El otro Ortiz

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Cuando el escrutinio y las precisiones se visten de oportunismo, pues hay un grave problema. Nadie puede negar lo despiadado que puede ser el trabajo de un presentador/periodista/entrevistador televisivo como Jorge Ortiz, la cabeza visible de una lucha entre medios y poder que a esta altura es pan nuestro de cada día (no puedo decir eso de su trabajo escrito: los textos de Jorge Ortiz tienen una artiulación y argumentación que si bien sabemos de dónde provienen, se sostienen mejor que lo televisivo). Pero entramos en mayores problemas cuando las mismas herramientas y terribles cadencias del trabajo de Ortiz se reproducen en un entrevistador, esta vez en un canal del gobierno, que aparece como adalid de un proceso político (con toda la libertad del caso para hacerlo), conviertiendo la labor esta vez no en la defensa de un grupo de poder económico, sino en defensa del poder político presente.

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de asambleanacional.gov.ec

Carlos Ochoa fue corresponsal en Cuenca de Ecuavisa. Lo recuerdo armando los reportajes desde ahí, saliendo casi siempre a diario. Luego caería en Ecuador TV y hoy es parte fundamental del noticiario de Gama TV (canal que hace ya varios años incautara el gobierno con la excusa de venderlo para pagar a los despositantes que fueron víctimas de los Isaías, antiguos dueños del canal y de Filanbanco… cosa que hasta el momento no sucede y nadie parece reparar en eso). En Gama TV es el entrevistador de un espacio que, en un golpe de creatividad, han bautizado como ‘GNN’.

Carlos Ochoa representa lo peor del periodismo televisivo, así como Ortiz. Carlos Ochoa parece rendirle respeto y tributo a quienes les pagan el sueldo, más allá de hacer un buen trabajo. Digamos que Carlos Ochoa cree en todo lo que sostiene y asume que está bien defender esos criterios. Digamos que se siente en el derecho de hacerlo en medio de un sistema de lucha de poderes, en el que aquello que él sostiene como real está siendo víctima de las maniobras de quienes quieren acabar con lo bueno. Digamos que Carlos Ochoa sabe que en este instante lo que se debe hacer es proteger el cambio y la transformación. Digamos que Carlos Ochoa es un tarado y confunde la profesión con la labor gansteril de mensajero de la mafia.

Había buscado no verlo, porque ya me habían dicho de qué iba todo lo que hace en su vitrina. Pero esta semana encendí el televisor y me quedé impresionado por la entrevista que le hizo a Marlon Santi, principal de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), en medio de esta pugna entre gobierno y ellos, que incluye la amenaza de movilizaciones… y acá las movilizaciones ya han conseguido un muerto, por ejemplo, por lo que no es nada ligero este asunto. Ochoa, como novia enamorada defendiendo a pretendiente (sí, no se lo puede poner de otra manera) supo combatir a un dirigente y hasta acusarlo de ignorante, cuando le cuestionó el concepto de xenofobia, contenido en el comunicado que habían hecho público, en contra del gobierno. Santi no supo responder con propiedad y Ochoa arremetió con fuerza: aportó con el significado y precisó lo absurdo de usarlo porque el gobierno no está en contra de los extranjeros. Hasta ahí uno podría afirmar que la labor de Ochoa fue la de aclarar el error. Pero uno también podría decir que un Delorean puede ser la máquina del tiempo, sin problema. Lo cierto es que reducir una problemática que involucra lo racial, a lo meramente semántico es criminal. Ochoa no es capaz de hacer una relación (como ‘hombre blanco’ según su correción académica) de esa realidad indígena del país con la idea de la otredad, de no sentirse parte de eso, de estar afuera. No, no puede entender que la no pertenencia puede ser la medida de una raza en un país. El periodista debía preguntar: ‘¿Realmente se sienten extranjeros acá?’, pero es demasiado para él. Al día siguiente, Ochoa hablando de este tema con una persona cuyo nombre se me escapa, adereza la tontería: Acusa a los indígenas de tener asesores que los engañan porque no son capaces de utilizar las palabras adecuadas.

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de gamatv.com.ec

Ochoa tiene todo el derecho de jugar a juez en su espacio, muchos lo hacen acá y creen que salen victoriosos de esto porque tienen un coro de focas que aplauden una vez que la señal se ha dejado de transmitir. Ochoa tiene todo el derecho de defender lo que crea y desde donde crea. Tiene el derecho de apostar por un gobierno y defenderlo con uñas y dientes en un canal regulado por el mismo gobierno. Tiene todo el derecho… pero también mucha responsabilidad y quizás esa sea la parte del paquete que algunos llamados periodistas parecen no comprender. El periodismo no es un asunto de derecho, sino de responsabilidades… Hasta entonces, sigamos en la mierda y gracias señor Ochoa… ha conseguido que Jorge Ortiz sea un niño de pecho.

