La profundidad de la tontería

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La historia parte de un acto común: Parque la Carolina, un niño con su cajón para lustrar zapatos se me acerca y me pregunta si deseo el servicio. Acepto y coloco mis pies uno por uno sobre el cajón. Antes le he preguntado el precio: ‘Con 35 centavos’ me dice. Todo bien. Arranca. Un zapato primero y luego el otro. En medio me hace una pregunta: ‘¿Le puedo poner esto?’ y me señala un tarro con una masa negra que fue raspando y colocando en mis zapatos. Termina y le entrego el dinero. ‘Falta’ me dice. ‘¿Falta? pero si me dijiste que eran 35 centavos’. En ese punto yo estoy tranquilo y la indignación se evidencia cuando me dice que por la masa que me había puesto debía cobrarme 3 dólares. La historia sigue: intento controlarme para no golpearle el cajón y botarle las cosas. Me contengo porque sé que hay gente que tiene un salvoconducto para hacer esas cosas y lo aprovecha. ¿Qué hubiera pasado si alguien en el parque me veía haciendo eso? Yo iba a ser el desgraciado.

Luego de insultos y de reclamos decidí pagarle 50 centavos. No fue falta de dureza: 8 niños más y dos adultos lustrabotas se iban acarcando y supe que eso no iba a jugar a mi favor. Me fui lo más rápido que pude y la rabia me duró mucho.

Ayer hable de esto con un amigo. Esa persona me hizo dos preguntas: ¿Por qué crees que ese niño lo hizo? ¿Crees que habrá algo bueno en él? Dos simples preguntas que me dejaron en silencio casi todo el día. Pensé en lo obtuso que puede ser el pensamiento y en lo fácil que significa para cualquiera de nosotros establecer juicios de valor desde una especie de trono. Claro no se trata de justificar los delitos, pero se trata de actuar con sabiduría en esos casos. Hoy creo que hubiera hecho lo que hice en ese momento, aunque habría podido dejar la rabia de lado de inmediato. Hoy creo que la búsqueda de culpables, que el odio que tenemos a flor de piel no nos deja salir del atolladero. Me temo que eso es obra del presidente y ese tipo me da mucha pena: siento compasión por alguien que ha conseguido que las miserias se vuelvan las medidas de las cosas. ¿Por qué lo hace? ¿Habrá algo bueno en él?

Hoy escuché a Alberto Acosta (quien fuera parte fundamental del movimiento de Gobierno e incluso llegara a ser ministro y Presidente de la Asamblea Constituyente) señalar que el asunto del modelo del gobierno quizás sea conceptual y fácilmente corregible: No se trata de sobreimponer al Estado sobre el mercado libre y dejar de lado a la sociedad, cuando esas posturas han demostrado ser caducas. De lo que se trata es de generar una mirada real y un intercambio entre ambas vertientes. Me quedo con esa capacidad de entender ambos caminos como posibles y no divididos. Luego oí a un general de la policía, que trabajó en el cuerpo en la época de León Febres Cordero cuando se llevaron adelante las peores atrocidades en contra de la vida de algunas personas que pensaban distinto. Lo que habló me puso la piel de gallina: Lo que en esa época se hizo fue enfrentarse con gente que estaba violentando las leyes y normas establecidas. La misma razón que justifica en este momento otro tipo de atrocidad y violación de derechos.

