Pinkerton

imagen tomada de wikipedia.org

Una lectura de la ópera de Puccini, “Madame Butterfly” hace posible que Rivers Cuomo componga el álbum más completo de Weezer, sin un deseo de generar una aprehensión mediática, sino de crear una obra que adquirió el carácter de culto y que es ahora considerada el mejor disco del cuarteto norteamericano.

Era 1996 cuando apareció el álbum en el que todo suena a Japón, a Puccini, a un Weezer que buscó conscientemente librarse de su status de grupo importante. Para esto, el proyecto que iba a ser un disco conceptual (que se iba a llamar “Songs from the black hole”, y del cual quedaron algunas canciones), y que luego se fue transformando en una especide de canto sobre la desesperación y la búsqueda de algo al otro lado del mundo (“Across the sea” es en realidad el canto de amor más precioso que se pudo hacer sobre un fan. Cuomo escribe: “I got your letter/ you got my song”); de pedido de disculpas (tomando el punto de vista del teniente Pinkerton, que le habla a M Butterfly: “I’m sorry / I’m sorry”, en “Butterfly”); así como la decepción por una vida abúlica y pasada de tiempo (como en “The good life”), se convirtió en un disco con sonido desprolijo y una crudeza que tenía muy poco que ver con el Weezer del “Blue Album”.

“Pinkerton” es un riesgo que les valió la pena correr. Tanto que el grupo casi se acaba luego de su fracaso inicial (con el tiempo ha sabido vender una cifra muy importante).

Por eso, desde el sonido, pasando por la interpretación, la idea central de “Pinkerton” es enfrentar al oyente a una especie de confesión, la que se vuelve un acto de expiación y condena. El álbum como historia y coro griego. Hay una tragedia que no sólo se refleja en las letras más pesimistas de Cuomo, sino en su forma de cantar, en las melodías que inventa para no sólo decir las líneas, sino interpretarlas (en ocasiones como “Falling for you” es en la ausencia de la melodía en la que todo surge de mejor manera y funciona). Existe en este segundo álbum un planteamiento estético que habla desde el sonido. Todo visto como una totalidad. Este deseo estaría completamente vedado en el resto de discos de Weezer.

La batería consigue una sonoridad que le da cercanía (probablemente por el uso de overheads para darle una textura de estar tocado en vivo). El bajo tiene el sonido más cuidado de todo el álbum. Las guitarras no llegan a la contundencia del primer disco, pero siguen siendo igual de ruidosas. Los pianos y otros instrumentos que aparecen de vez en cuando tienen participaciones especiales y se muestran como pinceladas. En fin, el trabajo del grupo en producción se nota, no para destruir una propuesta, sino para establecer un mejor conocimiento de causa. “Pinkerton” no es el disco de Weezer con mejor sonido, pero en su existencia como obra completa, pues el sonido resulta ser impecable.

En cuanto a composición, Rivers Cuomo se muestra como un verdadero compositor. Luego de los grandes puñados de canciones del disco anterior; en este, más que madurez, hay conciencia de lo que pude hacer y ser una canción. En ese caso valdría decir que el riesgo que el cantante y guitarrista se tomó en este disco fue tan grande que nunca lo ha vuelto a repetir con tanta precisión. Quizás eso esté ligado al hecho de no haber encontrado un factor más determinante que la figura del personaje de la ópera, que debió hacer estallar algunos escondites en el músico. El que sea directo, de 10 temas (cerrando con una canción acústica hermosa), le da un factor atractivo. Weezer recupera un poco la estructura de un disco de antaño, cuando los álbumes eran obras totales y mantenían esa perspectiva.

Lo que hace decisivo a un álbum es cómo todas sus piezas se unen y crean una sola conciencia. En este disco, Cuomo con Matt Sharp (el último disco del bajista con el grupo), Patrick Wilson y Brian Bell no sólo que juegan a cómo descomponer a un grupo y darle forma a una idea, sino a ser músicos que sin miedo a las consecuencias se meten en la piel de crear un disco valioso, algo que el tiempo se encargó de darles la razón.

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Un comentario en “Pinkerton

  1. ese disco es uno de los esenciales pre-adultez, lo voy a buscar de nuevo por ahí…

    en su versión noventera original en la contratapa si veías el arte con cierta condición de luz se veía la silueta de una geisha, y no se porqué descubrir eso me pareció increible, como un guiño directo de Weezer …

    esas eran las épocas en que uno (al menos yo no lo he vuelto a hacer de ese modo) degustaba los álbumes solos, en el cuarto, cierta condición de luz, y la caja del disco y su cuadernillo en las manos viendo el nombre de las canciones, leyendo las letras en caso de haberlas y regresando a una canción una y otra vez para repetir la experiencia…

    eso definitivamente lo siento como la experiencia Pinkerton jaja

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