Leer donde malditamente sea

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A veces el trabajo jode y no te da tiempo de nada. La medida de toda nuestra vida: vivir para trabajar. ¿Qué hacer en esos casos? Yo al menos camino por las calles con un libro abierto y un lapiz en uno de mis bolsillos, para marcar alguna frase cosa o palabra que me resulte majestuosa. Cuando llego a una esquina, me detengo y miro a la avenida antes de cruzar. Cuando me subo al bus, si no hay asiento, busco algún punto en la parte posterior para arrimarme y leer. De lo que se trata es de abrir ese espacio casi como cono del silencio.

¿Cómo leer en un mundo en el que no tenemos ya a Tomás Eloy Martínez? ¿Qué hacer con la prosa ya congelada y destinada a la intrascendencia? Insistir con un acto tan sencillo como la lectura… como si pudiéramos con él detener los radicales libres del paso del tiempo. Leo porque sé que busco una alternativa para el aquí y ahora, no porque juego a la trascendencia. El fin del autor es el fin de la obra y los finales pueden pesar.

¿Cómo leer cuando la información es un objeto sin forma, el blob, el organismo que se traga todo y vomita todo? Como una acto de sencillez y de humillación: nunca leeremos todo y lo que leemos no siempre será lo mejor. ¿Cómo leer cuando las decisiones de los contenidos se ejercen desde categorías que no respeten al otro? ¿Cómo leer cuando mi pasión no es la pasión de otros? ¿Cómo leer cuando no queda nada más? Pues hay que hacerlo porque nos permitimos una respuesta o un diálogo como paréntesis en medio de la locura.

Leer es como un pequeño acto de salvación que no nos libra de nada.

Leer como una revelación inmunda.

Leer como insistencia y aceptación… como alcóholico redimiéndose…

Leer los libros que te mueres por leer…

6 comentarios en “Leer donde malditamente sea

  1. Que bonito eso que dices Eduardo…Son temas que me angustian también, estaba releyendo la Pasión segun Trelew y pensando en Martinez..ojalá que se lo lea mas en las carreras de periodismo, en las escuelas…y ojala que a todos nos llenara mas la tolerancia y el respeto a los demas y no me sintiera como una tonta, por el entorno, diciendo esto.

  2. upa, recién lo reviso, claro coincido con la entrada… es gracioso leer lo que algunxs pocxs también hacemos y me gusta ver cuando otra persona en el bus, en el trole, la ecovia o el metro lee -varias veces me llevo sustos de ver los “libros” que llevan delante-. pues en las escuelas de comunicación social -no sólo de periodismo, xfavor véase la diferencia- debería leerse mucho más no sólo a martínez, capote, Kapuściński, Woolf, Harendt…

    personalmente leo también para comunicarme -un poco en el ensimismamiento cuasi silencioso, lo puedo lograr-, la lectura la llevas a tu ritmo y cuando no te das cuenta la lectura también te da sus ritmos y pausas. es como que el mundo y sus miles de vidas te cuentan tantas cosas… como un pana recién llegado te cuenta todas sus travesuras y conocimientos, es similar y maravilloso. miles de voces-olores-sabores compartiendo.

  3. Pues Enrique Jardiel Poncela tiene un libro (una recopilación de escritos cortos, más bien – algunos de ellos aparecen en el Libro del Convaleciente) llamado “Para leer en el Ascensor”…

    Un saludo.

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