¿El grosor importa?

imagen tomada de latorredelasparadojas.blogspot.com

Si bien por estos días veo lo literario en Guayaquil a la distancia, la tecnología permite un contacto fabuloso con la gente que se acerca a las actividades, así como a los medios que las transmiten a quienes tampoco pueden estar ahí. Una bendición que se centra en estar y no estar. Siempre es mejor una esquina para ver todo con más detenimiento. 
Que se han robado cosas, que han desaparecido blackberries y laptops; que la mesa de blogs fue un desastre porque casi que no hubo bloggers hablando (yo debí ir, pero más me pudo el compromiso con la realidad. Ya hablé de eso, desde luego), que algunas personas se han puesto a discutir… lo que uno espera en un encuentro como ese…
Pero en realidad lo importante sigue siendo escuchar a gente interesante, que tiene mucho que decir y mucho por intentar. Aira estuvo hace unos días y las notas de prensa (de una manera muy seca) recogen lo que fue su intervención en la Feria del Libro que se realiza en mi ciudad natal. Me quedo con algo discreto, que la nota de El Telégrafo recoge en la entrada y que sabe a determinación, quizás como hace falta, supongo: “Mientras más grueso es un libro, menos literatura tiene”. La frase fue una de las sentencias del escritor argentino César Aira (1949), durante un conversatorio desarrollado el pasado sábado en el marco de la Feria Internacional del Libro, en Guayaquil…”.
Alguien me dijo que esa frase parecía dedicada a Neuman, por la considerable extensión de su novela ganadora del Alfaguara. Ese alguien me dijo que Aira habló más sobre el tema, de lo que para muchos se trata de escribir mamotretos gigantes para ser llamados escritores o llamar la atención; que existe el deseo de escribir o de ser reconocido como un ser que escribe… a esta altura creo estar inventando estas cosas que ando diciendo, pero algo así habrá pasado.
La extensión. Varias veces me lo he preguntado. Asumo que hay una certeza de cuando la historia ya va perdiendo consistencia y llega el momento de darle fin. Es muy evidente cuando se está escribiendo. Sospecho que fue el propio Aira que decía que si sus novelas eran cortas era porque perdía el interés en algún punto y esa me parece una de las respuestas más honestas sobre el tema. ¿Se pierde la literatura con una gran extensión? La respuesta tiende a ser obvia. Se podría hasta decir que “la pinta es lo de menos”, pero si trato de ser condescendiente con Aira puedo llegar a entender que lo que quiere decir es que la gran extensión no es directamente sinónimo de una gran novela, por ejemplo, sino de un gran arma de destrucción masiva (¿a alguien le ha caído un ejemplar de Ana Karenina en el pie?). Lo literario pasa por un nivel que la extensión, por sí sola, debe ignorar. 
Una novela larga es un riesgo que probablemente quisiera correr en algún momento (así como creo que escribir ‘novelitas’ de 100 páginas, a lo Aira, es también agradable), pero el valor de este proceso se centra en entender que lo que hace a una novela algo formidable no es el valor de su extensión. Escribir con un número de páginas como objetivo es algo que me sabe a criminal. Las historias adquieren la forma que pueden adquirir en comunión con la capacidad del ser que las escribe. No existe ninguna otra regla más que este juego de simbiosis: idea y filtro. Por lo general el filtro es el que supone la verdadera posibilidad de una historia con una propia extensión, sea corta o larga. El filtro, en este caso el escritor, no se dedica a escribir la historia, se dedica a establecer la idea en un mundo donde la ficción sea lo dinámico. Neuman, hasta el momento de lectura que llevo, ha creado un universo que no sólo es verosímil (dentro de la irrealidad de su texto), sino que ha conseguido dosificar los elementos, para que el lector vaya necesitando de ellos con más intensidad. Eso es filtro.
Pero buscar que con la extensión se dé algo que ni 30 páginas consigue, pues hijo mío… Go Fish!
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16 comentarios en “¿El grosor importa?

  1. Yo no voy a ir a esa Feria del Libro mas que el miércoles que van a hablar sobre el Jaime Roldós.

    Mira les agradezco a quienes le pagaron el pasaje a Aira porque estuvo en mi facultad, en un salon hablando con nosotros.

