Intelectuales y el Ministerio de Cultura del Ecuador

imagen tomada de hondoeinconscientesuspiro.wordpress.com

Las discusiones siempre son interesantes, revelan caminos, permiten establecer un parámetro, un descubrimiento, una percepción. Mario Campaña llega a Guayaquil, para la Feria del Libro (al menos eso es lo que salta a la vista en medio del intercambio epistolar del momento), se reúne con gestores culturales y artistas y llegan a tal punto con sus ideas que él redacta una carta y la envía a varias personas. Algunas apoyan el contenido, otras no, y se da el puntapié inicial. Empieza la discusión.

Lo agradable de todo esto es esa disposición a establecer un diálogo quizás inexistente, algo que todos los involucrados celebran, quizás por cierto deseo de quedar bien ante el dilema, de abrir el espacio a las opiniones diversas, a la libertad de credo. Puede ser algo de esto, pero puede ser algo superior al tema. Mario Campaña escribe en ese documento, suscrito a su vez por gente como Matilde Ampuero, Marco Alvarado, Luis Carlos Mussó, Bertha Díaz, Edwin Madrid, María Leonor Baquerizo, Sonia Manzano, entre otros, varias ideas que parten de una crítica a la labor del Ministerio de Cultura, encabezado actualmente por Ramiro Noriega. Aunque sin embargo reflejan una perspectiva que no deja de estar ni un minuto alejada de toda la visión que supone la “Revolución Ciudadana”. En definitiva, el pedido está centrado en buscar mecanismos de integrar a la Cultura en distintos ámbitos, no sólo en aquellos considerados de “alta cultura”. Entre varios puntos, la carta precisa lo siguiente:

Tomamos en serio la promesa de transformación, necesidad y posibilidad de la sociedad ecuatoriana. Ninguna transformación llega a acontecer sin una intervención radical y profunda sobre la cultura, sin que se subviertan los hábitos de pensamiento, el ángulo desde el que observamos, interpretamos y enjuiciamos la realidad y ejercemos nuestra capacidad de vivir (…) Sin una transformación cultural no hay verdadero cambio en una sociedad (…) Pese al carácter estimulante de las primeras iniciativas, la actividad del Ministerio de Cultura resulta al fin y al cabo decepcionante, por convencional y limitada, y, además, centralista. El Ministerio parece entender que su campo de acción preferente es la llamada ‘alta cultura’: literatura, teatro, cine de arte, fotografía, danza, pintura, música orquestal…: premia proyectos, incentiva publicaciones, auspicia eventos académicos, tendiendo a satisfacer necesidades culturales de una minoría de la población. La noción elitista y letrada de la cultura que prevalece en los países metropolitanos parece haber sido adoptada por el nuevo Ministerio de Cultura, lo que tiene como consecuencia que se postergue o abandone la obligación democrática de atender los derechos culturales de la mayor parte de los ciudadanos, de la población popular urbana y rural, de los indígenas de la costa, la sierra y el oriente, de la población afroecuatoriana… Creemos que se puede y se debe fomentar un renacimiento de la alta cultura ecuatoriana. Las obras de ésta en sus más altos logros, en sus versiones más creativas, pueden llegar a convertirse en un lugar de concreción y concentración de la experiencia espiritual de una sociedad, y ofrecer así importantes aportes para la vida espiritual de todos. No obstante, hacer de la alta cultura el eje de la política cultural del gobierno, y aproximarse a la cultura popular sólo con los métodos de esa cultura de élite, de modo azaroso y precipitado, como ocurre ahora, o mejor planificados, como podría hacerse desde una gestión de calidad superior, sería, y es, reincidir en una actitud que ha compartido responsabilidad con la economía y la política en el desastre nacional (…) Reconociendo que la realidad histórica de la conquista española nos puso en la órbita cultural europea, una política cultural de cambio debería emprender una revisión crítica de las bases de la cultura occidental. Valores y nociones de la educación colonial, de la cultura greco-romana, la cristiandad feudal y medieval, la filosofía de la Ilustración, la ideología del progreso, la actividad del comercio, la industria y el capital financiero, han conformado una gran masa cultural hereditaria que ha envenenado nuestra vida progresivamente. Ahora debemos ser capaces de enjuiciar esas tradiciones y declarar un beneficio de inventario, eligiendo de qué queremos seguir siendo herederos, qué aceptamos y qué repudiamos del legado que Europa y Occidente entero ofrecen a la humanidad. ¿Qué valores, qué nociones, qué conquistas, qué nombres, qué símbolos han de estar vigentes en nuestra vida presente y futura, y cuáles no? Si permitimos que la cultura ecuatoriana continúe siendo lo que ha sido hasta ahora, repetitiva según las pautas de la cultura occidental, consagrada, ésta, a la creación de individuos egoístas; si no somos capaces de enjuiciar toda la historia cultural, sus metodos y sus fines, no habrá cambio y no habrá una nueva sociedad, cualesquiera que fueren las modificaciones que se produzcan en la economía y la política. También de la tradición de las culturas ancestrales ecuatorianas debemos hacer una revisión crítica, con la misma finalidad: la realización de un inventario que determine qué herencia aceptamos y cuál repudiamos. El estudio de los errores culturales de los procesos de cambio precedentes en la historia son asimismo necesidades cruciales de una política cultural nueva. Dogmatismos, autoritarismos, culto a la personalidad, machismo, homofobia, anticlericalismo…deben estar desterrados de nuestra vida gracias a un verdadero cambio cultural. Sin esta operación tampoco habrá una nueva sociedad”.