No la cachamos ya. No podemos. Hemos caído en el juego de la culpa. De la víctima y de los victimarios… y esperamos que sea el Ejecutivo el que haga justicia. El concepto es sencillo y hasta grotesco. El concepto nos está llevando a un pozo del cual no vamos a querer salir: enemigos de la revolución o enemigos de la democracia. Ambas perspectivas se vuelven reales y falsas. No son caras definidas o establecidas de un hecho cierto, son visiones de la realidad que ignoran a los individuos y sus dinámicas. La fe y las creencias son actos del individuo. La propia biblia nos dice (en un acto justo de reconocimiento humano quizás el único que realmente me atrae de ese libro) que Jesús daba sus parábolas y terminaba con una frase fundamental: ‘Quien tenga oídos para oir que oiga’. Pues oír no es sólo escuchar y repetir criterios como si fuesen verdades y ni las verdades religiosas se pueden salvar de la visión del individuo (igual creo que las religiones deberían desaparecer porque le han hecho mucho daño a la humanidad). No podría asumir a mi verdad como la única posible, pero sí la puedo asumir como la única que me permite desenvolverme en el mundo (y tomar en cuenta eso en medio de una realidad política que se vuelve en una acto de fe es complicado). Cada ética es una verdad bien definida y la versión de una sociedad responsable consigo misma y con cada uno de sus miembros es aquella que entiende a la verdad de cada postura en constante diálogo con la del vecino, con la del otro. Y a pesar de las ‘desviaciones’ y ‘delitos’ de algunos, la verdad nunca será una sola… pero puede permitir una relación importante entre muchos. ¿Por qué un gobierno que se muestra razonable y consciente con la realidad de varios presos en el país (sobre todo por las condiciones nefastas en las que viven o por ser víctimas de la necesidad) evidencia tal intrasigencia contra los que considera los culpables de la debacle del país? Porque no se escucha o reconoce que en ciertos casos está bien no juzgar al otro sino entenderlo, y en otros no hay que molestarse.

Hay muchas maneras de mejorar al país y muchas más de cambiarlo. No siempre el cambio es bueno. Casi nunca. Lo que quizás debemos reconocer es que todo lo que se vuelve profundo hoy no es más que una manifestación de toda la tontería que hemos causado y permitido. Nada más. La única verdad posible es la de integrarnos en algo que nos permita mejorar las condiciones totales.

Lado y lado están envueltos en la dinámica de integrar más adeptos. Lado y lado listos para negarse mutuamente o verse con desprecio. No hay nada bueno dentro de esto. El niño quizás consideraba que estafar era la forma de hacer las cosas y conseguir dinero con facilidad, porque a lo mejor lo necesitaba. No podría justificar la razón por la que lo hizo, ni hoy ni nunca, pero podría hacer el ejercicio de entenderlo y ver si de alguna manera lo puedo hacer entender. Quizás hoy me levanté con la esperanza de que el mundo puede ser mejor. Quizás a veces eso es mejor que apretar el gatillo.

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Un comentario en “La profundidad de la tontería

  1. ¿La pobreza es obra del presidente? ¿La búsqueda de culpables es obra del presidente? ¿El hecho de que un pobre niño que tiene que trabajar “estafe” (da vergüenza el uso de ese verbo en este contexto) porque seguramente el que se hace lustrar las botas por un infante no está dispuesto a pagar ni un centavo más por considerar un “robo” el sobreprecio de los lustrabotas infantiles es obra del presidente? Me pregunto: ¿es posible mayor miopía e insensibilidad disfrazada de cursilería consciente? El niño no te estafó, tú, yo y todos los de nuestra condición lo estafamos a él y a todos sus amenazadores y temibles amiguitos al vivir la vida olvidando que hay niños y adultos que trabajan, que pasan hambre y que no tienen ni dónde dormir. El hecho de que hayas tenido ganas de patearle el cajón a un niño que nunca tuvo ni tendrá la posibilidad de tener un blog como el tuyo ni de hacerse lustrar los zapatos por nadie porque te quiso cobrar una suma que no es ni la mitad del precio de una de tus comidas diarias y que para él seguramente hubiera sido un banquete es tan vergonzoso que hasta ahora no puedo comprender cómo es que lo publicaste para que todo el mundo lo lea. El presidente podrá tener culpa de muchas cosas, pero de que el sentido común ecuatoriano esté plagado de un pensamiento como el que expresas en este post, de eso no tiene la culpa. Y si hay algo que nos tiene mal, realmente mal, no es la dichosa “intolerancia” que no te permitió “entender” al niño en el momento (aunque nunca, jamás, lo “justifiques”, como si tuvieras derecho ahora o dentro de mil años de justificar o no justificar a alguien que con muchos menos años que tú ha vivido el doble o el triple, y que entiende de dificultades más de lo que tú o yo jamás podremos entender); lo que nos tiene mal es que la gente sigue soportando su conciencia a pesar de ser parte del problema, y no sólo eso, sino que defienden su tontería bienpensante como si se tratara de su propia piel. Es una lástima. Saludos.

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