El amor después del amor

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la revolucion ciudadana blog

imagen tomada de jlrv77.blogspot.com

Los dilemas son varios, extensos e interminables, sobre todo porque es evidente que el manejo del movimiento que está en el poder político ha condicionado la crítica al rol de los que están en contra del cambio y la autocrítica se vuelve una dificultad que no esperaban (“Dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución, nada”, no puede ni siquiera aplicarse). Este país siempre ha sido algo peculiar. Hace algunos años me entrevistaron para un documental en el que me preguntaban sobre la democracia. Dije que lo que habíamos vivido era una mierda, pero que aún así celebro el sistema, porque me da la posibilidad de verbalizar esa idea, de decirlo que pienso sin miedo. Hoy siento lo mismo, pero percibo que existe un elemento pasional, racionalizado, que se convierte en el criterio determinante.

No creo que alguien tenga la razón; creo que todos estamos esperanzados en creer que nuestra razón es la adecuada, porque necesitamos sostenernos en algo durante tiempos de peligro.

Ese sistema que tanto he aborrecido y defendido, criticado y adorado, denostado y apreciado, ha quedado reducido al acto de la elección. Esta metonimia democrática no conduce a nada más que al reconocimiento de una parte del espectro, una mirada reducida que a su vez reduce los diversos mecanismos que hacen de la democracia una estructura de participación y libertades, o al menos su ilusión (hasta esas encuestas de popularidad presidencial son un desastre, si uno lo ve con cierta duda).

¿La democracia está en peligro en Ecuador? Siempre lo ha estado. Esta semana parecía que las cosas se salían de las manos. Grupos identificados con la izquierda enfrentándose a un gobierno de la misma tendencia. ¿Qué está pasando? ¿Distanciamiento? Claro, pero siempre hay elementos sobre los cuales reflexionar. Mejor desde adentro.

Fidel Narváez escribe en “Izquierda contra izquierda” un párrafo absolutamente cierto: “Lamentablemente, el gobierno, hasta cierto punto obnubilado con el apoyo mayoritario de la población, está pagando el precio de no arriesgarse por una mayor participación ciudadana, lo cual es aprovechado por sectores de los indígenas amazónicos, para en base a la presión de la fuerza intentar posicionar demandas extremas. El proyecto de “Ley del Agua” que de hecho sigue en fase de construcción, parecería haber sido el pretexto ideal (las diferencias en torno a la ley son realmente muy pocas) para poner todas las demandas posibles sobre la mesa”. La reunión de este lunes en Carondelet sirvió para descubrir ésto (¿se puede hacer de una provincia un territorio intocable para cualquier actividad sólo porque parte de su población lo exige? El Gobierno la tiene complicada). En la práctica hay un problema de modelo de desarrollo, pero ¿es tan grande esa dificultad?

Si bien Narváez analiza la situación bajo una óptica que puede ser criticada con cierta rigurosidad (por ejemplo afirma que “La Constitución, que fue el resultado de un inédita participación social en su elaboración y que fuera aprobada abrumadoramente por el grueso de la población ecuatoriana…”, cuando justamente por ese motivo el Gobierno sacó al presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, pues por darle tanto espacio a eso que es importante casi se pasan de la hora de entrega de la nueva constitución… lo que nos puede dar una lectura de lo que es la participación ciudadana en el régimen) y algunas de sus razones pueden ser rebatidas por infantiles (“Los compañeros indígenas deberían preguntarse, por ejemplo, si alguna vez con otro gobierno discutieron si quiera una ley para regular el uso del agua. ¿Por qué nunca antes se dio un levantamiento en este tema? ¿Cuánto, por ejemplo, se avanzó en sus demandas cuando fueron co-gobierno de Lucio Gutiérrez y en momentos en que el movimiento indígena tenía una fuerte bancada legislativa”, comenta Narváez, casi como una apología a la buena voluntad de Régimen, como si eso es suficiente para un pueblo y un país acostumbrados a malos gobernantes), la síntesis de lo que afirma está en refrendar la capacidad del diálogo en pos de algo que haga de este país un sitio que funcione.

El grave problema está en definirlo únicamente como un diálogo ideológico, entre la gente que sí ‘respeta’ la revolución. Lo terrible está en reconocer que el amor después del amor puede ser un incendio absoluto y que lo que en un tiempo fue bueno para cierto grupo, se puede convertir en la nada para el día siguiente.

Siempre me preguntan, ¿Y si no está Correa, quién va a estar? Y respondo: no lo sé, porque sé que esa no es la pregunta que debe hacerse. Este Régimen ha demostrado dos cosas importantes: 1) Las diferencias en el país son tan grandes y que alguien debía venir a echárnoslas en cara para reconocerlas con lo bueno y lo malo, y 2) Que se puede hacer una gran labor a nivel social sin necesidad de un cambio intenso e interno a nivel político (Correa no necesitó una nueva constitución para lo que ha hecho, ¿no?). Se puede reconocer mucho de eso y quizás el que le siga debería tomar esas cosas en cuenta, para no repetir los errores que hoy parecen pasar factura… desde adentro.

Por afuera uno puede ponerse apocalíptico, con justa razón. Este país, gracias a sus características, no es espacio para un proyecto como este, si no se toman todas las precauciones (que no van por el lado de minimizar y cercenar a la oposición, sino por realmente exigir una transformación del aparato estatal, que nos haga reconocer que sí puede ser un gran administrador), pues este modelo de progresista tiene lo que yo tengo de arqueólogo. La política de concentración de funciones o de poder va en contra de una dinámica democrática y responsable como es la descentralización, por ejemplo, que con sus contras ha servido de mucho en varias ciudades. Y en medio de una idiosincrasia estatal, este tipo de ‘recuperaciones históricas’ no dejan de ser peligrosas… Desde afuera uno puede ver las cosas con cierto matiz que talvez no sea el mejor, pero en definitiva ayudan a ver el todo. Pero desde adentro (he estado leyendo mucho de lo que escribe la gente que está a favor del Gobierno y estoy convencido de que la izquierda tiene un mejor sustento teórico porque es lo que más ha sabido hacer en el último siglo: reflexionar) se obtiene una perspectiva que ya se vuelve firme cuando el pedido es de diálogo, pero uno abierto y no condicionado únicamente al proyecto político.

Porque si esto se acaba, la herida podría ser más dolorosa.

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