    Y dijo que ahora muchos jovenes de su país , de la clase media, tienen una vida perfecta y no tienen problemas por eso cuando se ponen a escribir lo hacen sobre sus granos y sobre que los dejo la novia. (Por dios yo pense en wasabi, la novela del grano).

    Pero bueno me gusto que Aira es el tipo de persona que no se cree profeta, con simpatia natural y que se contradice para evitar el fervor de los adeptos que como canguiles en el cine podrian recoger sus palabras.

    Que chevere que es la feria sin ir a la feria.

    Abrazos.
    Pd: En la mesa de blogs sentaron un man disfrazado de ti.

  2. Yo no voy a ir a esa Feria del Libro mas que el miércoles que van a hablar sobre el Jaime Roldós.

    Mira les agradezco a quienes le pagaron el pasaje a Aira porque estuvo en mi facultad, en un salon hablando con nosotros.

    Y dijo que ahora muchos jovenes de su país , de la clase media, tienen una vida perfecta y no tienen problemas por eso cuando se ponen a escribir lo hacen sobre sus granos y sobre que los dejo la novia. (Por dios yo pense en wasabi, la novela del grano).

    Pero bueno me gusto que Aira es el tipo de persona que no se cree profeta, con simpatia natural y que se contradice para evitar el fervor de los adeptos que como canguiles en el cine podrian recoger sus palabras.

    Que chevere que es la feria sin ir a la feria.

    Abrazos.
    Pd: En la mesa de blogs sentaron un man disfrazado de ti.

  3. Qué bueno verte de regreso al blog, Eduardo.

    Sobre el comentario de Aria, debe tomarse con un grano de sal (o varios, según el gusto). Una generalización vacía de contenido pero que suena muy bien y tiene el potencial de ser una cita muy citable.

    La frase sin embargo trae a colación un tema interesante. ¿Qué tan publicables son las ficciones extensas – a la Ana Karenina – en los tiempos que vivimos? ¿Cuantos tolstoys de nuestros días están siendo obligados a contraer su imaginación debido a límites comerciales?

    La respuesta parece encontrarse en las estanterías. Hay excepciones, desde luego – vienen a la mente libros como Un buen partido de Seth y la novela de Neuman. Pero la regla parece apuntar a una proporcionalidad: menos páginas, mayores posibilidades de publicación, sin consideración de que, a veces, solo la extensión hace justicia al genio.

    Saludos cordiales.

  4. Qué bueno verte de regreso al blog, Eduardo.

    Sobre el comentario de Aria, debe tomarse con un grano de sal (o varios, según el gusto). Una generalización vacía de contenido pero que suena muy bien y tiene el potencial de ser una cita muy citable.

    La frase sin embargo trae a colación un tema interesante. ¿Qué tan publicables son las ficciones extensas – a la Ana Karenina – en los tiempos que vivimos? ¿Cuantos tolstoys de nuestros días están siendo obligados a contraer su imaginación debido a límites comerciales?

    La respuesta parece encontrarse en las estanterías. Hay excepciones, desde luego – vienen a la mente libros como Un buen partido de Seth y la novela de Neuman. Pero la regla parece apuntar a una proporcionalidad: menos páginas, mayores posibilidades de publicación, sin consideración de que, a veces, solo la extensión hace justicia al genio.

    Saludos cordiales.

  5. Alicia… pues qué te diré… la novela sobre un grano puede abrir todo un universo… reventarte uno es un asunto de violencia, dolor y putrefacción que me suena interesante y puede explotar en múltiples direcciones… Por eso creo que es un asunto de idea y de filtro…

    Aira es bueno cuando juega a eso de jugar con él.

    Un abrazo

  6. Alicia… pues qué te diré… la novela sobre un grano puede abrir todo un universo… reventarte uno es un asunto de violencia, dolor y putrefacción que me suena interesante y puede explotar en múltiples direcciones… Por eso creo que es un asunto de idea y de filtro…

    Aira es bueno cuando juega a eso de jugar con él.

    Un abrazo

  7. María, muchas gracias por la 'rebienvenida' a este espacio.

    Es justamente lo que dices lo que me llama la atención: ese carácter de lo publicable. Las historias deben tener la extensión necesaria y punto.

    Y eso es lo que le hace justicia al genio.

    Un abrazo

  8. María, muchas gracias por la 'rebienvenida' a este espacio.

    Es justamente lo que dices lo que me llama la atención: ese carácter de lo publicable. Las historias deben tener la extensión necesaria y punto.

