El sabotaje de la amistad

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“Dime con quién andas y te diré quién eres”

      
gabo_vargas_llosa

imagen tomada de  nemvem-quenaotem.blogspot.com

Lo peor que le puede pasar a alguien que escribe es tener amigos. No importa desde qué credo o perspectiva se lo mire, siempre el amigo va a ser la piedra en el zapato, la condena a la hoguera, la aproximación más clara a lo nauseabundo que puede el contacto entre dos, que reduce todo a la falta de talento, matizada por una idea falsa de solidaridad. Porque sí, es terrible, la escritura exige una soledad vital y nos convida a no exponer nada a nadie, sino se cae en el riesgo de la levedad.

Para el escritor lo único que importa es el colega, el subalterno, el pupilo, el chico de los mandados, el estudiante, el lector fanático… Ese que puede ser como él, desde esa soberbia pura que nos da el conocimiento. Nada más. El resto es aserrín para el trabajo que se intenta. No hay que ir muy lejos: todos los males que se han eternizado en la literatura universal son producto de la amistad. Schiller y Goethe; Stevenson y Henry James; Flaubert y Maupassant; Pound y T.S. Eliot; Joyce y Beckett; Lorca, Dalí, Buñuel y Alberti (huyendo de la literatura un poco); Borges y Bioy Casares; Foster Wallace y Jonathan Franzen, García Márquez y Vargas Llosa (“no es bueno nunca hacerse de enemigos que no estén a la altura del conflicto”, dice Fito Páez); Aguilera Malta, Gallegos Lara, De la Cuadra, Pareja Diezcanseco y Gil Gilbert (insisto, las amistades no son de provecho); Bolaño y Mario Santiago; Bolaño y Fresán; Cortázar y Vargas Llosa; Cabrera Infante y Vargas Llosa; Shelley y Byron; Chesterton y Belloc; Mutis y García Márquez…

La amistad es el peor estorbo para una obra que intenta desde su propia dinámica entablar algo con el valor suficiente para saltar por sus propios fueros. Los amigos reprimen ese carácter mágico y romántico de la gran obra. Ninguna gran novela, por ejemplo, ha surgido de ese antojadizo manejo que puede dar una amistad a los caminos inescrutables de la ficción, ¿no? ¿No sirve de nada esa mirada del otro, que mira con cierto cariño y hasta actitud filial? No, porque la literatura debe ser altanera. Cualquier revelación o secuencia de hechos que tenga que ver con el apoyo de un amigo es un acto vil que no vale la pena considerar liberación literaria. El amigo es el excremento del libro.

Porque el amigo no ve calidad; para él no existe, salvo el placer de darle una alegría a un amigo. El amigo no tiene manera de ser parcial porque su mundo es una bola inservible de sentimientos. De esta forma la mirada crítica del otro cae en un pozo sin fondo. Las obras deben ser producto de un acto de crueldad. No hay amigo que pueda asumir en el error la posibilidad de la enmienda. No, para el amigo la relación entre dos no es más que un cúmulo de perfecciones. El amigo quiere que uno triunfe, sin importa cómo. El amigo es un ser inepto que ignora todas las implicaciones que existen para que una obra adquiera cierto nivel de perfección. El amigo no discute, silencia en pos de lo emocionalmente pertinente. No hay amigos y amigos, sino una sola clase de amistad, de esas que hacen de la relación, sobre todo en la signada por la literatura, una operación matemática precisa para llegar a un nivel de exposición que no necesariamente establezca una igualdad entre calidad y cantidad de lectores. Sí, la amistad es una tontería.

El amigo veo todo con ojos de una bondad absoluta, por eso no hay convicción en sus palabras o en sus actuaciones. El verdadero escritor debería dudar de los alcances de una amistad desinteresada, pues la literatura debe ser vista como el arte del interés. Nadie que decida escribir debería desentenderse de que las amistades únicamente conducen a escritos malos, ¿no? Porque el nexo afectivo es superior a cualquier otra sensación o pensamiento. Debería prohibirse esas afinidades, que tanto dolor causan en la mirada de quienes sospechan que la amistad es un lastre.

