El Alfa y el Omega

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Las miradas, cuando se vuelven regionales (incluso como reacción en contra de una dinámica ‘imperialista’ que desde luego nos ha hecho daño), no dejan de ser retazos de la misma enfermedad. Es como si la vacuna que nos quieren inyectar estuviera hecha con pedazos del mismo virus que ya conocemos. La inoculación se vuelve innecesaria porque hemos vivido mucho tiempo con esta idea de engaño y de criterio unitario que nos ha impedido el desarrollo. ¿Por qué ahora debe servir? Se trata de ser desconfiado ante el avance de la enfermedad y no aceptar de antemano cualquier ‘campaña de protección’.

Hoy, la inyección tiene sus características y se supone que antes no hemos vivido con algo como esto y eso nos convierte en seres privilegiados. Y se trata de atacar aquello que al parecer nos habla de esa antigua enfermedad. Pero, ¿es así?

Este viaje de una semana a Argentina me hizo reconocer las grandes diferencias que hay entre la relación medios y poder entre ambos países, y al mismo tiempo descubrir cómo el discurso se vuelve recurrente y nos pone a los otros, Ecuador en este caso, en el mismo saco de una dinámica que no tiene absolutamente nada que ver con lo que a nivel regional se busca. Sin embargo, como estamos en un proceso que debe atizar conciencias y poner a los corazones a arder, eso se hace identificando al enemigo con nombre y apellido. La pregunta que nadie se ha hecho es ¿hasta qué punto estamos hablando realmente de un enemigo?

En Argentina una ley de medios se ha convertido también en punto de discordia y en una determinación, supuesta, de control por parte del Estado. Cuando en realidad la idea central está en cambiar una ley de la dictadura por una gestada en un momento de democracia, lo que valdría la pena resaltar (algo de eso hay en las propuestas actuales en Ecuador, pero no asumiré nada de ella hasta no tener una propuesta total). En ese sentido, y aclaro con la experiencia debida, la relación entre varios medios y el Gobierno en Argentina es de clara y evidente pugna, lo cual no sería nada del otro mundo, porque al menos uno podría entender que se trata de procesos reformadores, en medio de una situación que tiene su propio sentido y movilidad. El problema está en que los medios argentinos, casi todos, han sido artífices de muchos de los momentos de crueldad que esa nación ha vivido. ¿No fueron los medios que anunciaban a viva voz que Argentina le estaba ganando a Inglaterra en Malvinas, afianzando esa relación con una dictadura asquerosa? Eso nos coloca en el dilema fundamental, puesto que ese engaño (no creación de realidad, engaño) fue fácilmente revelado y la vida se encargó de evidenciar esa descarada ofensa, que dio paso al fin de los milicos en el poder. Los medios en Argentina, hoy en día, parecen no haber cambiado su rol, sino el destinatario de esa idea de poder, al menos hoy en que los grandes fortunas se han apropiado de muchos, muchísimos, y siguen jugando a esa necesidad de crear un hecho social que probablemente no exista. Encendí el televisor la primera mañana que estuve ahí, vi sólo 5 minutos y entendí que si seguía con mi mirada sobre el monitor, iba a temer salir a recorrer una ciudad que parecía ser un campo de batalla, acorde con lo que el noticiario anunciaba. Nunca, nunca he sentido algo similar revisando los noticiarios ecuatorianos, ni siquiera los más tendenciosos (esos que muchos con marcado sentido democrático quisieran que los sacara del aire el Estado).

A lo que quiero llegar es que tratar de generar una defensa y ataque a nivel regional es caer en el absurdo más grande. Porque las dinámicas son distintas entre país y país. Porque los movimientos de los medios y sus intereses que se enmarcan, despuntan y se sueltan cada cierto tiempo, son muy obvios y no resisten un análisis que intente satanizar la situación. Porque si se trata de buscar culpables, en un país en el que los medios no han sido artífices de desgracias humanas y políticas, los vamos a encontrar de cualquier forma. Si se tratara de realmente solucionar algo, pues las explicaciones serían otras.

