Pavor

Uncategorized

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de theoz.cl

Es un asunto que sólo los maestros pueden manejar. La atmósfera se crea en una sala de cine y todo termina siendo una constante: gritos, saltos, desesperación. No siempre sucede así cuando estás viendo una película catalogada de horror, pues lo que en realidad sucede es que muchos cineastas intentan revalidar estructuras que no necesariamente son las mejores (ese reciclaje de escenas que a veces aturde) o destrozan las que son mejores. A veces hay que recular y ver el trabajo de los verdaderos maestros del género. Sam Raimi es sin duda uno de esos y “Drag me to hell” es la prueba.

Todo parte por una historia que se sostiene por sí sola. Sam y su hermano Ivan (eternos colaboradores, quienes incluso están detrás de esa gran trilogía como lo es “Evil Dead”) tenían en mente contar la tragedia de Christine Brown desde hace años, pero los compromisos del director con la saga Spiderman habían retrasado todo. Bueno, el espacio hubo en su momento y lo que antes era una premisa en papel se convirtió en un filme que repasa lo mejor de Raimi: terror que impresiona, humor que recuerda a los Tres Chiflados (que tiene el punto más elevado en la segunda parte de “Evil Dead”), y secuencias grotescas que parecen sacadas de dibujos de la Warner. Esa reunión matemática da por resultado una obra de autor que asusta y a la vez deja un buen sabor de boca. Si una paga una entrada para ver una película de horror y sale con los nervios crispados, siente que no lo han defraudado.

Christine Brown es una asistente de préstamos en un banco local, cuando recibe la visita de Sylvia Ganush, una gitana que va a pedir una tercera extensión de pago de hipoteca para evitar quedarse sin casa. No lo consigue. Christine decide que no, por su interés en quedarse con un puesto gerencial y congraciarse con su jefe. Ganush le lanza una maldición por la que ella será atormentada por el demonio Lamia durante tres días y al cuarto, simplemente, su alma será arrastrada al infierno, donde sufrirá tormentos hasta el final de los tiempos. Premisa sencilla. Christine debe luchar para evitar que eso suceda, es un asunto de supervivencia.

Entonces el terror llega. Raimi recurre a lo que conoce y maneja a la perfección. Los objetos adquieren vida, a tal punto que se convierten en criaturas que pueden “hablar” y manifestar su descontento. El demonio aterroriza y también juega, se complace al atormentar a su víctima de la manera que lo haría Bugs Bunny a Elmer Gruñón. Los fluidos se convierten en parte fundamental de un terror que roza lo asqueroso, en un juego de burlas y excesos. “Drag me to hell” asusta, sobre todo porque vuelve al horror en algo común, desagradable y posible.

Por eso, en esa última escena en la que Raimi nos dice que por algo es un gran director, descubrimos en el rostro desencajado de Justin Long la certeza de que los caminos para llegar a esa desesperanza son múltiples y el horror más impresionante es aquel que nos enfrenta a lo inevitable, a la consecuencia de nuestros actos, a lo inútil de la salvación.

Un comentario en “Pavor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s