El problema de la novedad (texto de la presentación de Ondisplay2.0)

Uno puede quedarse con la novedad desde el primer momento. Y la novedad no necesariamente es un reflejo total de aquello que estamos experimentando. Incluso me atrevería a decir que no es ni siquiera un acto de justicia con la experiencia humana: es simplemente rascar en la superficie y asumir que ahí está lo válido, lo que sostiene el entramado. Verlo así es caer en un engaño. Es también quedarnos con la envoltura y suponer que el sabor de aquello que estamos a punto de probar tiene relación con lo que vemos en la envoltura. La novedad en la novela de María Fernanda Pasaguay, se supone, está en el uso de las redes sociales, de espacios virtuales para ver videos, foros on line, o de las entradas que podrían ser parte de algunos de los formatos existentes en la web, como por ejemplo un blog. Pero si eso es considerado lo valioso en “Ondisplay2.0” , créanme que la están leyendo mal o por quedarse con lo novedoso, el resto se suspende.

No es tan difícil ver más allá. Para nada.

Ni siquiera la hipertextualidad se puede convertir en un referente o motivo de realce, pues no es nada nuevo en la literatura. Siempre ha habido paréntesis, pies de página, uso indiscriminado de cualquier dato que puede servir para la narrativa. María Fernanda lo utiliza muy bien, sobre todo transcribiendo páginas del facebook, que se vuelven fundamentales en la estructura de la novela.

Insisto, no importa la tecnología, ni el facebook, ni el youtube, ni myspace. No importa nada de esto. Nos hacemos las mismas preguntas de siempre, queremos la misma alegría y felicidad, aspiramos al amor y tropezamos, sonreímos, caemos y nos volvemos a levantar. En ese marco, “Ondisplay2.0” es una obra que en lo virtual intenta establecer los detalles de una relación de casi 10 años entre Gustavo y Luciano, el Tavito y el Chano, que termina de una manera no sólo trágica, sino inevitable.

Toda relación es contacto, fricción y, por ende, desgaste. María Fernanda habla de este desgaste a través de lo que nos presenta el personaje que desata el torbellino, por medio de entradas a un blog, por ejemplo. Narra desde uno de los protagonistas de la historia que le habla a un testigo, al lector, creando cercanía, puntos en común y hasta un deseo de confidencia. Ésta es una novela sobre homosexualidad, sobre adolescentes, sobre los resultados de la integración entre regiones, sobre la vida privada, aparentemente trastocada por lo tecnológico, sobre el deseo de los padres por comprender a sus hijos, sobre familias que intentan funcionar, sobre la responsabilidad de jóvenes adultos, sobre la alteración sistemática de los sentidos.

No existe más que reflejo, un punto de vista y una probabilidad. La novela puede ser muchas cosas y hablar desde miles de perspectivas, dependiendo de la lectura desesperada de cada persona. Hay varios nombres, muchos, gente que va y viene, personajes que aparecen y desparecen, que soportan sobre sí la idea de la insignificancia, en medio de un texto que se sustenta en la virtualidad, como un soporte más.

Hay que celebrar el coraje de este libro. No sólo por la temática, sino por comprender que en un mundo que vive ahora a través de las máquinas, la desesperación por el contacto físico se puede volver violenta, patética, radical, amorosa y hasta escritura desenfrenada. Hay una tragedia, por supuesto, pero es imposible escapar de ella desde el inicio. A lo que estamos accediendo es, insisto, a un recuento de daños, a una ausencia y a una necesidad de vida más allá de la muerte. Incluso, la novela puede sostener dudas que darían avance a una idea fantasmal por ahí. El Ghost in the Machine. La máquina no sólo es la extensión de Gustavo, es probablemente su vida… Y con esto quiero decir que en realidad es vida, no una presunción de vida.

¿Por qué nos cuenta Gustavo su historia? Existe una explicación lógica en la obra, especialmente al final del libro, pero estamos accediendo al discurso de alguien que rápidamente puede caer en la contradicción o reprobación. Somos testigos y cómplices, como sucede en varios espacios de la web.

