Decantar literatura vía internet

imagen tomada de escribosobrelibros.blogspot.com

Con “Diario de las especies”, de Claudia Apablaza, me pasa algo interesante. La forma es lo contundente, pero te deja la certidumbre de algo que al final del día te da la mejor de las sensaciones: la literatura, la potencia de la literatura, está en cualquier sitio, todo parte desde un fondo en común. Claudia habla sobre el germen de una narración que no llega a explotar del todo, porque no lo necesita. Dentro de todo este mundo de autofagocitosis, “Diario…” no sólo es un libro que habla de escritura, de literatura… es un libro que habla de obsesiones y de cómo hacer todo lo posible por transformarlas en algo más vivible… aunque eso signifique comprender de manera definitiva que no se quiere vivir con esa variable.

“Diario…” es la medida perfecta para entender eso que no queremos hacer y el costo que se tiene al precisarlo.

Y es justamente eso lo que lo vuelve algo impresionante…

Dice Claudia en una entrevista que se publicara en 60 watts (hecha por Germán Carrasco) la sintetiza: “Diario de las especies es una novela del malestar de una mujer que no quería ser escritora, ni en el contexto interno y externo en que lo está siendo porque le da asco, frustración y dolor lo hostil y farandulero y mediocre de ese medio, hasta que vivencia una mutación violenta desde ese asco. Una mujer que busca constantemente virarse de ese mundo, cuestionarlo y regresar a otra posibilidad de registro que no es el registro ochentero alambricado y rebuscado en que muchas narradoras apuestan aún su gracia, ni al discurso taquillero, sino que busca regresar, con un lenguaje bastante directo, a su infancia mítica, con dolores de madre, de crecimiento, con pesadillas, con felicidades como el juego con animales y un río de fondo”. Si bien casi nunca uno va a tener al autor que hable de su obra mientras la lees, vale la pena aprovechar esas ocasiones en que se da esa relación cercana.

Las palabras de la autora dan el matiz necesario, pero al mismo tiempo escapan al vicio de contar la novela. En “Diario…” se cuenta mucho, sino no habría razón para leerla. Si bien, repito, es hablar sobre literatura dentro de literatura, el libro se centra en este personaje, A.A., que viaja a Barcelona para escribir y en el camino ‘pierde’ lo que iba a escribir. Algo se escapa. ¿La mejor manera de capturarlo? A través de la tecnología, el blog como medio de reflejo, de poner en evidencia y de enfrentamiento. El blog nos coloca frente a otros y genera la discusión. El blog es entonces el elemento primordial para jugarnos una identidad. A.A. lo acepta así y gracias a los comentarios vemos esos fragmentos abiertos hasta el infinito creando miles de lecturas posibles. “La niña de los sapos”, que es lo que intenta escribir el personaje que se narra en cada post (y en esa parte final donde el discurso se encuentra y estalla en una sola dirección), es una búsqueda de reconocimiento en medio de todo este volcán de ideas. “Diario…” se centra, entonces, en la entropía.

imagen tomada de 60watts.net

Por eso, en medio de la dinámica común de los blogs (comentarios afines o no, solapadores, como ataques, desprovistos de sentido o elucubradores) se produce un ejercicio interesante de ficción: el que todo se vaya de las manos y así crear la apariencia de identidad. La vida entre libros no es tan distante de la vida entre la virtualidad de un blog.

La resolución, en ese universo que se fragmenta y que lucha por obtener algo, llega como una caricia, como un lamento también. La narrativa se vale de todo, de eso que es especialmente humano y los blogs no pueden ser más humanos en este momento: nos manifiestan todo, desde lo doloroso hasta lo ridículo. En ese reflejo, Claudia ha construido una novela que más que atraernos, nos devora… y se agradece.

PD: Había olvidado algo que quería también incluir: un agradecimiento especial a la mamá de Claudia, pues en el envío de la novela me hizo llegar cuatro banderitas chilenas. Una sorpresa fabulosa, que he colocado en el corcho que veo cada vez que escribo, consiguiendo hacer que mi memoria genética se dispare, tomando en cuenta que la familia de mi madre viene de Chile. Un gracias, inmenso.
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