Tardes de relectura

Andrés Neuman
Para mí es un asunto de placeres momentáneos. Nada como saber que esa primera vez el velo se desgarró y un texto hizo lo que tenía que hacer. De vez en cuando interviene algún capricho para saber qué es aquello que llamó mi atención un tiempo atrás. Hoy tomé “El equilibrista”, de Andrés Neuman y lo revisé casi por inercia. Descubrí las marcas del pasado, esas cosas que señalo y que me encantan. Una especie de recorrido por mi perspectiva el momento en el que tomé el libro por primera vez y empecé a leerlo. No es difícil de internarse en “El equilibrista”. Los aforismos sudan contundencia y gracia, mucha.

imagen tomada de acantilado.es

Recuerdo que me había gustado mucho. Hoy la relectura me hizo recuperar cierta conciencia de quién era cuando lo leí, esa primera vez. Y saltan las marcas:

“La escritura conmueve a los muertos”.

“Un adjetivo es un acto de valor”.

“Muchas veces, cuando estamos a punto de dar vida a un personaje, caemos en la tentación de la literatura y lo convertimos en un símbolo”.

“Nadie puede decidir el destino de un personaje. Mucho menos, su autor”.

“La relación de un autor con sus personajes es moralmente la misma que mantiene con su prójimo”.

“No escribimos sobre un lugar porque procedamos de él, sino para pertenecer a él”.

imagen tomada de letralia.com

O esa parte impresionante de pequeños ensayos (que me suena a lo que intentamos en La Comunidad Inconfesable) en los que con un ligero intento se descubre un universo mayor, y que deja la lección de que a veces tanta palabrería no es necesaria. Transcribo unas líneas de “El mito de la Arcadia y las generaciones”:

“Uno de los recursos más corrientes en los debates literarios de todas las époccas es el de criticar a los jóvenes autores atribuyéndoles una decadente similitud entre ellos, una imperdonable inconsistencia y una escandalosa tendencia al amiguismo, la fama o el poder. A estos ídolos perversos se les opone un modelo ideal -que se sitúa más o menos implícitamente en el pasado o en otro país- en el cual se cifraría la amplitud estética, la ecuanimidad moral y la altura literaria. Olvidan estos detractores contemporáneos que, entodas las épocas y en los demás países, los clásicos del presente fueron los injuriados del pasado (…) ¿Haremos algún día un uso comprensivo de la memoria estética? ¿Leeremos con perspectiva? ¿O seguiremos perpetuamente, generación tras generación, creyendo en las poéticas verdaderas y añorando inexistentes Arcadias? No es que uno crea en el progreso de las artes, pero, ¡si al menos inventáramos prejuicios nuevos!”.

imagen tomada de estanteboliviano.blogspot.com

Luego cierro el libro y disfruto al reconocer que no estoy tan opuesto al que fui. Mi aforismo: Leer es descubrir, releer… una formalidad del descubrimiento.

4 comentarios en “Tardes de relectura

  1. Sentí como haber ido a clases de literatura, y percatarme de que he hecho absolutamente mal todos mis deberes, eso me pasa por andar fumando

  2. Sentí como haber ido a clases de literatura, y percatarme de que he hecho absolutamente mal todos mis deberes, eso me pasa por andar fumando

  3. Recuedo un aforismo de Neumane ( tengo el mismo libro que tú) decia algo así como que el amor entre los seres humanos es imposible porque en el abrazo es imposible hacer coincidir los corazones…

    Valiente, Andres.

  4. Recuedo un aforismo de Neumane ( tengo el mismo libro que tú) decia algo así como que el amor entre los seres humanos es imposible porque en el abrazo es imposible hacer coincidir los corazones…

    Valiente, Andres.

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