Humor y sentencia

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Para Miss K

La perspectiva natural marca un inicio o final, la idea es la fugacidad, obvia y clara. La risa tiene una duración equis, y es una experiencia individual. Pero hay un camino determinado que ante la risa se bifurca y se vuelve distinto, se transforma. El humor no deja de ser una experiencia pequeña y discreta, es cierto, pero también puede ser algo más.

Pienso en la risa contrapuesta al horror, como lo hace Umberto Eco en “El nombre de la rosa”. La parte vedada de la Poética de Aristóteles. La risa que deforma el rostro. Veo a la comedia clásica como consecuencia lacerante de una tragedia que delimitó el camino en la Grecia Antigua. Si la comedia surge es porque el fin está cerca. Ese rostro deformado no es más que la señal de un cambio. La risa, el humor, la comedia no son más que herramientas de certezas de la transformación.

La risa baja la guardia, nos deja abrir la boca en una carcajada que tiene mucho de siniestra y nos da lo necesario para reflexionar, una vez que el gesto ha desaparecido. Porque hay mucho de continuidad, de expandir una especie de embrujo y dejar que el acto de la risa dé inicio a otros procesos. El valor de la risa está en el desamparo. Por eso el humor funciona, por eso quizás sea el acto de rebeldía más humano en la historia de la raza.

Chaplin crea a Charlotte y lo contrapone a las figuras de la autoridad: un personaje con todas las de perder (de hecho, muchas veces pierde) dándole su merecido al que estaba en un nivel jerárquico más elevado. Groucho Marx lo haría luego, hablando, con el puro en la boca, desde el desenfado. Justicia divina, el humor como acto de subversión dentro de las mismas estructuras.

Image and video hosting by TinyPic Groucho Marx, imagen tomada de philanthromedia.org

Lenny Bruce se convirtió en una de las figuras más importantes del humor porque más allá de su rutina, consiguió ser condenado por obscenidad en 1964 por el uso de un lenguaje que era considerado terrible, más que nada por sus connotaciones sexuales. En este caso el humor fue peligroso para él. Pero, ¿era necesario? Bruce enfrentó a la sexualidad de una sociedad que trataba de ocultarla y recibió su castigo por reflejar algo. Desde luego, él no es ningún héroe. El humor no es un asunto de héroes, sino de caprichos y una lucha por enfocar el verdadero rostro de la máscara.

¿Una sociedad que permite su burla es la mejor de todas? No exactamente; pero sí es, quizás, la que encuentra en ese vehículo una válvula de escape, que en ocasiones puede ir en su contra.

El peligro del humor es latente y en esa latencia radica su perfecta definición: palpita y encubre algo que no necesariamente debería ser escondido. El humor no puede ser contenido en una categoría política, pues se enfrenta a la política. El humor es el puente entre el interior y el exterior más importante de todos, insisto.

Hoy no es más que lo que fue antes, por lo que peleaban el ciego y Guillermo en “El nombre de la rosa”. El humor es transfiguración. La realidad se vuelve insoportable, imposible, insondable. El humor, instrumento de ficción, nos ayuda a mirar mejor, a comprender el absurdo, a rescatar eso que consideramos indigno. Con el humor, con la cara desfigurada, podemos enfrentarnos mejor a esa realidad que muta todo el tiempo.

Hoy, para Judd Apatow, humor significa lanzarse un pedo en un momento de trascendencia (en la escena de “Knocked up”, cuando el protagonista habla con el doctor mientras su mujer está a punto de dar a luz no deja de ser reveladora). Para él, en este juego escatológico no hay nada más que la suavidad ridícula del ser humano. Para Lorne Michaels, el humor es político y absurdo, mezcla ambas cosas para reflejar una certeza que hemos aprendido en la historia: no hay nada más tonto que mirar a las autoridades con reverencia. Para Bill Maher es ingenio y crítica, quizás el humor más necesario ahora. Para los “Lonely Island” no es más que reflejo y en eso mostrar las costuras de los que estamos viviendo esta época.

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Judd Apatow, imagen tomada de notasdecine.es

El humor es siempre postura, es guerra, acción; más allá de la distracción, busca la duda.

Por eso, si desean reírse un rato, les recomiendo que vayan al cine a ver “The Hangover”. No hay filmes malos, sino los que son bien hechos y los que son mal hechos. En esta película, hay muchos elementos que la hacen buena, que nos permiten un recorrido y una reflexión donde las carcajadas son parte del viaje, convirtiendo a la cinta en algo realmente perdurable. Porque si bien la risa se va, la arruga que se formó en el rostro no.

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