imagen tomada de guillermo-jb2000.blogia.com

Ufff… Hace mucho tiempo que no estaba ante un documento que me llame tanto la atención y a la vez que me aterre de manera tan impresionante. Mucho se ha dicho de este texto (pueden verlo en un blog llamado Nuevas cartas -clic acá– así como todas sus respuesta y análisis, entre esas la que me parece la más precisa como la de David G. Barreto) y quizás lo que he leído en respuesta debió ser provocado por una mala lectura de lo escrito. En definitiva uno podría congeniar con la idea de que el Ministerio no sólo se quede con parcas muestras de apoyo a manifestaciones de cultura por excelencia (no podría decir “alta cultura”, porque esos términos no me interesan), sino que lo haga bien y de manera definitiva, inclusive apostando por la capacitación de artistas, por ejemplo. Hasta podría firmar un documento que proponga que lo que se ve y se hace en las zonas rurales también sea considerado parte fundamental de la cultura del país y tenga su presencia en varios espacios nacionales y por fuera (lo que nunca defenderé es perpetuar esa imagen exótica de muchos de nuestros países, en pos de generar una mayor presencia).

Pero (el gran pero) me aterra que un grupo de intelectuales empiecen una discusión tan rica con una oración que es para salir corriendo: “Ninguna transformación llega a acontecer sin una intervención radical y profunda sobre la cultura, sin que se subviertan los hábitos de pensamiento, el ángulo desde el que observamos, interpretamos y enjuiciamos la realidad y ejercemos nuestra capacidad de vivir”. Pregunto: ¿Cómo? ¿Cómo se interviene de manera radical sobre la cultura sin afectar el pensamiento de los individuos que son parte de una sociedad equis? No tengo respuesta, ni siquiera quisiera intentar una.

El grave peligro de una idea como esta, y aquí suscribo lo que David G. Barreto ha escrito, radica en lo terrible que sería que que desde un estamento de poder, especialmente político, se precisara esta transformación. Dice Barreto: Con esa lógica, me atrevería a decir que nadie puede elegir el modo del buen vivir, por ejemplo, como ordenanza o como ley”. Me pregunto, con toda sinceridad, ¿no hay suficientes ejemplos de cómo estas intervenciones culturales desde el poder no han sido nefastas en un tiempo determinado? ¿Una ley es una forma radical de cambiar la cultura, o debo decir las prácticas de una sociedad? ¿Eso no es de cierta manera peligroso?

El otro punto que me da urticaria tiene que ver con esa discusión generalizada para buscar cuáles serían los elementos de nuestro intercambio cultural con los que quisiéramos quedarnos: occidentales y preoccidentales. Homogenizar puede ser considerado como el deseo de acabar con el individuo. Y ojo: en ningún momento en la carta se hace alusión a preferir una forma de ver el mundo por sobre otra, sino a seleccionar qué elementos queremos hacer nuestros (quizás sí con cierta animosidad en lo referente a occidente). Lo peor es que este es un fenómeno que se da siempre en toda persona. Seleccionamos, nos apropiamos de aquellos elementos de todo el bagaje que tenemos, provocado o no por el mestizaje (que vale la pena definirlo no como una disposición general a nivel de la cultura, sino como una razón más para establecer las diferencias entre todos nosotros y celebrarlas) y los hacemos parte de nuestra cultura personal, de nuestra forma de ver el mundo, de nuestro deseo más inmediato.

Esta transformación indidivual no puede darse por un asunto de política gubernamental.

Que un organismo aglutine o que sea dependiente de acciones de varios ministerios, para generar una visión mucho más aceptable de cultura, me parece una propuesta interesante, siempre y cuando esté encaminado a erradicar prácticas nefastas del día a día (como el machismo, por ejemplo, tal como lo señala Matilde Ampuero en la entrevista que el día de hoy se colocara en el blog, y que creo que eso no necesita de inventario alguno). Sin embargo verlo así también me parece peligroso y no porque no crea que existan prácticas terribles que deben olvidarse, sino porque no puedo sostener jamás que una homogenización de la cultura sea la respuesta a una revolución, a una transformación.

imagen tomada de dolphin.blogia.com


El Ministerio debe cambiar, transformarse o desaparecer. La sociedad debe ser un espacio más justo y menos violento. La cultura debe seguir siendo una manifestación individual, con los riesgos que acarrea eso… porque las ventajas son superiores, de manera contundente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s