El mercado de libros

imagen tomada de obrasocial.cam.es

Cuando viajé de Guayaquil a Quito, entre todas mis cosas, hice algo que antes no pensé que podía hacer (bueno, más allá de ganar un premio que me hizo entender que la literatura no sólo puede ser fuente económica, sino salvación inmediata, porque me sirvió el dinero para cambiarme de ciudad – esto era lo que quise poner, por cierto). Vendí los 2/3 de mis libros, en un acto de desprendimiento que todavía no logro comprender del todo. Hay gente que no se inmuta cuando lo cuento, otros que saltan de sus asientos. La verdad es que no sé cómo fue posible, sólo sé que es algo que se puede dar y sucede con una tranquilidad propia de “Harry el sucio”.

Sabía tener una excusa que aún me parece interesante: “Ya me hicieron todo el daño que podían hacerme. Ahora que jodan a alguien más”. Y con esa perspecctiva me metí en la dinámica de hacer una lista, de revisar cuáles serían aquellos que podrían ser abandonados y dejarles el camino libre. Era como llevar a tu perro en un viaje y abandonarlo en medio del camino. Era quitarse un pedazo de piel que uno sentía estorbar, era un acto de esquizofrenia interesante, era quizás el acto más importante de desprendimiento que se me pudo ocurrir, más que nada porque los únicos objetos a los cuales estoy llamado a hacer míos son los libros. Era como el video de “El Aro”.

Así, un día armé una lista. Tomé algunos que fueron regalados, otros que tienen dedicatoria, otros que resultaban ser gigantes, algunos que eran unas joyas (no todos, obviamente). Envié una lista por email y esperé respuestas. Las obtuve rápidamente.

Hay días en los que me levanto con cierto arrepentimiento por lo actuado. Son muy pocos. Lo que pasa de manera constante es que siento un peso enorme que se ha escapado de mí. Libros con mi nombre escrito en la primera página, con párrafos marcados con tinta, con diminutos textos de mi puo y letra en el poco espacio en blanco de cada página, están dando vueltas por ahí y eso, en lugar de ponerme mal, me hace sentir algún tipo de placer extraño, además de precisar en mí un extraño deseo de ir y buscarlos en algún punto de mi vida. Es casi abrir el espacio para la investigación por obra y gracia de mi propia iniciativa. Es casi establecer la vertiente de los juegos con los libros. Es casi saber que nada puede hacer presión sobre mí, salvo en la conciencia de que la lectura me ha ‘salvado’ y que no necesito, bajo ningún criterio, tener el objeto de salvación a mi lado.

O no sé, quizás fueron libros que no causaron mayor impacto en mí. Los reales, siempre me acompañan.

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6 comentarios en “El mercado de libros

  1. no creo que yo pueda hacer algo parecido nunca. no se si decir "que bolsas" o "que pendejo" con mucho respeto eso si.

  2. no creo que yo pueda hacer algo parecido nunca. no se si decir "que bolsas" o "que pendejo" con mucho respeto eso si.

  3. Emilio, es lo mismo que pienso yo… no te preocupes…

    por cierto, te sigo debiendo el comentario de tus textos. ya llegará.

    Un abrazo

  4. Emilio, es lo mismo que pienso yo… no te preocupes…

    por cierto, te sigo debiendo el comentario de tus textos. ya llegará.

    Un abrazo

  5. muy buen post eduardo: yo también me he desprendido de algunos libros, pero tengo una fijación con una colección de revistas literarias a las que siempre vuelvo, de día o de noche; son como un elixir y curiosamente siempre encuentro algo nuevo en ellas. las tengo bien guardadas pero hace unos años, en un cambio de casa, a alguien se le ocurrió que era solamente papel y lo vendió como tal. Por el ajetreo no me percaté al instante, cuando lo hice comencé un intenso periplo buscando las revistas, que tuve que pagar nuevamente, y reestructurar la colección. LO bueno: en ese periplo por librerías de cosas usadas, encontré muchas más publicacioens, así que, para perplejidad de mi gente, la colección engordó bastante. En cuestión de libros tengo mis favoritos, de resto si un amigo a amiga me lo pide se lo doy sin inconvenientes. Al final, como tú dices, lo bueno es lo que nos dejó la lectura, lo demás es relativo. Un abrazo

  6. muy buen post eduardo: yo también me he desprendido de algunos libros, pero tengo una fijación con una colección de revistas literarias a las que siempre vuelvo, de día o de noche; son como un elixir y curiosamente siempre encuentro algo nuevo en ellas. las tengo bien guardadas pero hace unos años, en un cambio de casa, a alguien se le ocurrió que era solamente papel y lo vendió como tal. Por el ajetreo no me percaté al instante, cuando lo hice comencé un intenso periplo buscando las revistas, que tuve que pagar nuevamente, y reestructurar la colección. LO bueno: en ese periplo por librerías de cosas usadas, encontré muchas más publicacioens, así que, para perplejidad de mi gente, la colección engordó bastante. En cuestión de libros tengo mis favoritos, de resto si un amigo a amiga me lo pide se lo doy sin inconvenientes. Al final, como tú dices, lo bueno es lo que nos dejó la lectura, lo demás es relativo. Un abrazo

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