Canciones imprescindibles: “No surprises”, Radiohead

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Puedo pasar años sin regresar a este tema y cada vez que lo hago pienso: “No quisiera estar en los zapatos del ser que canta esta canción”. En ocasiones me he dado cuenta de que estoy a punto de eso, y he saltado al vacío. Ahí, donde está el peligro, el arte de vivir con deseo y absolutamente envuelto en la sorpresa. Thom Yorke y compañía crean un tema que desde la belleza y desesperanza nos habla los peligros de una vida sin dol y sin mar, sin peligros…

“No surprises” es el track 10 de “Ok Computer”, el álbum de la banda inglesa, de 1997. Alienación pura, quizás el eje medular del disco (que si debe nombrarse a uno como el centro conceptual de la década, debería ser este) y que en esta canción encuentra el relato perpetuo del exterior, el ser confortablemente aturdido, que lo sabe muy en el fondo, pero que no lo puede decir.

No surprises (Yorke/J Greenwood/ O’Brien/ C Greenwood/ Selway)

A heart that’s full up like a landfill
A job that slowly kills you
Bruises that won’t heal

You look so tired and unhappy
Bring down the government
They don’t, they don’t speak for us
I’ll take a quiet life
A handshake of carbon monoxide

No alarms and no surprises
No alarms and no surprises
No alarms and no surprises
Silent, silent

This is my final fit, my final bellyache with

No alarms and no surprises
No alarms and no surprises
No alarms and no surprises please

Such a pretty house, such a pretty garden

No alarms and no surprises (let me out of here)
No alarms and no surprises (let me out of here)
No alarms and no surprises please (let me out of here)

Un corazón lleno como una montaña
un trabajo que te mata de a poco
heridas que no sanarán

Te ves tan cansado y feliz (podría ser: cansado/infeliz)
derroca al gobierno
ellos no hablan por nosotros

Tomaré una vida tranquila,
un apretón de manos, algo de monóxido de carbono

Sin alarmas y sin sorpresas
sin alarmas y sin sorpresas
Silencio, silencio

Esta es la última vez que encajo
mi dolor de barriga final

Sin alarmas y sin sorpresas
sin alarmas y sin sorpresas
Por favor…

¡Qué hermosa casa! ¡Qué hermoso jardín!

Sin alarmas y sin sorpresas (¡sácame de aquí!)
sin alarmas y sin sorpresas (sácame de aquí!)

Por favor…

Grabada en una sola toma (en realidad intentaron grabarla varias veces más, pero luego se dieron cuenta del poder de la interpretación inicial y se quedaron con esa), la ejecución es simplemente fabulosa y precisa. Todo está contenido. No hay ningún momento en que la canción explote, salvo por ese estribillo final en el que esa voz que viene desde el fondo, en un grito desesperanzado pide, como ahogado en alta mar, que lo saquen de ahí. La parte central del tema, ese pequeño desarrollo instrumental de seis compases, es una prueba fundamental de cómo un grupo que tiene a Jonny Greenwood en sus integrantes puede lograr una sensibilidad única con sonidos que no necesariamente son comunes, ni raros: el xilófono se vuelve en pieza fundamental de la canción, aportando una dulzura que no es más que el Prozac en el organismo, para ayudarnos a vivir. La idea es redonda y eso es lo que mata de la versión original.

Thom Yorke se encarga de las voces principales y de la guitarra acústica. Jonny toca con precisión cirujana el xilófono, mientras Ed O’Brien en la guitarra repite los mismos arreglos del menor de los Greenwood. Colin toca el bajo y Phil toma las riendas de la batería. En algunos pasajes percibimos la presencia de un teclado, tocado por Jonny, sin dudas. Pero más allá de esto, lo que queda claro es que en ejecución, los músicos de Oxford, consiguen establecer un discurso con cada golpe de cada nota, con cada sonido que intentan. Hay un cansancio que no solamente puede verse referido por la letra. La misma angustia del individuo que canta, y esas voces que como coro griego destruyen toda opción de respuesta de ese narrador, se refleja en una interpretación que reconoce en la música el mérito más importante de una canción. Por lo general escuchamos con más atención las letras porque creemos que es el lenguaje más cercano a nosotros. En el sonido de los instrumentos, en las notas combinadas existe una mayor comprensión de lo que la música (algo que muchos han hecho antes: En “I’m so tired”, de Los Beatles, es impresionante reconocer que en las estrofas lo que existe son músicos tocando cada nota fuerte con una calma -cansancio- que a muchos puede desesperar).

La idea es muy clara y no hay que darle más vueltas. La alienación y la impavidez pueden ir de la mano y siempre, lo he dicho muchas veces, vendría bien escuchar “No surprises” para descubrir si el camino trazado no es el que nos está llevando a esa desesperanzada vida, sin alarmas y sin sorpresas, que al final nos puede hacer gritar que nada de esto tiene sentido, nada… Y de ahí volver a esea miseria.

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4 comentarios en “Canciones imprescindibles: “No surprises”, Radiohead

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