Por eso el español Vicente Luis Mora ha decidido aclarar sus cercanías afectivas en el blog que administra: “He estado pensando en este paso durante mucho tiempo. A partir de ahora explicitaré, en todas las reseñas aquí colgadas, mi relación personal no sólo con el autor del libro, sino también con la editorial. Mucho se habla –y mucho podríamos hablar, luego apuntaremos algo– del nepotismo literario, del acto de hablar de los libros de los amigos. Como creo que es una especie de “argumento censurador” que flota en el ambiente, no tengo ningún problema en exponer mis afectos y desafectos en público, por si hay quien cree que los necesita para valorar mi reseña, para juzgar mi “imparcialidad” (nadie es imparcial, yo no conocí a Henry James pero me cae fatal por el rostro altanero con el que posaba para retratos y fotos). También creo que puede verse comprometida la imparcialidad, o parecerlo, en el caso de las editoriales. ¿Tiende uno a poner mejor los libros de la propia editorial, para llevarse bien con el editor, o por agradecimiento? Bueno, creo que uno edita en ciertas editoriales porque está de acuerdo con el criterio del editor (al menos, es lo que yo hago), con lo cual lo ilógico sería escribir mal de sus ediciones; ello no me ha impedido hacer alguna reseña dura de novedades de Pre-Textos, por ejemplo, como el caso del último libro de Cristóbal Serra (dice mucho de un editor, por cierto, seguir editando a una persona que ha criticado mal uno de sus libros). En todo caso, por si las moscas, aclararé en el futuro mi relación o ausencia de relación con las editoriales de los libros reseñados” .

Porque la obra debe trascender por sí sola, encontrar su sendero y explotar por sus propios recursos. Si alguien interviene, se pierde la pureza. Y eso es lo único que se defiende, esa integridad intocable, que no se deja llevar por nada más que el mismo texto. No se lo puede ver de otra manera. La gente que escribe y que se lee lo hace por la buena voluntad de alguien, de un amigo, no porque lo merece. Y mientras esto se vuelve en dinámica, la real literatura sufre.

Los amigos entregan premios a los amigos, escriben reseñas a esos amigos, ayudan a publicar en algún lugar, o los convierten en contacto con otra gente… la misma mafia de todos los días. La amistad es un bodrio, quizás sea la única posibilidad de vida del mediocre. El gran escritor no necesita amigos, porque los amigos quieren ayudar cuando nadie se los pide y así destruir el mito. El escritor es el ser mitológico que más hay que defender, porque no debe volverse una caricatura. Los amigos, repito, no tienen conciencia de lo que el buen gusto es.

Y si se establece ese silencio necesario, sin repetir los errores del pasado, la buena literatura conseguirá emerger y destrozar, como a un terrible enemigo, a ese ser que se quiere convertir en algo cercano. La amistad entre los que escriben siempre será motivo de duda porque siempre se debe dudar, ¿o quizás todo esto sea porque hay gente que escribe y tiene amigos que no han tocado las fibras necesarias que otras amistades literarias sí?

Siempre es un asunto de ausencias. Siempre. Lo que queda es soportarlas y no buscar excusas para tapar aquello que nos vuelve seres humanos y que para muchos es sinónimo de debilidad.

10 comentarios en “El sabotaje de la amistad

  1. Claro que es un síntoma, no un sinónimo, pienso. Pero creo yo que hay que establecer nuestras flaquezas, nuestros flancos débiles para crear luego al hijo pródigo que todos esperamos que se devore a la muchedumbre.
    Ya nos hemos de ver Eduardo.
    Buen viaje y saludos.

  2. Mmm. Qué bueno. Entonces Ernesto Carrión, por ética, no debía haber sido escogido entre los candidatos del Festival de la Lira de este año en Cuenca, ya que uno de sus mejores amigos, el también escritor Cristóbal Zapata, forma parte de la directiva de ese Festival. Qué raro esto en Ecuador, no?

  3. la escritura es un acto creativo como la música. que me decís de lennon y mccartney? amigos y grandes compositores, intérpretes y músicos.

  4. A veces creo que debería poner “Sarcasmo alert” en los posts… quizás porque no lo domino del todo. En realidad creo y estoy convencido de que la amistad es una cosa y la literatura es otra, pero siempre se van a mezclar y no por eso una niega a la otra. La verdadera amistad es aquella que permite ver más allá de la obra y se compromete no sólo a ser crítico y firme, sino a corregir. Y de entrada no creo que la amistad destruye la obra… Creo, y me parece real esto, que pensar que todo surge por amistades o favoritismos, si bien se produce por ciertas experiencias que han quedado muy documentadas, es una tontería per se. La verdadera amistad no sólo es la que celebra los triunfos, sino la que contiene y defiende al ser en medio de sus fracasos..

    Saludos

    1. no pues si pones sarcasmo alert no hay chiste … eso solo lo puede hacer el personaje ese de big band theory que no tiene amigos y es ficticio . ;p

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