“Ondisplay2.0” es también una obra que habla de un futuro que está por llegar, tanto que no importa su desarrollo. Es como si el tiempo ya se hubiera detenido antes y el devenir se convirtiera en una constante. Sabemos que lo que Gustavo nos cuenta ya pasó, pero para nosotros, por más que la acción esté inscrita en el más claro pasado, es algo que está sucediendo en ese momento. Un absoluto que no sólo dependerá del ojo de quien lo mire, pues lo que leemos es el relato de uno de los protagonistas. Atestiguamos un tiempo roto, y, cuando el tiempo se rompe, de seguro que hay dolor de por medio.

Puedo elucubrar y afirmar que María Fernanda ha aprovechado su experiencia como profesora para establecer y retratar con precisión las necesidades de algunos jóvenes, lo que un joven adulto menor de treinta años podría contar sobre su adolescencia y crecimiento. En ese punto, el estilo se impone y crea un personaje difícil, que es capaz de hablar de sus bajezas en un discurso que sintetiza el cambio de edad y a la vez refleja el golpe de una adolescencia impasible que no quiere transar, porque no hay nada más. El Gustavo adulto que cuenta esto sabe que no hay nada más, por lo que se aferra a lo que pasó, creando un llamado de auxilio, con la esperanza de que el arte lo redima. Escribir es un arte, desde la premisa artesanal (es decir desde el trabajo manual), hasta por la calidad del resultado que se obtiene.

Algo se puede sacar del dolor, sin duda.

¿Por qué nos atrae la idea de la novedad de la novela? Porque su forma es consecuente con la época que vivimos y simultáneamente la niega. No nos damos cuenta de llano, pero la paradoja está ahí. Pensamos que es una novela que nos ingresa al campo de la literatura ya sea postautónoma, postmoderna o contemporánea, pero en realidad nos acerca a un campo que a veces se puede mirar ajeno: la novela que no pretende nada más que contar una historia (de la que cualquiera se puede apropiar y para eso les pido que lean con atención el final de la novela que es maravilloso). Esta es una historia que no tiene ninguna pretensión seria o superior… y eso la vuelve sublime. “Ondisplay2.0” nos da un marco referencial, nada más: lo que importa es la vida que existe detrás de los bytes, de los nicks, de los status, de los videos y de las fotografías.

En “Ondisplay2.0” existe algo más que una autonomía literaria, hay consecuencia y mucha, consecuencia con una época y su virtualidad encapsulada, consecuencia con lo más íntimo del ser humano, consecuencia con el acto literario de una novela, consecuencia con el dolor de algunos personajes, quienes buscan maneras para soportarlo.

Y si la novela no busca generar nada más que una historia que pueda contarse, leerse y tener su vida propia (por más que exista para algunos esa dependencia a los sistemas actuales de comunicación), también apuesta por revisar la persistencia de las mismas inquietudes humanas en esta época. Gustavo lo sintetiza muy bien: “Acuérdate de que tenía quince años y carta abierta para hacer lo que le diera la gana: los pelados a esa edad sólo piensan en tirar, en chumarse y pasarla bien”. En la novela sólo hay otro espacio para pensar en lo mismo… y ese otro espacio, si bien determina en algo los efectos de cada acción narrada, no establece a lo virtual como un campo de batalla. La tensión está en el interior de cada personaje, en cada uno de esos mundos.

Quizás uno podría insinuar que la misma novedad que hay detrás de “Ondisplay2.0” no sea estrictamente tal. La apreciación no es tan descabellada. No es la primera novela en utilizar la web como instrumental narrativo. Tampoco es el primer producto que se emplace a narrar de manera descarnada lo que es la experiencia de vida de los adolescentes (les invito a ver algún capítulo de la serie “Skins”, por ejemplo). Por lo que para mí eso es lo menos importante. Lo que ha conseguido María Fernanda es escribir una novela que está bien escrita, que ofrece detalles y que hace de la ficción una herramienta más para entender lo que sucede en la realidad. Eso sí es una novedad para mí. La mejor de todas.

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