El escritor y los demonios callados

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‘Persona pública en deuda’, leo en un artículo de Diego Schelp sobre la relación de Gabriel García Márquez y Fidel Castro. ¿La base de la nota? Una revisión sobre el libro ‘Gabriel García Márquez y Fidel Castro, Los secretos de una amistad’, de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli, en el que recurriendo a varios datos, documentos y entrevistas (acorde a lo que Schelp expone) se plantea “un debate pertinente sobre qué lleva a los intelectuales extranjeros a apoyar un régimen cruel como el cubano, que mandó al paredón a más de siete mil personas y acostumbra a suprimir cualquier opinión divergente con la cárcel o el paredón”. Algo que desde la perspectiva del arte, en este caso de la escritura, se transforma en una paradoja.

¿Por qué esa sensación? Porque Gabo representa algo que queda muy claro: la mirada inequívoca de una intelectualidad o de una postura artística que necesita darle un valor a algo y condicionar su visión de mundo a eso. Schelp transcribe una frase del historiador brasileño Marco Antonio Villa: “Hay una tradición entre parte de los intelectuales latinoamericanos de hablar en nombre de otros, de considerarse la voz de los que no hablan. Es una visión autoritaria que, como no podría dejar de ser, produce una fascinación por la dictadura de izquierda”.

No hay nada más. Sólo queda de golpe comprender esas dinámicas tan humanas y obvias. García Márquez no dijo nada cuando estalló el caso Padilla, en 1971, que significó el rompimiento de muchos y la distancia de algunos artistas con el régimen de la isla. Desde 1975, Gabo empezó a establecer los vínculos con Fidel, que tuvieron su momento de gloria cuando en 1977, el líder cubano se interesó en el escritor. Así, ambos se convirtieron en comodines para sus intereses: Gabo en un embajador ante la comunidad intelectual internacional de lo que sucede en Cuba (aprovechando esa chispa ensopada de calor que hay en su discurso) y Fidel en el nexo con mandatarios del exterior, como Francois Mitterrand, de Francia, con los que hizo lobby para su Premio Nobel en 1982, de acuerdo con Schelp.

Con una mansión en uno de los barrios más lujosos de la Habana, con un Mercedes Benz a su disposición, con la fundación de la escuela de cine, con la entrega de los manuscritos para que Fidel los lea primero, con la aparente dedicatoria de ‘El General en su laberinto’ (Bolívar como un reflejo de Castro), con la certeza de pedirle a Fidel que deje libre a los presos políticos para demostrar que el lo que sucede en la isla no es tan grave (según algunas entrevistas de Gabo), me pregunto ¿cómo se puede abandonar, desde el arte y la creación, la idea de que la vida es un acto de libertades de criterio? Para mí hace rato que el arte de Gabo sufre esas consecuencias y sospecho que será muy sencillo para muchos desligar la idea del artista con el ser humano. Para otros, como yo, va por un lado mucho más complejo que la simple idea de dividir a un personaje en sus acciones e ideas. No puedo y peor con él. Simplemente me coloco ante esa paradoja como un mortal que no entiende, que juzga desde la impresión y que afirma que la consecuencia es algo más real. El silencio es el enemigo de todo ser consecuente (y por eso prefiero creerle y prodigar respeto a todo ser que, aunque esté equivocado con lo que dice y piensa, al menos trata de mantener una congruencia) y por eso miro con recelo a Gabo, quien responde sobre Cuba colocándose como adalid de la libertad y no deplorando esa falta de libertades que hace poco acabaron con alguien que pensaba distinto y amaneza a muchos más.

Saramago se plantó una frase bestial hace varios años: ‘Hasta aquí he llegado’, hablando de Cuba y del fusilamiento a las personas implicadas en un secuestro de un avión y del encarcelamiento de algunos disidentes, en 2003. Escribió Saramago: “Disentir es un derecho que se encuentra y se encontrará inscrito con tinta invisible en todas las declaraciones de derechos humanos pasadas, presentes y futuras. Disentir es un acto irrenunciable de conciencia. Puede que disentir conduzca a la traición, pero eso siempre tiene que ser demostrado con pruebas irrefutables. No creo que se haya actuado sin dejar lugar a dudas en el juicio reciente de donde salieron condenados a penas desproporcionadas los cubanos disidentes. Y no se entiende que si hubo conspiración no haya sido expulsado ya el encargado de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, la otra parte de la conspiración. Ahora llegan los fusilamientos. Secuestrar un barco o un avión es crimen severamente punible en cualquier país del mundo, pero no se condena a muerte a los secuestradores, sobre todo teniendo en cuenta que no hubo víctimas. Cuba no ha ganado ninguna heroica batalla fusilando a esos tres hombres, pero sí ha perdido mi confianza, ha dañado mis esperanzas, ha defraudado mis ilusiones. Hasta aquí he llegado”. Palabras duras y sabias. ¿Gabo dijo algo? Pues no he encontrado por ningún lado declaración sobre el hecho y no recuerdo haberla leído en su momento.

