La imaginación y su necesidad

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La imaginación como herramienta, como instrumento. La ficción convertida en la certeza de un camino que nos pueda unir. No es un asunto new age o metafísico, no es un asunto que nos remita a pensar que el autor debe pensar en el lector. No es un asunto que se contrapone gratuitamente al arte por el arte. Es un asunto de aceptar el verdadero mecanismo de la imaginación, de la ficción y de la narrativa. Somos en esencia una raza que imagina y hoy hemos tratado de labrar un camino que nos impide ver las cosas con esa discreta medida. Todo es real, y lo real interesa. No hay creatividad posible en medio de un golpe de realidad extrema.

Leo un artículo de opinión de Ana María Correa, titulado “Ética y narrativa contemporáneas“, y respiro con calma porque reconozco que hay más personas que ven en la imaginación y en la narrativa una forma de ética, una expresión en un espacio real y contundente, que no tiene que ver con la responsabilidad social u otro criterio añejo y fuera de foco. Escribe ella: “La crítica posmoderna acerca de las metanarrativas y las grandes interpretaciones históricas, sin embargo, no descarta de plano la posibilidad de que, a nivel individual y colectivo, los seres humanos recuperemos nuestras identidades personales y culturales. Así, la narrativa de la imaginación y de la creación aún tiene un rol que desempeñar en la cultura posmoderna (…) Para la filosofía contemporánea crítica del estructuralismo y positivismo, la narrativa y la imaginación tienen un poder clave, pues proveen de sentido a la realidad, es decir, que se hacen presente aquello que está ausente. Desde el punto de vista histórico, esto implica la capacidad de liberarnos de la amnesia de lo presente, al proyectar futuros y recuperar pasados. Así, la proyección cumple una función emancipadora, y la capacidad de recuperar memorias desempeña una función testimonial (…) La narrativa abre nuestros horizontes y nos permite establecer empatías con nuevas realidades. La narrativa nos impulsa fuera de nosotros, vía empatía, analogía, etc., y amplía nuestro círculo hasta conocer al otro“.

Un acto sencillo. Leemos siempre de la misma manera, nos enfrentamos a la imaginación con las mismas herramientas del pasado. Entonces, ¿por qué dejamos de hacerlo? Nunca es tarde, por eso creo que la ficción es tan útil, pero no utilitaria, no busca cambiar nada, sino darnos la comprensión de nuestra naturaleza, humana, equidistante y quizás gregaria. El arte siempre va a buscar algo como cualquier expresión y en este caso, tal como Ana María lo propone, es hora de recuperar esa imaginación y de reconocer, lejos de posturas ideológicas, que la ficción, la narrativa son elementos útiles para despertar ese monstruo creador que tenemos dentro y que ignoramos.

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Lean el artículo, por favor (clic acá)

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3 comentarios en “La imaginación y su necesidad

  1. Permiso. Buscando información me encontré con su blog y un post en el que golpeaba fuertemente a Jorge Ortiz.
    Permítame que antes de comentar este post, señale algunas puntualizaciones sobre el “omoto” Ortiz:
    Puede ser que Don Jorgito, incurra en mil y un excesos en su intento por parecer periodista. Puede ser que Ortiz sea parcilizado, abusivo y pedante. Pero es el único comunicador de los medios convencionales que más o menos intenta, por los motivos que sea, mostrar y enfrentar la corrupción de este gobierno inmoral.

    Las críticas que usted lanza contra Ortiz, perfectamente son aplicables a la señorita Corral. Sin embargo, dudo mucho que usted se refiera a ella con las expresiones que usa para referirise al “omoto”.
    En diario Hoy, El Negocio…perdón El Comercio, o el Universo, y el Telégrafo, solo pueden escribir “los dueños de la verdad” aquellos como Ortiz, Febres Cordero Burbano, Palacio, Correa. Es decir, personajes de la misma camada, cortados con la misma tijera.
    Que deshonesto e hipócrita que quienes han acaparado las formas de expresión tradicionales hablen de “imaginación o liberación”; que desvergonzado, que algunos o algunas reinventen el agua tibia con bombos y platillos.
    Incluso en la divagación hay orden, pero en el editorial de Correa, que usted recomienda, solamente veo un intento memo por aparentar intelectualidad.
    Permiso y Gracias.

    1. Estimado Saulo, gracias por el comentario (no hay necesidad de pedir permiso, por cierto).

      Por un momento no entendía de qué me hablabas pues hacías referencia a una ‘señorita Corral’ (los comentarios me llegan a mi página de wordpress y yo lo que hago son leerlos, luego reviso a qué post hacen referencia), pero bueno, terminando de leer tu comentario, me queda claro.

      Sigo creyendo que la capacidad del error es una de las herramientas más necesarias que tenemos los seres humanos para relacionarnos con el exterior. A la vez que creo que la imaginación, la ficción y la escritura son los reales instrumentos de esa relación de un individuo con el exterior (que es lo que rescato del artículo que recomiendo: el primero que leo que hace referencia directa a esa posibilidad de la literatura -y que es un tema que me apasiona). El aspecto formal del artículo de Ana María Correa pues sí puede ser motivo de análisis y revisiones… así que bienvenidas las precisiones.

      Creo que la libertad de expresión es un concepto que hoy duele y creo que no deberían ser ni criterios de nadie (ni siquiera el mío: lo que yo hago es prácticamente justificar mis decisiones) ni órdenes de Estado las que determinen qué es bueno y quién es malo. Sostengo que cualquier decisión a nivel de preferencias podría ser entendida como tal dentro del rango de lo normal o aceptable. En el caso de opiniones mediáticas pues no hay nada que temer. Leo y escucho las que quiero y las que no, pues no.

      Golpeo a Jorge Ortiz, pero no podría celebrar bajo ningún motivo que él no esté en el aire o que se lo quiera sacar. Esa es la actitud de los verdaderos criminales, de los que quieren que la verdad sea una, de los que no desean que nadie viera a aquellos que no consideramos aptos. Y esa costumbre nos ha causado mucho dolor como humanidad. Yo no vacilaré en defender el derecho de Jorge Ortiz de decir lo que quiera decir, aunque yo no esté de acuerdo en lo que diga. Y eso para muchos puede ser un acto de desproporción, pero para mí es la medida real de las cosas.

      Toda decisión editorial es individual. Desde quién dice lo que dice (de la forma en que lo dice) hasta quien enciende la tele o abre el diario. Y eso no puede ni debería ser tratado a la ligera o desviado.

      Un abrazo y gracias por el comentario.

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