El soneto de un autor que se bifurca

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Esto es sobre el Borges apócrifo. Un texto que escribí hace poco y que sale publicado en la edición de septiembre de la revista Mundo Diners. Si no pueden acceder al texto, esta es una oportunidad. ¡Salud por esta historia de engaños y realidades… a medias!

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El soneto de una autor que se bifurca

Por Eduardo Varas (tomada de la revista Mundo Diners 328)

Esta historia empieza con un muerto. En realidad con dos, o podría decirse varios. Uno es sumamente importante, el catalizador, un muerto famoso, literato y ciego, que supuestamente habría escrito un año antes de su muerte unos sonetos que no forman parte de su cuerpo poético. El otro muerto fue asesinado en Medellín por los paramilitares y en uno de sus bolsillos llevaba escrito con su puño y letra uno de esos sonetos. Abajo en el papel, como una firma, tres letras: JLB. El muerto dos citando del muerto uno. Jorge Luis Borges como germen de una historia que el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince ha llevado adelante para rendirle homenaje a su padre, de quien tiene bien marcada la imagen de su cuerpo tibio sin vida, en tierra colombiana.

Era la media tarde del 25 de agosto de 1987 cuando Héctor Abad Gómez, doctor, hombre de radio y defensor de los derechos humanos en una época violenta en su Medellín natal, fue asesinado por los paramilitares. Su hijo y su esposa encontraron el cuerpo en la calzada. Ella tuvo un recaudo importante en medio del dolor: sacarle el anillo de bodas del dedo anular izquierdo. Él lo besó en la frente y con un llanto en potencia metió las manos en los bolsillos y obtuvo dos documentos: la lista de las personas amenazadas por los ‘paras’ (donde reposaba el nombre de su padre) y un soneto sobre la muerte, firmado por JLB. La historia arranca así y crece en un par de meses, cuando en noviembre de ese mismo año, el hijo, Abad Faciolince, transcribe el poema en un artículo para El Espectador y dice que su autor es Borges.

La invención de un ‘no Borges’

“El olvido que seremos” es la novela que Héctor Abad Faciolince escribió hace dos años para hablar de su padre, y el título tiene mucho que ver con ese poema que halló en su bolsillo. El soneto comienza de esta manera: “Ya somos el olvido que seremos. / El polvo elemental que nos ignora/ y que fue el rojo Adán y que es ahora/ todos los hombres y que no veremos”. Y es con ese texto que se abre el abanico y la lucha por conocer la verdad, porque ese soneto ha resultado ser muy importante para todos: para el autor de la novela, pues representa al padre; a los estudiosos borgeanos; para algunas personas cultas de Colombia, que ante el éxito de la novela han criticado la autenticidad del autor del soneto; para artistas argentinos y franceses que dan fe de la génesis de los textos; para María Kodama, viuda de Borges (aunque no mucho), y para Harold Alvarado Tenorio, poeta colombiano que asegura ser el autor de los poemas…

Pero hay que ir de a poco.

“Muchos me acusaron. Decían que estaba tratando de unir mi nombre de enano a la figura gigantesca de Borges para vender”, declaró Abad Faciolince a la Revista Ñ, de diario El Clarín, el pasado 30 de junio, cuando lo que era una polémica local llegó a la tierra de Jorge Luis Borges. El lugar de inicio fue el Festival Malpensante 2009, en Bogotá, cuando el escritor quiso despejar todas las dudas apoyándose en una serie de textos que publicara en El Espectador, con el sugerente título “Un poema en el bolsillo”. Así, Abad Faciolince comienza una investigación que lo asemeja a una especie de Indiana Jones (quizás más al de “La última cruzada”) yendo a Argentina, Chile y París, a hablar con expertos en la obra de Borges que le dicen que son textos falsos, a contratar a una ayudante que se dedica a investigar todas las fuentes posibles en Medellín para saber de dónde pudo sacar su padre el soneto, a escribir un artículo en la revista Semana en el que imploraba el aporte de cualquiera que supiera algo para aclarar este “misterio sin resolver”. Hasta que llegó a un artículo firmado por Harold Alvarado Tenorio, titulado “Cinco inéditos de Borges”, publicado en revista colombiana Número, en octubre de 1993. Sorpresa, el soneto que encontró en el bolsillo de su padre estaba entre esos cinco poemas. Al hablar con el autor de la nota se llevó la más grande de las sorpresas: “Me dijo que eran de él, luego que eran de Borges y que se los habían entregado a una amiga de él en Nueva York”, cuenta el novelista a la revista Ñ.

