Barras bravas y gente en la calle

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“Some things take so long, bot how do I explain? / When not too many people  can see we’re all the same “
George Harrison

imagen tomada de eluniverso.com

El conflicto empieza a nivel de Constitución. Porque un artículo habla de un porcentaje de entrega de dinero para municipios y lo que nos queda es precisar las distancias. ¿Decir “no menos del 15%” qué significa? Para unos es lo mínimo a pagar, para otros es lo máximo a pagar. Y eso establece extremos irreconciliables, antípodas desesperantes. From me to you, de mi visión a la tuya y no hay intersección posible. Porque hay que ganar, ganar para existir. Existe el que triunfa y el que sufre la derrota tiene rostro: probablemente millones de personas que están inmersas en una discusión sin sentido.

Ayer Guayaquil salió a la 9 de Octubre, una vez más, para variar. La idea estuvo en precisar la distancia que hay entre ciertas políticas del gobierno central, frente a las de un gobierno local (en una primera instancia). Aunque hay más detrás de eso… inconformidad ante todo. ¿Dónde está la razón? Quizás en alguno de los lugares o tal vez en ninguno. La realidad está en las interpretaciones que se puedan obtener de los hechos y los hechos se disparan a cualquier posición, y toda relación es posible… aunque estoy seguro de que en su totalidad serían falsas.

¿Por qué marchó la gente en Guayaquil? Las respuestas pueden ser las más obvias y hasta ridículas, signadas por las diferencias insalvables que hay entre lo varias personas pueden pensar. Para mí puede existir una justificación razonable para esta movilización masiva, pero eso no vuelve justificable la marcha, en ninguna medida. Tengo, sin lugar a dudas, bien planteada mi postura ante el gobierno, que utiliza conceptos y perspectivas imprescindibles para sostener una falacia central: Atender a municipios pequeños quitándole la plata a otro (por un asunto de falsa equidad). No comprendo del todo la movilización, pero entiendo por qué sucede. Y entiendo que en momentos como los de ahora, sea necesario que haya gente hablando o diciendo en la calle lo que quiere decir. Nunca hay que perder eso, aunque se esté equivocado. El error no debe ser exigencia de silencio.

Entre las dictaduras locales y las dictaduras nacionales selecciono a ninguna de ellas. Pero sospecho que sus existencias simultáneas podrían jugar a un equilibrio; nefasto, pero equilibrio al final.

Lo que nos queda, sin duda, es ver cómo las piezas se van moviendo, ya sea porque empresarios malignos o gobiernos autoritarios busquen su propio beneficio; ya sea porque es mejor ver algunas cosas y no toda la posibilidad del cuadro. Hasta el día en que dejemos de sostener nuestras ideas como pedestales… estas marchas no serán más que manifestaciones de barras bravas para cualquiera de sus partes o de los contrarios. El otro como distinto y malo…

El cansancio ante tanta imprecisión abruma. Lo que nos queda es retozarnos entre tantas variables y movernos como verdugos de la palabra y las ideas. No hay nada más. Ayer una ciudad, parte de ella, una representación de ella, una mentira de ella, quiso decir algo… y aceptó que el alcalde sea su vocero. Ayer el resto de personas se sintieron partidarias de un presidente y aceptaron sus palabras como la única verdad posible. Proyectos políticos, uno de más de 15 años y otro que quiere tener más de 4 años en el poder. Las nuevas versiones de la democracia, nada más que eso. Y en esas nuevas versiones alguien debe ganar, alguien está en lo correcto, alguien sabe lo que es verdad y lo que es falso, alguien reconoce las certezas y el otro está equivocado…

Y si estaba en Guayaquil, de seguro hubiera ido a la marcha, pero por una razón muy clara: Mi viejo, que por trabajo debe viajar a diversos puntos del país y debe, en cada uno de esos lugares, escuchar cómo lo catalogan de pelucón y no querer que el país ‘mejore’ por el simple hecho de nacer una ciudad equis. Mi viejo, acusado de ser un miserable por el lugar de procedencia. Mi viejo, que trabajó desde muy joven y se sacó la mugre para que mis hermanos y yo tuviéramos lo que realmente él no tuvo (y lo consiguió muy bien). Mi viejo que conoció todos esos lugares de gente que se ha esforzado por vivir, como lo habla el presidente cada sábado (al referirse a Guayaquil). ¿Por qué mi viejo debe ser un desgraciado sólo porque un mandatario acuña una idea en el discurso de la inconsciencia nacional? Me pongo del lado de mi viejo, nada más. ¿Eso me hace mejor o peor? Ni peor, ni mejor… de eso no se trata.

La ignorancia es realmente la madre de todos los vicios y este país está sostenido en esto, no importa el bando (prensa corrupta o prensa gubernamental, igual de mediocre. Un presidente que se va a Cuba y declara que acá hay democracia plena y una Dirección de Aviación Civil que prohibe los sobrevuelos en Guayaquil para que no podamos ver tomas aéreas de la marcha. Un alcalde que intenta confluir todo en un único pedido, un gran chef creando una fanesca amorfa, sin perspectiva real). La única certeza es que alguien deberá ganar y eso a la larga nos hará perder a todos.

3 comentarios en “Barras bravas y gente en la calle

  1. Conclusión adecuada: si uno gana, perdemos todos… aunque en el fondo se podría estar condenando al país a la mediocridad, aquí mi explicación:

    La razón (original) de la marcha fue el supuesto perjuicio por un recorte en la asignación presupuestaria hacia la ciudad de Guayaquil. El ministerio de finanzas ha explicado detalladamente el método de cálculo (con la referencia a todas las leyes vigentes como fue exigido por la asamblea), el municipio no ha rebatido este cálculo argumentadamente, y lo que es peor, se niega a debatir (aunque no sería un debate, más bien un análisis técnico) con el ministerio para determinar quien tiene la razón.
    Debido a esto, se tuvo que recurrir a los motivos mas bajos y vulgares para convocar a los marchantes (Ej. Cuñas de radio: “Correa nos mintió y nos Jodió”, “No nos quites nuestra salud”,”Defiende lo tuyo…” etc…)
    Aquí una pequeña pausa para recordar una marcha en 1999, encabezada por el Fernando Aspiazu, en la cual miles de Guayaquileños se congregaron a defender “lo suyo” (en dicho caso, el Banco), y fueron recibidos por un alcalde que aseguró “jamás ahuevarse”. Todos sabemos en que terminó el banco del Progreso.
    Mi punto es que todos los ciudadanos debemos ser críticos y debemos distinguir entre forma y fondo, entre acción y reacción. En este caso particular, Guayaquil fue nuevamente movilizado en base a mentiras (acción), a lo cual el gobierno respondió con la minimización de la marcha y el bloqueo aéreo (reacción). Ambas acciones equivocadas, pero una es la causa de la otra… o no?

    Así como el gobierno se ha ganado merecidamente múltiples “puteadas” por decisiones erróneas, esta vez, la puteada se la merece el alcalde de Guayaquil, al menos hasta que demuestre de forma técnica los motivos de su reclamo.

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