Retórica barata y zapatos de goma (I)

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Me parece tenerlo realmente claro: las cosas que están funcionando en Ecuador (algunas, desde luego) no lo hacen POR obra y gracia de la revolución ciudadana, sino A PESAR de la revolución ciudadana. Cientos de personas capaces se encuentran trabajando en diversas instancias del aparato estatal, que creen en la posibilidad de un cambio y que no responden a la dinámica de viejas perspectivas burócratas (no salen a las 16:30 de su trabajo. Son las 22:00 y siguen en sus oficinas, por ejemplo). ¿Es eso un mérito de la forma de hacer Gobierno? No necesariamente. Es decir, sí lo es en medida que se le está dando la oportunidad a gente que no está del todo contaminada. Pero no lo es si tomamos la perspectiva adecuada: No es el Estado o el Gobierno (o esa mezcla inefable de nuestra historia como país), sino el esfuerzo de personas que quieren mejorías, más allá de las dinámicas políticas. No todo puesto estatal tiene que ser plataforma de enriquecimiento o de planes políticos.

Si al menos todos los funcionarios del gobierno pudieran verlo así…

Otro de esos puntos importantes está en el precio del petróleo. Hay ingresos por ese rubro que ningún otro gobierno ha tenido y eso se ha traducido en lo que ha hecho de la revolución ciudadana algo popular: obras. Pero hay que reconocer que toda obra social o pública tiene sus consecuencias (y no por eso suponer que es mejor no hacerlas. ¡Es necesario hacerlas! Sin embargo, debemos reconocer el precio que se paga). El país tuvo un genial 2008, pero el 2009 no ha dejado de estar exento de problemas, políticos y económicos. La democracia latinoamericana, en particular la del Ecuador, siempre se ha movido de manera endeble y ha basado en medidas populares su sostenimiento. La revolución ciudadana ha tomado muchas de estas medidas, con conciencia de causa y con dinero de por medio. Pero, ¿el dinero se puede acabar? Hace algunos días, la Asamblea regresó el presupuesto enviado por el Ejecutivo para su revisión. ¿La razón? La falta de claridad y la ficción de algunos de sus apartados.

Todo esto ha funcionado hasta ahora, y de cierta manera, PESE a los intentos de la misma revolución de luchar por una perspectiva que busca, como objetivo central, la extinción de una forma de ver las cosas. Uno no debe ser tan ciego para entender que mucho del daño que le ha hecho la famosa “larga noche neoliberal” al país es real y eso de cierta forma justifica las actuaciones del gobierno (nota al paso: ¿Recuerdan lo que sucedió en la Plaza de Toros en Quito hace unos días, cuando un asistente sostuvo una pancarta que hacía alusión al presidente y lo declaraba ‘Persona no grata’? Bueno, tremendo jaleo se armó y muchos han revalidado ese acto, pero hay que reconocer mucho de lo que es real en esas circunstancias: En la Plaza de Toros hubo empresarios que con la excusa de Fiestas de Quito y de las corridas ni siquiera se molestaron en firmar los cheques de sus empleados en esos días). Hay que saber reconocer de dónde vienen los palos, porque algunos están descalificados. Sin embargo, la libertad de opinión o de exigencia de la verdad, no puede condicionarse a combatir algo que nos ha hecho daño. Es como ir donde un médico por un daño en una de nuestras extremidades y su primera opción sea amputar, sin importar nada.

