La voz poética que implosiona

Leonardo Valencia
imagen tomada de facebook.com

En “Construcción del vacío” (Ediciones Sarasvasti, Nueva York, 2009), de Juan Secaira, existe una voz que recobra la idea de la destrucción, de rebajarse, de ir por el fondo, de bajar a los infiernos… para ‘resucitar’, de alguna forma. Esa es la perspectiva que hace de este poemario, que desde ya está circulando y que será presentado de manera oficial en la próxima Feria del Libro de Guayaquil, una experiencia de múltiples lecturas, más que nada porque el mismo título da la pauta para la hondura, el vacío como “void”, como una caída libre y a la vez como esa sensación de “emptyness” que se puede celebrar en el mundo contemporáneo.

No es gratuito que use los términos en inglés. Hay un grito en “Construcción…” y refleja ambos significados del vacío: infinito y nada… en inglés esas palabras tienen más carácter.

Escribe Leonardo Valencia en la contraportada del libro de Juan: “Construcción del vacío, primer poemario de Secaira, es una construcción con tres esquinas de plenitud: las reflexiones de un yo sobre sí mismo, de un yo en diálogo con un tú elusivo y problemático, y de una voz neutra que reflexiona, despersonalizada, sobre la naturaleza del mundo“. Con estas palabras, Valencia desentraña el texto y si bien da la pauta de la lectura, divide en tres la misma experiencia de ese “yo” que aparece: el enfrentamiento con el exterior y cómo repercute eso con el interior. En ese sentido, personalmente, me ha encantado descubrir un texto de Juan que cuestione el acto de vivir y lo que significa el día a día. Muchos podrían confundir voz poética con autor, ese es el riesgo de la lectura, pero Secaira no está hablando de él precisamente… está hablando de todos.

imagen tomada de facebook.com

Y en ese campo, la humanidad se revela como un cúmulo de bajezas y equívocos: “Solo la piel se mueve/ busca, rompe, desgarra./ El resto es una bolsa/ llena de aire, de vacío”; la batalla parece perdida, pero se la lucha: “Desde el fondo, digo, se oye un susurro/ o finjo escucharlo para no morir/ y vestir de anhelo lo que solo es silencio,/ y de sentido lo que es derrota y sumisión”; pero siempre existe una esperanza externa, magnánima, mesiánica, aunque dudosa: “Sé que un amanecer/ oiré tu voz profética/ y la pureza de tu túnica/ obnubilará el planeta (…) Entonces reivindicaremos/ tu derecho a fallar,/ mi derecho a elegir”.

Esa “Construcción del vacío” es la elaboración de un mapa vital. Construir el vacío es pensar, crear la violencia de la sinapsis; es sentir y jugar con esa explosión que se produce adentro, donde realmente se es, donde todo existe. Al final, lo que queda es renegar de todo, al menos de esa manera se puede crear el vacío que sincera los espacios y los prepara para ser llenados. No hay medias tintas: “El sexo es sucio, asqueroso/ las palabras golpean mi estima/ tatuadas allí, horadar, horadar/ cavar y raspar/ hasta limpiar la estancia,/ vivir”. Así de claro.

Una colección de 23 poemas, con un proemio de Carlos Aulestia (que como me sucede con la mayoría de los textos que leo sobre revisiones poéticas: aburre, confunde y obliga a saltar páginas… a veces detesto la idea por la que hablar de poesía debe ser tan o más poético que el texto que se revisa, en sí), esperan al lector. No suelo recomendar mucho textos poéticos, más que nada porque enfrentarme a ese género se me complica. Sin embargo, a veces, de este enfrentamiento se obtiene literatura, buena literatura… como lo explico hoy.

Juan Secaira, imagen tomada de juansecaira1.blogspot.com

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