Un escritor realmente comprometido

Me levanto y una notificación de María H. Barrera en el Facebook me da una gran noticia. La entrevista con Juan Andrade Heymann, que sirvió para hacer el perfil, acaba de salir publicada en diario El Telégrafo, con el título que más me apasiona y con una entrada que me costó mucho escribir (y que obviamente se editó un poco, como todo texto periodístico): “Juan Andrade Heymann: El escritor y el compromiso”, en la que redacté: “No va por medias tintas, sobre todo cuando el tema tiene que ver con la realidad del país, a nivel político, y cómo los intelectuales (en este caso la gente dedicada al arte, particularmente a la literatura) no se han manifestado abiertamente. Juan Andrade Heymann es uno de los pocos que desde la escritura ha sabido expresar sus opiniones sobre el régimen, convencido de que la discusión es siempre necesaria, que oír al que piensa distinto es algo que no se puede perder. ¿Por qué sucede así? Por un hecho que él señala y no teme reflejar: “La política del actual Gobierno ha tendido a conquistarlos por medios tentadores, como la creación del Ministerio de Cultura, incorporándolos a cargos públicos y a todo un programa de premios y estímulos”.

El resto del perfil (la sección se llama ‘retratos’) lo pueden leer haciendo clic acá.

Desde luego, hay cosas que no puse en la nota y que quizás podría incluir en este post, como una extensión de lo que fue esa entrevista y velada interesante.

fotografía de Alejandro Reinoso, tomada de eltelegrafo.com.ec

¿Por qué hay poco compromiso o expresión ‘intelectual’ sobre lo que sucede con la situación política actualmente?
Me parece que la política del actual Gobierno, en el terreno de la gente de letras, llamados ‘intelectuales’ (aunque el término intelectual hace referencia a un espectro más amplio, pero son conocidos asi) ha tendido a conquistarlos por los medios más tentadores: con la creación del Ministerio de Cultura, incorporándolos a cargos públicos y a todo un programa de becas, premios y estímulo y los va comprando. Para mí los va comprando (…) Entre los que beneficiados del Ministerio en el 2007, 2008 había gente de todas las disciplinas que se ha callado, que ha preferido callarse y no hablar ni siquiera del funcionamiento del propio Ministerio. Un absoluto silencio.

¿Eso por temor? ¿Por perder algún beneficio?
Seguro, seguro. Yo pienso que es así (…) He visto que hay una política en la página web del Ministerio de Cultura de revelar algunas cosas y ocultar otras y muchos se han beneficiado así (…) Hay cosas muy raras e inexplicables como la hija de un Ministro, que por presentar un poema en escena por tres ocasiones, recibió 20 mil dólares. O el caso de Antonio Ordóñez que por llevar las fotografías que reposan en los archivos de la Casa de la Cultura, del Grupo de Teatro Ensayo, en la época que lo dirigió el italiano Fabio Paccioni, y exponerlas en un local del Ministerio de Cultura, recibió una gran cantidad de plata, aunque no recuerdo el monto…

Eso es por dar varios ejemplos, tomados al azar. Hay otros que están ocupando cargos y han tenido retribuciones mayores.

¿Hay gente que se está aprovechando de la circunstancia, más allá de la ‘conquista’?
Sí. pero habría que hacer todo un análisis detallado y pormenorizado. Esto no quiere decir que sean gente corrupta, sino que las necesidades, en nuestro medio, son tan grandes que, por ejemplo, la gente de teatro, si no tiene auspicios no puede poner en escena ninguna obra. Pero eso no es una política que debe llevar adelante un Gobierno que está encargado, se supone teoricamente por el Estado, por todos nosotros los habitantes del país, de llevar una política cultural clara, eficiente y que dé resultados (…)

Me referiré a un tema más general: la publicación de libros. Está muy bien que se los publique. Que se publiquen muchos, más, sin prejuicios ni discrimen. No es que deban solamente publicar libros de simpatizantes del Gobierno o del Movimiento País, sino de todos, contra toda discriminación alguna, ni por definición políticas, religiosas, ideológicas ni étnicas. Mientras más se publique, mejor. Pero hay que tener cuidado. No es sano, y eso ya se ha probado, que el mero hecho de publicar libros y venderlos en precios irrisorios o regalarlos, no estimula verdaderamente la lectura. Aquí han hecho campañas de lectura, como la Eugenio Espejo, de propiedad de Iván Égüez, que son interesantes porque dejan una secuela de libros publicados, pero eso no basta para que la gente los lea. La estimulación para la lectura, eso lo sabemos todos, es una cuestión elemental, tiene que ser como dicen los pedagogos: estimulacióin temprana. Muchos la reciben en sus hogares, en un ambiente óptimo desde los 7 u 8 años. La otra forma de estimulación es en la escuela. Pero si nuestros maestros reprueban un examen de bachillerato, es claro que no leen. Puede ser que tengan libros en casa, pero no leen.

Se crean colecciones y no lectores…
Sí, incluso puede ser que el hijito de un maestro de 7 u 8 años vea por ahí un libro que le llame la atención, como por ejemplo algo de Mark Twain o “La isla del tesoro” de Stevenson y se ponga a leerlo. Pero eso es una casualidad, no es una política cultural.

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