Si eran de Alvarado Tenorio, ¿cómo era posible que el padre amoroso de “El olvido que seremos” tuviera el soneto en su poder seis años antes de su publicación?

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La bifurcación

Héctor Abad hijo hoy está tranquilo. Sabe que lo que estaba en poder de su padre era una creación de Borges. No le importa que otros dijeran lo contrario, como María Kodama, quien a través de Alberto Díaz, uno de los editores de Borges, le dijo “que el soneto que llevaba tu padre el día de su asesinato era apócrifo (fingido, falso), como el resto de sonetos que circulan en internet envueltos en una historia neoyorquina”, escribe Abad en el Espectador. O que expertos, biógrafos y bibliógrafos de Borges como Daniel Balderston, Nicolás Helft y Alejandro Vaccaro le dieran la razón a la viuda. El autor colombiano no detuvo su investigación, necesitaba que el poema fuese cierto porque no podía tener su padre muerto un engaño en el bolsillo, necesitaba conocer con absoluta seguridad al autor del poema.

Un día cualquiera, Abad entró en la librería que tiene en Medellín y una mujer le dijo: “sé de dónde sacó su padre el poema”. Tita Botero le mostró entonces un recorte amarillento de la revista Semana, con fecha 26 de mayo de 1987. En él artículo se hablaba de la aparición en Mendoza, Argentina, de un libro hecho a mano por un grupo de estudiantes en el que constaban los cinco últimos poemas escritos por Borges, uno de ellos era el de Abad. El hecho le abrió un nuevo sendero, que tuvo su punto más alto cuando la asistente descubrió algo muy poderoso sobre el doctor Abad:“Él tenía un programa semanal de radio en la Emisora de la Universidad de Antioquia (…) al finalizar el programa de la semana siguiente a la publicación del soneto en la revista, mi padre había leído al aire los sonetos”, cuenta el hijo en “Un poema en el bolsillo (II). La grabación no sólo le trajo una voz perdida hace dos décadas sino una confirmación que además de paz arrojó otra pregunta: ¿de dónde salieron los poemas?

La búsqueda de Abad Faciolince lo llevó nuevamente hasta Alvarado Tenorio, quien le dio el nombre de Jaime Correas: el estudiante que dio origen a la publicación. Pero también le dijo algo que volvía a enredar todo: Correas fue el que los inventó. Viaje virtual a Mendoza. Los emails fueron yendo y viniendo. Correas es el director del diario UNO, de su ciudad natal y supo darle una información que aparentemente cerraba la polémica: En 1985, “los sonetos fueron dados en mano por Borges a Franca Beer, una italiana que vivió en Mendoza. Ella está casada con un gran pintor argentino, Guillermo Roux. Ambos, junto con el poeta galo Jean-Dominique Rey fueron a visitar a Borges. Roux hizo unos dibujos de él mientras el francés lo entrevistaba. Al final de la entrevista, Rey le pidió a Borges unos poemas inéditos. Borges le dijo que se los daría al día siguiente, para lo cual Franca volvió sola al otro día. Borges le dijo que abriera un cajón y que sacara unos poemas que allí había. Ella los tomó, hicieron copias y se los dio. Franca conoce acá a un personaje adorable, que hoy está viejito, pero vivo, llamado Coco Romairone. Él se los hizo llegar a uno de mis compañeros. Yo los estudié y publicamos cinco de los seis que llegaron. Pero hay más. Rey los tradujo al francés y los publicó con los dibujos de Roux en Francia para su revista. Franca dice que hicieron gestiones, muerto Borges, para hacer una carpeta con los dibujos y los poemas bilingües, pero nunca tuvieron respuesta de Kodama”, cuenta Abad en “Un poema en el bolsillo (II), publicado en El Espectador, el 28 de junio pasado.