A lo que quiero llegar es que la defensa de los medios en Argentina, por parte de varios medios de acá, por el hecho de considerarlos bajo ataque del Estado argentino es algo inmoral y ridículo. El ataque por parte de partidarios del Gobierno a los medios, utilizando la muletilla de ‘informar con verdad y no engañar’, es igual de nefasto y pueril porque la dinámica de los medios ecuatorianos no se basa en el engaño, sino en la perspectiva y el punto de negar una perspectiva contraria a lo que creo y exigir que sea el Estado el que proteja a seres incapaces de darse cuenta de aquello (¿quiénes son? ¿No todos estamos preparados para descubrir la mentira tarde o temprano?) me parece un poco exagerado. La realidad es sencilla, sobre todo la ecuatoriana, de la que sabemos todo pero escogemos sólo unas cuantas precisiones,  y desde eso podría originarse una mejor aproximación al hecho y al menos un mejor análisis, que no esté ligado expresamente con poder político, con intromisiones y hasta deseo de destruir todo.

Esos grandes monopolios no existen acá como una maniobra que no nos deja ver la realidad o al menos atisbar algo de ella. Esa intromisión en la realidad no es actividad total de los medios, sino de aquellos que siempre se han manejado como lo peor (léase los de los Isaías, que nunca fueron motivo del reclamo del Presidente sobre la prensa corrupta, siendo medios de prófugos de la justicia, que habían robado a casi todo el país y que utilizaban las señales de sus canales para defenderse de la manera más desagradable… Claro, el arreglo o las incautaciones se venía en cualquier momento) y han buscado lo peor. Los medios tienen intereses, pero nuestra vida y desarrollo político han sido tan caóticos que el sólo hecho de revelarlos o mostrarlos (de la manera que han querido, desde la negación pasando por la permisividad. No olvidemos esa famosa carta que se hizo pública entre Fidel Egas, principal de medios de comunicación y de instituciones financieras y el entonces presidente Lucio Gutiérrez en la que quedaba claro esa relación con el poder) se vuelve algo inevitable. Hasta Teleamazonas, que fue el primer medio en presentar las manifestaciones callejeras contra Lucio, para luego callar durante días, no tuvo más remedio que mostrarlas. La realidad ecuatoriana es muy fuerte, se vuelve inevitable y tiene más poder que los intereses o los deseos comunicacionales de un grupo económico o un Gobierno.

Ese es el hecho en este país. Los medios han sido parte fundamental de las caídas de los presidentes, claro. Pero no por un deseo intrínseco de desestabilizar (pensar de esa forma es meternos en un pozo enl que mejor nos vendría dispararnos en la sien), sino porque nos han mostrado esos hechos inexactos de los gobiernos de turno. Este no es la excepción, y quizás hoy lo que existe es una animosidad mayor por parte de ciertos medios que han entrado en el juego de combate del Presidente, pero nada más. Porque alterar los hechos se vuelve en el peor pecado que un medio puede cometer y eso, a los que se rasgan las vestiduras por la actitud de los medios y confunden perspectiva con animosidad y con hechos, debería generar la misma mirada crítica con todo lo que comunicacionalmente se produce en el país.

Porque en defensa o detrimento de una revolución ciudadana se están haciendo tonterías, cosas terribles. Y en esa puesta en escena se buscan ganadores y perdedores, héroes y villanos… y así todos saldremos perdiendo.

¿Los medios son enemigos de la democracia? No, nunca. Nuestra realidad, si bien nos ha mostrado que algunos pueden tener prácticas terribles y antojadizas, no significa que sea el Estado o el poder político el que deba tener la última palabra en comunicación. Y eso lo digo después de ver una cadena nacional en la que el Gobierno, gastando dinero de los impuestos que pagamos, por ejemplo, se encarga de revelar el pasado judicial y desprestigiar de la persona que este momento asegura haber coimado a personeros del mismo Gobierno (lo que ya está en investigación por la fiscalía)… algo que me hace recordar a los comerciales que veía de niño cuando se satanizaba a los miembros de Alfaro Vive Carajo, como terroristas, con música de horror y tonos rojizos…

Cuando un Gobierno acusa a los medios de moverse por sus intereses protervos y hace lo mismo con los recursos que tiene a su haber… te puedes dar cuenta de que hay algo que no está bien en la reflexión. Y más aún cuando las razones se esgrimen basándonos en ejemplos de otros lados que no se aplican al nuestro.

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