    Y eso es lo que le hace justicia al genio.

    Un abrazo

  9. estimado Eduardo: qué gusto volver a leerte, estoy a punto de viajar a Guayaquil pero antes quería escribirte esto. En verdad, el gran problema es que la mayoría de los libros han entrado al "juego" del marketing, olvidando que una obra perdura en el tiempo y se adecúa o se rebela ante él de diversas maneras.
    De ahí que, por ejemplo, últimamente haya un auge de relatos policiles o de ciencia ficción pero sin salirse de unos esquemas estrictísimos y, peor aún, preocupándose de difundir ciertos "valores" que muchas veces perjudican a los relatos. esa conciencia moralizadora es un lastre para la literatura. Te lo digo porque para la mesa de hoy he estado leyendo mucho de esos géneros y hay poco a qué asirse.
    Lo de la extensión, por tanto, es relativo, y en varias ocasiones se leen cosas nefastas en tan sólo diez páginas.
    Sobre lo que apunta María Helena, pienso que ningún creador se limita ni piensa en esquematizar su talento. Un verdadero creador, claro. y sería interesantísimo leer acerca de cuánto sufrió gente como Tolstoi, dostoviesky, Proust, gasrcía másquez, philip dick, para publicar. o sea, nunca ha sido fácil.
    LO que dice Aira, lógicamente, es para provocar, por ejemplo, estás conversaciones y eso es válido también.
    Un saludo y felicidades por el departamento, si necesitan algo no duden en llamar, Taty se queda representándome hasta el vienes, ja, ja.
    saludos

  10. estimado Eduardo: qué gusto volver a leerte, estoy a punto de viajar a Guayaquil pero antes quería escribirte esto. En verdad, el gran problema es que la mayoría de los libros han entrado al "juego" del marketing, olvidando que una obra perdura en el tiempo y se adecúa o se rebela ante él de diversas maneras.
    De ahí que, por ejemplo, últimamente haya un auge de relatos policiles o de ciencia ficción pero sin salirse de unos esquemas estrictísimos y, peor aún, preocupándose de difundir ciertos "valores" que muchas veces perjudican a los relatos. esa conciencia moralizadora es un lastre para la literatura. Te lo digo porque para la mesa de hoy he estado leyendo mucho de esos géneros y hay poco a qué asirse.
    Lo de la extensión, por tanto, es relativo, y en varias ocasiones se leen cosas nefastas en tan sólo diez páginas.
    Sobre lo que apunta María Helena, pienso que ningún creador se limita ni piensa en esquematizar su talento. Un verdadero creador, claro. y sería interesantísimo leer acerca de cuánto sufrió gente como Tolstoi, dostoviesky, Proust, gasrcía másquez, philip dick, para publicar. o sea, nunca ha sido fácil.
    LO que dice Aira, lógicamente, es para provocar, por ejemplo, estás conversaciones y eso es válido también.
    Un saludo y felicidades por el departamento, si necesitan algo no duden en llamar, Taty se queda representándome hasta el vienes, ja, ja.
    saludos

  11. Supongo que Aira habrá dicho eso del grosor de los libros en un contexto determinado. Porque una afirmaciòn así planteada en general, como sentencia, es un disparate (como son disparates todas las sentencias generales referidas al arte). Ese tipo de apodigmas funcionan para espantar al auditorio, y le funcionan a los "infantes terribles". Pasados los cincuenta años preocuparse de espantar al auditorio es querer seguir siendo "infante", y es patético. Pasados los cincuenta, debe uno dedicarse a ser un anciano terrible, lo que es mucho más intenso, más denso y, por supuesto, mucho más discreto.

    Un abrazo.

  12. Supongo que Aira habrá dicho eso del grosor de los libros en un contexto determinado. Porque una afirmaciòn así planteada en general, como sentencia, es un disparate (como son disparates todas las sentencias generales referidas al arte). Ese tipo de apodigmas funcionan para espantar al auditorio, y le funcionan a los "infantes terribles". Pasados los cincuenta años preocuparse de espantar al auditorio es querer seguir siendo "infante", y es patético. Pasados los cincuenta, debe uno dedicarse a ser un anciano terrible, lo que es mucho más intenso, más denso y, por supuesto, mucho más discreto.

    Un abrazo.

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