The english army had just won the war…

imagen tomada de wikipedia.org

“How I won the war” (1967) es un filme extraño, muy extraño. Richard Lester hace de todo para dirigir una crítica mordaz sobre la guerra, especialmente cuando un grupo de soldados británicos, que se encuentran en una misión especial de crear un campo de cricket 100 kilómetros detrás de líneas enemigas en plena Segunda Guerra Mundial, deben enfrentarse a su incapacidad, sus problemas, vicios y a un oficial que sin experiencia ve en esta misión la oportunidad desbordante de cumplir una orden y salir victorioso, con orgullo. La sátira no funciona si es que no se crea un entramado de seres obsoletos, ridículos y terribles.

Todo desde una óptica de humor extraño que ha sido la firma particular de Lester (quien se encargó de los dos primeros filmes de los Beatles y de esa joya extraña llamada “Superman 2”), que incluye de todo: imágenes de archivo, ataques indiscriminados, personajes que esperan morir de una mejor manera, gritos y desesperaciones de vidas que no tienen sentido…

Para todo fanático beatle esta película es fundamental. Marca el debut de John Lennon en un filme no beatlesco y no es del todo errado. Si bien su actuación como Gripweed no es lo mejor que se haya visto, tiene sus momentos (incluso el de su muerte resulta ser uno de los más poderosos – está incluido en el documental “Anthology”) y lo más importante de esto es que mientras filmaba en Almeria (España), Lennon apareció con una de sus composiciones de oro: “Strawberry Fields Forever”; además que a partir de “How I won the war”, el músico obtuvo otro de sus elementos signature: los lentes redondos.

imagen tomada de byfiles.storage.live.com

Pero esto no es únicamente sobre Lennon. En esta parodia hay muchas cosas interesantes, a la vez que impiden establecer un solo criterio para revisarla. Los personajes hablan a la cámara constantemente, existe una conciencia de estar inmersos en una película. Aquellos soldados que mueren vuelven a aparecer, pero esta vez como fantasmas vestidos de un solo color (incluso con sus caras cubiertas con medias nylon verdes, rojas, azules o rosadas, dependiendo de la tonalidad de su uniforme). El surrealismo es necesario en muchas escenas, no sólo para sostener lo absurdo de la misión, sino para revalidar el hecho de que la guerra es siempre un espacio de innecesarias aspiraciones, de sueños torpes. El teniente Goodboy (interpretado por Michael Crawford) es la voz cantante de toda esta tragedia estúpida, es quien debe llevar a sus soldados a cruzar líneas enemigas en pos de una misión absurda. Es a su vez el soldado abandonado, capturado por los nazis, que tiene una serie de conversacionescon el oficial alemán a cargo, donde reflexionan sobre la guerra y el papel de cada uno. Goodboy, en medio de su exagerado patriotismo, es acusado de fascista y el alemán decide venderle el único puente intacto sobre el río Rin (el que permitiría el paso de los aliados a territorio alemán). La estupidez no distingue de bandos.

Entre ambas historias: el campo de cricket y la discusión con el oficial alemán, existe una clara diferencia temporal que Lester precisa de entrada y de esa manera se genera el ritmo de una película en la que todos hablan, muchísimo, sin respiro. El mismo tono en la voz de la mayoría viene a precisar esta idea de cuerpo único y extraño que no funciona para nada más. En la guerra estos cuerpos de soldados, estos batallones, no dejan de ser una masa, una legión que no concibe otra cosa. Durante todo el filme los soldados (los mosqueteros) siempre reniegan de la misión y del superior que los dirige, hablan de matarlo, de aniquilarlo, pero no pueden, teniendo todas las opciones y posibilidades de su lado… Son todos un mismo organismo. Hay algo que impide que todo termine bien. “How I won the war” habla del sino, de aquello que hace de la guerra algo que no tiene validez.

Por esa razón es que la escena final, cuando el batallón está reunido para celebrar las viejas glorias, vemos el resultado de todo este absurdo. Alguien ganó la guerra, pero en el medio se perdió algo mucho más importante. El humor, bizarro, extraño, indebido, funciona siempre y es un festejo encontrar en el zapping televisivo un domingo por la noche una película que uno siempre quiso ver y no la encontraba en ningún lado.

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