Y viajó. Habló de frente con todos los protagonistas. Vio el libro hecho a mano en Mendoza, vio la publicación hecha en Francia, así como los dibujos en Buenos Aires. Con eso bastó. El soneto, el papel del padre, era real.

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El otro Borges

Harold Alvarado Tenorio se siente herido y acusado de mentiroso. Dice que no lo es. Dice también que es el único poeta colombiano prologado por Borges, gracias a un texto que él mismo confeccionó, siguiendo las reseñas que el argentino publicaba en la revista Sur. Lo hizo para uno de sus libros, y si bien nunca ha sido publicado, se corrió la voz de que Borges lo había hecho y en una entrevista de 1972, el supuesto autor prefirió entrar en el juego y no desmentirlo, sino decir que quizás lo había escrito él.

Alvarado Tenorio dice que él escribió esos sonetos.

Que los hizo un poco antes de la muerte del ‘maestro’. Que con unos amigos decidió enviarlos a varias personas y hacerlos pasar por reales. Luego para redondear el juego creó una nota -publicada en varios medios con el título de “Cinco inéditos de Borges”- en la que habla de una supuesta creación de los sonetos por Borges en Nueva York, como un acto de galantería del argentino con una joven compatriota que le servía de lazarillo en dicha ciudad. Pero lo que Alvarado Tenorio dice a viva voz y se transforma en la base de su reclamo es que, en una reunión en 1986, sus sonetos fueron entregados al doctor Héctor Abad, quien se interesó por la historia del engaño.

Indignado, el pasado 10 de julio, en una nota titulada “Los sonetos atribuidos a Borges”, Alvarado Tenorio declaró a la revista Ñ: “Este señor (Abad Faciolince), amparado en su éxito, anda diciendo que soy un mentiroso (…) Si me nombran y usan lo que yo escribí, tendrán que pagarme derechos de autor, Abad y Correas”. El poeta también ha escrito cartas a los encargados de El Espectador pidiendo aclaraciones y aparece en vídeos dando su versión. Se lo ve desesperado.

Pero tiene algunos vacíos. Las personas que son parte del relato de esa creación borgeana de Alvarado Tenorio dan versiones distintas. Unos dicen que recuerdan haberlo visto creando los textos, otros que no sabían de su existencia. Otro problema es que los sonetos en versión de Alvarado Tenorio son diferentes a los que Abad Faciolince encontrara en el bolsillo de su padre y en su indagación. Y otro, fundamental, y que obliga a pensar que el poeta tiene las de perder es que muchos de los nombres que da como testigos de su trabajo, son de gente muerta, salvo el de Gabriel Jiménez Emán, poeta venezolano, quien continúa afirmando que Alvarado Tenorio es el autor de los libros.

Image and video hosting by TinyPic Alvarado Tenorio con María Kodama. Imagen tomada de ciudadviva.gov.co/febrero07/magazine/1

Origen incierto. Final abierto, que se da vueltas como una espiral hasta el infinito. Borges riendo en algún lado, un hijo defendiendo la memoria del padre, otro hombre defendiéndose y acusando. El cierre no existe, sólo una extraña sensación de desconcierto, de aferrarse a una versión, a la propia. Alvarado Tenorio es el otro Borges, eso dice él. Correas y Abad Faciolince se propusieron escribir juntos la historia del origen de los sonetos, pero no resultó. Cada cual decidió entonces escribir su versión, el colombiano desistió pero el mendocino ya tiene su manuscrito. Por eso, esta historia se queda aquí, sin certezas.

2 comentarios en “El soneto de un autor que se bifurca

  1. Debo ser sincero contigo, zapatero a tus zapatos! Eres escritor??? Deberías dedicarte a otra cosa, pero que no sea la música por favooooor!!! por que para eso se necesita buen gusto y como he leído en algunos post anteriores tuyos, ese no es tu camino… Y si he perdido mi tiempo leyendote es por que algún amigo (mal amigo parece) me recomendo tu nombre, es una pena, nunca recuperare estos 10 minutos que podía haberlos aprovechado comiendome un sanduche de nata. Es la última vez que visito tu mediocre blog, a la final las dos cosas me dieron indigestion, Buaaagggg.

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