Contra el intelectual

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Tenía una deuda de lectura desde hace años con El error del acierto (Paradiso, 2006), de Wilfrido H. Corral. No sólo un gran título para una colección de ensayos, sino un gran libro que parte de la premisa de revisar a los que revisan; de ejercer un análisis a aquellos que se dedican a analizar.

En qué creen los que afirman saber algo. Es romper el dogma, sin duda, del modelo de revisión de la cultura (literatura) de este lado del planeta.

Y en este punto recuerdo unas palabras de Gramsci: “toda la filosofía idealista se puede relacionar fácilmente con esta posición asumida por el complejo social de los intelectuales y se puede definir la expresión de esa utopía social según la cual los intelectuales se creen “independientes”, autónomos, investidos de caracteres propios, etc.” (La formación de los intelectuales).

Es en el marco de esa utopía que el intelectual, el estudioso de cualquier de las condiciones y actividades humanas (la literatura, ¿por qué no?), intenta establecer un revisión de lo que es bueno o malo. Porque hay cosas buenas y cosas malas, sin duda, pero en muchas ocasiones la aproximación hacia esos objetos es lo que hace de la labor del crítico un acto más pasional que otra cosa.

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de academia.org

El guayaquileño Wilfrido H. Corral, quien dirige el Departamento de Lenguas de la Sacramento State University, se ufana en algo que a la larga se vuelve en la mejor manera de relacionarnos con esos estudios, que parten de una perspectiva con sus propias dinámicas. En el proceso de revisarlas no sólo que establece el paradigma del ser culto y estudioso como una figura anacrónica, en ocasiones alejada de la temporalidad en la que vive, negando o quizás intentando precisar una mirada en la que el pasado fue mejor: diciendo lo que hoy no está bien, quizás porque eso actual no puede estar en la mesa de mis discusiones o referentes (o yendo más allá, los referentes están mal relacionados con el mundo). En Problemas y avatares de los ‘Estudios Culturales Hispanoamericanistas’ de hoy, Corral afirma, entre otras cosas: “La crítica y la teorización literarias han adquirido una jerigonza autosuficiente, y sin duda la mezcolanza de terminología prestada a varios otros campos contrinuye a la incongruencia general de ellas (…) Es imposible encontrar en esos estudios una conclusión negativa acerca de su materia, porque se aproximan a ella con equiparaciones como colonialismo = malo, prácticas indígenas = buenas. Estos no son estudios sino criterios prejuiciados que no dependen de los hechos, y los hechos no los van a cambiar (…) La realidad es que no admiten que la creencia que debemos exponernos a todas las ideas es muy diferente de la suposición que todas las ideas son igualmente válidas. Es así en un nuevo siglo en que se sigue creyendo que una razón de ser primordial de la interpretación es precisamente el contagio de ideas diferentes, de pensar y abrirse al pluralismo como antídoto a los clubes y mafias de ‘los que piensan como nosotros’ (…) Es más, están tratando de dar recetas (no teorías) y enseñar una parte conveniente (para ellos) de la cultura, no su contexto total. Estamos ante un amaestramiento que no deja de ser conservador, y tal vez no haya mucha diferencia entre los culturólogos y algunos pesimistas culturales como Steiner, Bloom y últimamente Susan Sontag, por lo menos respecto a la creación de una ‘cultura de la queja’, término de Robert Hughes. El problema del ‘estudio’ cultural actual no es sólo la falta de modestia e imposibilidad de bajar a la tierra sino, frecuentemente, el desconocimiento total de la verdadera trayectoria intelectual o los estudios de sus antecesores (ejemplos, Said y Gilman). Como dice Brenkman, en éste, su momento de ascendencia (sic), los estudios culturales exhiben una exhuberante ignorancia de sí mismos”.

Continúa con más aproximaciones con el acto de la crítica a la cultura y a sus manifestaciones: “Por otro lado, y como recuerda Orwell, todo crítico de la cultura siempre ha creído que vivía en una época de declive (…) La gran diferencia es que hoy se desdeña la visión de cultura como un proceso de humanización de las personas, como también se desdeña el sentido común o el respeto hacia la práctica de la escritura (…) Creo que pensar en paradigmas verdaderamente nuevos de la literatura, y ofrecer apertura a discusiones francas que pongan los puntos sobre las íes, serían un signo fehaciente de que el sentido común que puede surgir de la interpretación podrá seguir vivo en este siglo…”.

Image and video hosting by TinyPic imagen tomada de pedro-uhart.com

Al final, todo se centra en abrir un poco más la perspectiva, pero con el cuidado de no caer en el problema de que todo conocimiento o experiencia es un asunto de perspectiva. Eso es tonto: “El hecho es que adoptar actitudes y lenguaje no discriminatorios no significa tener gustos y estándares no discriminatorios. Simplemente hay que tener más cuidado, enfatizar la observación objetiva, a veces matar a los maestros, y manifestar las marcas de la calidad sin el relativismo con que uno se ha educado”.

No es más que un asunto de olvidar a la pequeña bestia hambrienta que todo intelectual lleva adentro, por esa fastuosa idea de la creencia personal. Y eso no es más que un ‘contra’ que busca algo realmente nuevo… ese enfrentamiento constante entre David Banner y The Hulk, así de simple.

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