Galeano fue también claro sobre el mismo tema, bajo el título ‘Cuba duele’: “Rosa Luxemburg, que dio la vida por la revolución socialista, discrepaba con Lenin en el proyecto de una nueva sociedad. Ella escribió palabras proféticas sobre lo que no quería. Fue asesinada en Alemania, hace 85 años, pero sigue teniendo razón: “La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad. La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente”. Y también: “Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una libertad de reunión ilimitadas, sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas, y la burocracia llega a ser el único elemento activo”. (Nota mía: Nada de esto aparece en el Libro “Las venas abiertas de América Latina”.)”. Galeano, más allá de recibir glorias como pensador y escritor merece todo respeto por la consecuencia de sus ideas.

Ayer, una querida amiga que viaja pronto a un cambio de vida en Lisboa, me contó sobre ÓScar Niemayer y la creación de Brasilia. El tipo que armó una ciudad con edificios en los que todo fuera de todos y gobernantes vivieran en el mismo piso con el conserje, pues desalojó todas las viviendas de los albañiles y mano de obra de la nueva ciudad, porque estaban junto a las habitaciones de los constructores, arquitectos e ingenieros. Consecuencia inexistente y espíritu retórico que no queda en nada.

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Me quedo helado con el silencio de Gabo y con sus ventajas. El escritor que celebra la libertad no puede aprovecharse de ninguna ausencia de ella. El escritor que juega a la imaginación no puede sostener ni apoyar ningún régimen que sospeche del que piensa distinto. El escritor que recibe loas en medio de esa podredumbre, pues ha perdido el horizonte y Gabo, hace años que dejó de ser García Márquez… hace años…

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5 comentarios en “El escritor y los demonios callados

  1. Algun momento, si quieres, sería bueno que hagas un análisis de manera similar con Vargas Llosa y quizás otros autores… ellos no necesariamente representan el verdadero sentido de libertad del que tanto se habla. Un pensador de Indonesia decía que la verdadera libertad es cuando estamos en control de las fuerzas bajas que nos oprimen a cada uno de los seres humanos.

  2. Xavier;
    Vargas Llosa ha sido un crítico de todos los regímenes totalitarios. De “izquirda y derecha” Lee su libro “Sables y Utopías” que muestra artículos suyos desde los 60s. Por eso, me quedo con la literatura de Gabo, pero con la postura y la actitud ante la vida y la sociedad de Vargas Llosa, que ha criticado a los tiranos, vengan de donde vengan, toda su vida. Es mucho más de lo que puede decirse de un número importante de artistas de “izquierda”.
    Saludos.
    CAV

  3. Creo que ningún régimen totalitario, que esté comprobado que es auténticamente totalitario, es digno de ser elogiado, y lo rechazo.
    Así como también rechazo cualquier imposición de “poderes fácticos” o “autoridades informales” que siembran in-equidad social, acumulan lucro para poquísimas manos y eliminan la esperanza de poblaciones enteras en cualquier región del planeta.

    Por otro lado, creo que la postura de Vargas Llosa frente a la famosa “libertad” (de empresa) y su discurso de las “oportunidades” del libre mercado, deja mucho que desear, ya que todos sabemos del juego que hay detrás de los TLCs en realidad (Mexico un triste ejemplo de violencia y anarquía ‘en democracia’), y somos testigos de como, por ejemplo, las externalidades causadas por la enorme acumulación de recursos y poder en pocas manos, están dejando al mundo sin vida, mas inequitativo que nunca, y con miles de niños que mueren al dia de hambre.

