Los alemanes no saben pronunciar ‘bastards’

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de rockinandblogin.com

Tarantino ha tenido dos deslices graciosos en su antepenúltima y penúltima películas. Con “Kill Bill Vol 2” y “Death Proof” parecía abrirse un espacio insoldable en la obra del que aburridamente se consideró el “enfant terrible” de la cinematografía gringa. Tras el ritmo tedioso y la aparente profundidad del segundo volumen de Kill Bill (con el único valor de reponer al fallecido David Carradine como el duro absoluto) nos llegó un filme de pura diversión que sin duda tiene una de las mejores escenas de colisión que jamás se filmó. Pero pare de contar, Tarantino era como una versión barata de su propio cine. Hacía lo esperado y eso desesperaba, pues no permitía ninguna otra mirada. Sin embargo, el ejercicio argumental que hay detrás de “Inglorious Basterds” es revelador y nos permite decir que esta vez el cineasta se preguntó (no con todo el acierto del mundo) cómo crear algo de valor, más allá del universo personal. La respuesta fue una distopía ambientada en la Francia ocupada por los nazis, en la que un grupo de soldados de Estados Unidos, Alemania e Inglaterra están encantados con la idea de matar soldados y oficiales de la SS, cortarles el cuero cabelludo como trofeo de guerra, y combatirlos a como dé lugar.

Pero no hay que decirlo en voz alta, tampoco. La película, si bien toma su nombre del nombre que este grupo recibe, no es del todo un filme sobre esos ‘valientes’ que se enfrentan a los criminales atroces. Hay algo más y precisamente en ese ‘algo más’, a nivel argumental, es la fuerza de una historia que se expande, que toma elementos del pasado con conocimiento actual y les da otra posibilidad de desarrollarse. Es un trabajo de Tarantino (sin duda la existencia de un personaje que sea crítico de cine y teniente británico al mismo tiempo, experto en la filmografía alemana de los 20, o que todo se resuelva en el estreno de una película de propaganda -que en realidad no puede ser más ridícula- llamada “El orgullo de la nación”, nos remiten a la mirada del cineasta, en la que las referencias y reflexiones pseudo pop no dejan de estar presentes), quien se esfuerza por integrar algo a su perspectiva personal. Esta vez lo hace bien. Tarantino puede hacerlo cuando realmente quiere. Es muy probable que desde “Reservoir dogs” no haya conseguido tanta contundencia en la pantalla (“Pulp Fiction” no es menor, pero carece de la fuerza de su primera película) y que quizás en mucho tiempo no haya creado secuencias tan impresionantes, como la inicial, cuando el coronel Hans Landa, el cazador de judíos, está buscando a la familia Dreyfuss, o cuando parte de los bastardos se encuentra con una agente inglesa que no es más que una actriz famosa alemana, Bridget von Hammersmark (esa hermosa e interesante mujer que es Diane Kruger), en un pequeño bar. Tarantino sabe hacer películas, sin duda. Pero lo más importante: sabe crear personajes.

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de livingindonosti.com

Christopher Waltz interpreta al coronel Landa y es tan memorable como varios de los antagonistas que el director ha venido estableciendo en su filmografía. Lo valioso de ese tipo despreciable está en que apuesta al ganador y respeta las decisiones, como si se tratara de un código que es más fuerte que él. Y eso no lo libra de su carácter negativo, ni de su función en las ligas alemanas nazis. Probablemente sin él la película no tuviese el impacto que tiene. Mélanie Laurent es Shoshana Dreyfuss, quien luego de ver cómo acababan a su familia (judíos en Francia) escapa y con otro nombre ve cómo el destino le deja en bandeja de plata las posibilidades de la venganza (quizás es el tema central de la película, lo ridículo que puede ser todo cuando las circunstancias se prestan a relaciones que simplemente no se pueden creer). Eli Roth es el sargento Donny Donowitz, de los bastardos, y quizás es el llamado a cumplir uno de los actos reivindicadores más impactantes para los judíos del mundo… nada mal para un personaje que se lo conoce como “El oso judío”. Es a la vez un director impresionante (Cabin Fever y Hostel están en su currículum y además es el responsable de la película dentro de la película: “El orgullo de la nación”). Brad Pitt (y va el spoiler) como el teniente Aldo Raine, es impresionante con su rostro de eterno compungido y acento sureño… pero si sale más de 10 minutos seguidos en alguna secuencia ya es demasiado. El líder de los bastardos debe mantenerse firme en el plan, sin duda.

La división en capítulos, cada uno con una motivación propia que se van unificando al final, nos habla de que esta vez lo que importa es la historia, lo que se cuenta y la ridiculez de la violencia (la premisa que recuerda a la muerte de Travolta en ‘Pulp fiction”, cagando, con los pantalones abajo mientras Bruce Willis le dispara) detrás de esas circunstancias. Si bien existen las intromisiones pop (caracteres o paréntesis narrativos con la inclusión de los nombres de ciertos personajes en la pantalla, aparentemente importantes, pero que en la historia aparecen sin causar estragos, más que cierta tensión), son identificables y a veces sorprenden. En otras, estorban. Lo bueno es que son muy pocas las veces en que esa perspectiva aparece. Es como si Tarantino se negase a dejar de ser él, cuando en la película cumple un gran trabajo y quizás ofrece la mejor fotografía en toda su carrera. Probablemente el miedo o la duda ganaron en momentos, pero Tarantino sale victorioso y mientras el rostro de Shoshana aparece en pantalla gigante y avisa los alcances de su plan maestro, el final se vuelve en un ataque del mismo director. ¿La ficción lo puede todo? Desde luego. Por eso, si la Segunda Guerra hubiera terminado de esta forma, mucha de las estupideces habrían tenido otras características y quizás viviríamos ahora con una conciencia del final mucho menos distante. ¿Qué se yo? Es sólo un buen filme y la sensación que queda es la de un tipo que salió del pozo de sus últimos trabajos y ofrece algo que discretamente quiere negarse para salir mejor. Nada más.

Anuncios

Un comentario en “Los alemanes no saben pronunciar ‘bastards’

  1. Me parece interesante que te paresca que la mejor pelicula de Tarantino sea Reservoir Dogs. Es cierto que si es una pelicula con una tematica mas seria y profunda que la de Pulp Fiction, pero la produccion de Pulp Fiction es impecable, la direccion y dialogo la de un maestro, y Reservoir Dogs, aunque me encanta porque talvez es la pelicula mas pelotuda que tiene, siempre me parecio una pelicula primeriza (que lo es).

    Estoy de acuerdo contigo sobre Inglourious Basterds, es en definitiva un regreso al Tarantino que estamos acostumbrados, porque yo ya estaba dudando de ese pana despues de kill bill 2 y Deathproof (Deathproof sobre todo fue una gran decepcion, una parodia de parodia)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s