoto le dieron el premio a un chileno… y bueno, ese riesgo siempre estará presente.

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