    Eso es también apoyar a un sistema que mata y destruye, en mayor escala que cualquier régimen autoritario. Para mi eso tampoco es libertad…

    Por esto y otras cosas, no comparto la mayoría de lo que dice y apoya el célebre escritor peruano. Mas bien me gusta mas su literatura, especialmente su forma de escribir cartas. Admiro el talento para escribir que tienen tanto Gabo como Vargas LLosa.

    Su ideología actual no la comparto, y mucho menos la de su hijo, ya que para mi representan el pensamiento de una subcultura de gente que rechaza y no valora con respeto la inmensa diversidad y procesos de “las culturas” latinoamericanas.

  4. Insisto Xavier, me da la impresión que has leído muy poco a Vargas Llosa (No la literatura, sino sus artículos sobre temas políticos). El no es un fan del sistema capitalista extractivista ni ignora sus consecuencias. Te recomiendo en verdad leer el libro Sables y Utopías, ya que en muchos lados ha sido estigmatizado por gente que lo critica sin leerlo. Sabías por ejemplo, qué el apoyó en un comienzo la revolución cubana y que varias veces escribió a favor de Fidel Castro? Sabías de su cruce de cartas con Mario Benedetti? Sabías de su crítica a gobiernos totalitarios como el de Pinochet?

    De su hijo, no estamos hablando acá. Son dos individuos diferentes y de una trascendencia y alcance totalmente distintos.

  5. Me parece muy interesante la cita sobre la “tradición entre parte de los intelectuales latinoamericanos de hablar en nombre de otros, de considerarse la voz de los que no hablan”. Es bastante cierto y es algo autoadjudicado.

    Sobre García Márquez et. al, para mí no se trata de diferenciar o separar al “artista” del “ser humano” ni de ver sus acciones e ideas independientemente. Como yo lo veo, son aspectos distintos de la persona, de sus ideas tal vez. Ya que mencionas a Vargas Llosa, leí hace poco una cita de él en la que más o menos dice, sobre Neruda, que no entiende “cómo pudo ser la misma persona que revolucionó de este modo la poesía de la lengua el disciplinado militante que escribió poemas en loor de Stalin”. Yo creo que se mantiene en muchos casos la ilusión… política sobre algo y simplemente no se quiere ver lo que pasa en realidad. Es lo que pasa cuando, no recuerdo quién dijo esto, la necesidad de creer es más fuerte que la necesidad de saber. Y al parecer García Márquez (y muchos otros) siguen enfrascados en no ver ciertas cosas, en no querer verlas, para mantener la ilusión, la idea, la emoción de la juventud y sus ideales.

    Pero lo cortés no quita lo valiente, ni tampoco lo garantiza. Estas posiciones políticas no están intrínsecamente relacionadas con el talento literario, artístico, etc. He leído la verdad muy poco de García Márquez (y nada en los últimos años) pero es un tipo brillante. Y claro que a uno le gustaría que un escritor así piense igual que uno, pero la vida es compleja.

    Entonces creo que hay que separar, o “juzgar” por separado, a las cuestiones políticas del talento literario, artístico, musical, etc… a menos que en “la obra” en cuestión haya un elemento político demasiado directo. Pero aún entonces pueden darse varias interpretaciones. Todavía se me acelera el pulso cuando recuerdo, de Cien Años de Soledad, el “¡Cabrones! Les regalamos el minuto que falta” y el tiroteo que continuaba… pero asumir guiado por la emoción que “las cosas son así, y las empresas SIEMPRE hacen eso, y el socialismo es la salida” es un patinazo brutal (estoy caricaturizando, no creo que nadie haya dicho semejante cosa), y aun otros dirán que ESO de arriba es justamente lo que hace el socialismo, y que GGM se contradice, y que… y que creo que la crítica que haces sobre recibir loas en medio de la podredumbre es muy acertada y que eso no lo hace un mal escritor.

    También habría que preguntarse si el ser artista te da alguna calificación especial para hablar de política. Para poner el ejemplo inverso, a los políticos sí se les pregunta sobre sus libros preferidos, pero no se utilizan esas opiniones para elaborar una selección literaria, ¿o sí?

    Creo que es un error confundir el motor (las emociones) con el timón (la cabeza) y que en “literartura” el error puede crear obras asquerosas, pero en política se vuelve, literalmente, mortal.

    Por cierto… el de la última foto…

    ¿¿¿¿¿¿¿Es Fidel Castro o Abimael Guzmán??????

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