8 comentarios en “El otro Ortiz

  1. Excelente análisis. Es el colmo lo que hizo Ochoa y seguramente frente este acto de racismo, Correa ni su secretaria de pueblos no se quejaran “de la prensa corrupta”. Han perdido toda calidad moral para criticar a nadie. Felicitaciones por el artículo.

  2. Un ejemplo del tipo de periodismo que calza perfecto con un gobierno totalitario: periodismo servil. Ese es el peor de todos.

    1. y tus entrenistas como eran?? No eran igual o peor que la del Ochoa… Carlitos al fin y al cabo… Y de que es ignorante es ignorante como va a poner una demanda y ni siquiera sabe de que se trata. Ser ignorante no es un iinsulto por si acaso

  3. Mi profundo respeto a su criterio, aunque no lo comparta en lo mínimo; maxime cuando utiliza al final un término tan desagradable como “MIERDA”. Entiendo plenamente que el tejido social se encuentra muy deteriorado y no a causa de este, sino de los últimos 20 años de gobiernos fallidos. Comentarios aislados viendo el arbol y no el bosque, no hacen más que denotar la poca intención de concertación que existe en la sociedad mundial, la cual, a mi manera de entender el asunto, presenta síntomas febriles y convulsivos producto de lo virulento que puede ser la aberrante obsesión del ser humano por tener la razón como individuo antes que como masa. Propongamos, aportemos; hablar, escribir, criticar, es una tarea gratificantemente morbosa si perdemos la brújula en el camino hacia la exposición total de la realidad. Atentos con esto; aprovechemos la libertad de expresión que aún reina en nuestro medio.

    1. Estimado David, te agradezco el comentario. En realidad creo que elpoder de las palabras y el uso que le doy a las mismas parte de un concepto fundamental: la responsabilidad. La única creencia relamnet fuerte que mantengo es esa, la importancia y contundencia del lenguaje y me hago cargo de eso.

      Me extrañan sus precisiones porque justamente parten de algo fundamental: de cómo los conceptos son maleables dependiendo del cristal con que se miren las cosas. Y no hablo de transar (para eso lo invito a que lea otros textos de este blog y se dé cuenta que mi real intención en este momento tortuoso no va a ser nunca dividir, sino más bien que entendamos la importancia de escuchar al otro… por lo que su comentario, como decimos vulgarmente por mi barrio, es como “mear fuera del tarro”, y lo digo con la mejor de las buenas ondas), hablo de ser consecuente con ciertas ideas que en este momento se vuelven banderas y reclamos de cierta manera necesarios, y esa consecuencia no puede ir jamás de la mano con un acto desproporcionado: ignorar el error que reclamo en otros en los míos.

      Eso es fundamental para una real convivencia. Y toda esa gente que reclama de Ortiz y sus intereses y cómo se vende a los dueños del canal en que trabaja, pues debería reconocer que en Ochoa sucede de igual manera y no puede ser obviado o justificado porque su patrón es ‘mejor que el patrón del otro’.

      Me encanta la posibilidad de la contradicción en el ser humano, porque a partir de ella podemos avanzar y reconocer errores en nuestros criterios. Pero la falta de consecuencia es lo más detestable y lo que deberíamos erradicar en este momento del país.

      Esa fue mi intención (que además queda muy clara, sobre todo al final del post). A veces uno ve el árbol y no el bosque porque está interesado en verlo así, pero en ocasiones la metonimia es una figura retórica que funciona y te da una mano.

      Saludos

  4. Hola,

    Me había olvidado de que te habías cambiado acá, seguro que me perdí algunos “posts” muy buenos pero escribes más rápido de lo que uno lee y ya no los voy a revisar.

    Antes de que me olvide, ya que hablas de prensa: te sugiero visites ecuadorinsensato.com, es un sitio que te va a poner de buen humor y, esto va en serio, tiene las noticias más precisas e imparciales (aunque sean falsas).

    No tengo nada que ver con el sitio así que no es “spam”… de verdad.

    * * * * *

    Ahora, sobre el tema… yo solía ver a J. Ortiz de vez en cuando (hace años que casi no veo TV) hace un par de años y me parecía por lo general un tipo bastante decente. Ahora que oigo que lo critican tanto, la verdad asumí que en parte se había vuelto un poco militante y el resto era eco del Presidente y sus imitaciones.

    Pero valoro tu opinión, así que quería preguntarte, grosso modo, cuál es el lío con Ortiz… o sea, qué tan “tramposo” en en sus argumentaciones y tal… así, en general.

    Saludos.

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