El fin del fin del mundo

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imagen tomada de aullidos.com

A veces uno no entiende de dónde vienen las ideas más absurdas o por qué éstas cambian el sentido de algo que tuvo su mejor momento y que hoy se vuelve una broma. ‘Rec’, la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza (2007) intentó darle validez al género de los zombies desde el uso de la simpleza y de lo que la tecnología permitía. Cámara al hombro de un cameraman de un programa de tv, con su reportera, asistiendo a una llamada de auxilio en un edificio de Barcelona. Adentro, de a poco, nos vemos en el interior de una pesadilla, con zombies que poco tenían que ver con los de George Romero, pero que recordaban a los que Zach Snyder dio vida en su remake de ‘Dawn of the dead’. Dos años después, y luego del éxito de ese primer intento, ‘Rec’ vuelve con una película que no debió existir: floja, tartamuda, que golpea y no da en el blanco. Y así. el universo se cae en pedazos y no quedan deseos por recoger los retazos.

En ‘Rec 2’ importa recuperar una atmósfera y darle continuidad a una historia que en la primera parte quedó sin forma (lo que es, sin duda, el mérito del terror: saber que tienes que escapar de algo terrible, sin saber exactamente lo que es). Y en ese deseo de claridad, toda esperanza se pierde. Cuando se revela la razón del caos, lo único en realidad impactante es reconocer que la explicación más descabellada adquiere vida y de esta manera toda esperanza de un terror real se pierde. En el medio vemos el uso, necesario para este tipo de experiencias, de la cámara subjetiva, con alguien fungiendo de camarógrafo de guerra en medio del fin del mundo, hasta que la batería se acaba y, ¡oh sorpresa!, aparece otra, de la manera más ridícula y descabellada. La idea no está en acabar con la forma, sino encontrar agujeros que le permitan al sistema seguir adelante. Así, esta vez tenemos adolescentes que se meten a la boca del lobo, y la aparición de un personaje del anterior filme que se vuelve en pieza clave. No ha pasado mucho tiempo entre los acontecimientos de la primera y segunda parte. Sólo minutos, en los que un grupo de operaciones especiales (en el que se incluye el verdadero argentino hinchapelotas, como parte de esos típicos requerimientos de las coproducciones, que por lo general dan dolor de cabeza a las historias) debe entrar al edificio, escoltando a un doctor, para tomar muestras de sangre y detener la epidemia. Premisa sencilla y clara.

No han pasado ni 20 minutos del filme y ya sabemos qué es lo que explotó en el edificio. Uno se coloca en la disyuntiva (tranquilos, no habrá spoilers) de salir y jugar en el parque o terminar de ver el filme. La curiosidad de descubrir cómo van a arreglar algo descabellado como lo que proponen es lo que gana y permanezco en mi puesto. Entonces vemos carreras en las escaleras, homenajes a “El exorcista”, “La cosa” y “Dead Calm”, y un terror ya sistematizado que no asusta. Al saber la verdad no importa nada, todo adquiere sentido y para buscar explicaciones para el error mejor doy un paseo por la calle y listo. ‘Rec 2’ intenta hacer algo distinto y fracasa porque para hacer algo diferente, el juego debe ser completo, y no simplemente un pequeño detalle. Revelar el secreto que hay en sobres bien guardados quita la emoción y ‘Rec 2’ es una película sin emoción. Lástima.

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