La realidad de la revolución ciudadana y de sus detractores es un asunto de matices. Y nos toca, como reales ciudadanos, luchar por tener la oportunidad de reflexionar sobre estos matices y exponer públicamente nuestras perspectivas. Y si se trata de matices, pues puedo mostrar algunos recientes, que sí son interesantes dentro de la dinámica revolucionaria. 1) La publicidad del gobierno: Anuncian que han gastado más en salud y educación que en los últimos gobiernos y no nos dan todos los datos, sino que nos muestran los millones entregados, sin permitirnos comparaciones más próximas, como por ejemplo ¿a cuánto ascendía el presupuesto general del Estado en otros años y en este gobierno? ¿Porcentualmente, cuánto representa del presupuesto este gasto? Lo más seguro es que sí sea el que más ha invertido en salud y educación (sobre todo por el precio del petróleo que tuvo), sin embargo no pueden jugar de esa manera con el ecuatoriano y suponer que somos tontos para no comprender algunas dinámicas. 2) Ese paternalismo aberrante: El sábado pasado, en su primer enlace luego de tanto viaje, el presidente aseguró que la “Ley de Comunicación” es necesaria para proteger al pueblo de ese poder inmisericorde como el de los medios. Me da mucha pena que un presidente y otros tantos del país asuman que ellos son los llamados a proteger las creencias, visiones de realidad u opiniones de la gente. Es simplemente terrible. Hay otras formas, miles, y muchas pasan por la educación en consumo de medios. Pero sospecho que para algunos es mejor mantener todavía la ignorancia. 3) El discurso barato: El sábado, el presidente acusa a los medios de establecer opiniones o precisiones sobre la caída del helicóptero indio que compró el gobierno, en una demostración, a vista y paciencia de cámaras y de mucha gente, cuando ni siquiera está terminada la investigación. El presidente afirma que eso es parte de ese juego de desestabilización del poder mediático. Pero el presidente olvida que semanas atrás, cuando en pleno paro amazónico hubo un maestro muerto, el gobierno se apresuró a sacar cadenas en las que explicaba que la policía sólo llevó toletes y que si hubo un muerto por perdigones, éstos debieron ser disparados por los indígenas. Claro, la investigación todavía estaba en curso, pero ahí ni importó. 4) La salvación de los réprobos: El sábado, el presidente habló maravillas de Paco Moncayo (ex alcalde de Quito y actual asambleísta) y de Andrés Vallejo (ex vicealcalde), y justificó su actuación en el contrato para la construcción del nuevo aeropuerto en Quito aduciendo que ellos actuaron de buena fe y debieron ser engañados. ¡Por Dios! Se me hace muy difícil creer que los intereses del pasado hayan desaparecido ahora.

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Sólo pongo 4 y no más. Porque creo necesario que nos pongamos a pensar en muchos de esos matices que se vuelcan y se transforman en pan de cada día. La perspectiva del gobierno, de entrada, fue la de acabar con la oposición (con una razón justificada: la imposibilidad de hacer algo en el país porque los partidos opuestos lo impedían) y de entrada lo hicieron. Hoy sólo queda la figura de algunos medios que han caído en eso y la certeza de que huyendo de algunas de las formas de hacer política de antes se puede conseguir algo. Pero se sufre, y mucho. Antes, las fiscalizaciones y juicios políticos no dejaban que el país avanzara. Hoy ni siquiera se revisa nada, la Asamblea no se permite perder el tiempo fiscalizando. La oposición no tiene ningún valor, lo sabemos, pero lastimosamente se denosta todo lo que critica al régimen, como si fuese una obligación vital. Extinguir, evitar, obviar y acabar al que piensa distinto, no solamente tiene que ver con matarlo y hacer desaparecer sus restos. Tiene que ver con mucho más y un país realmente libre y democrático se enriquece cuando las voces que disienten pueden decir por qué lo hacen y nos permiten establecer a nosotros, el pueblo, qué es lo que está bien y qué está mal.

Porque hay mucho de lado y lado. Porque no hay que creerle todo al gobierno y no hay que creerles todo a los que se manifiestan como los únicos con capacidad de hacerlo. Hay que saber leer y descubrir las reales precisiones en eso que dicen. Y por eso lo que se debe proteger no es la mente… así perdemos, todos.

2 comentarios en “Retórica barata y zapatos de goma (I)

  1. de acuerdo, Edú, y hay más, en referencia al proyecto de ley de comunicación, desde el gobierno se machaca con que es necesario un control, se dan ejemplos, se usa una retórica violenta incluso, pero, como prueba de esa visión maniqueísta de buenos y malos que parece reproducirse desde las cúpulas, no se dice nada de la actitud de los medios denominados gubernamentales. En ellos, sus periodistas opinan mientras dan una información, no sólo opinan, juzgan, fustigan, sin que sea ese el papel ni el segmento para hacerlo. ¿Y eso? ¿ahí no ocurre nada? no podemos caer en la lucha entre bandos, pues se pierde la crítica, el proyecto de ley de comunicación tiene muchísimos errores, y hay que tratar de componerlos pero no saliendo a los medios a acusar, a señalar con el dedo, a chillar. Desde el otro lado parece que también creen que la gente es tonta, y pretenden, a río revuelto, sorprendernos. Es el momento de una participación crítica de la sociedad, más que de elegir bandos tan superficialmente. Saludos.

  2. Lo de Moncayo es porque necesitan su voto en la Asamblea para pasar las leyes. es un acuerdo ganar-ganar: yo no te jodo con el atraco del aeropuerto y tu votas x mis leyes.
    Todos felices. Y en el caso de Moncayo y Vallejo, ricos también y bien salvados de tremendo atraco.
    CAV

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