Ese monstruo que alguien lleva dentro

imagen tomada de meaus.com

Albert Speer fue el arquitecto de Hitler y también fue Ministro de Armamentos y Guerra en cierto tramo del Tercer Reich. Esa sería la revelación en sí misma. Si a esto le unimos el hecho de que fue el nazi que pidió disculpas en los juicios en Nuremberg. Muchos le han dicho el “nazi bueno”… el problema está que tremendo historial no puede ser borrado con tanta facilidad.

Speer en los juicios dijo que no conocía del Holocausto. Le presentaron una fotografía de él en uno de los campos de concetración, en medio de prisioneros desnutridos. Él lo siguió negando. Casi lo condenan a muerte. Por un asunto administrativo extraño Speer no aparecía en los registros de la SS antes de 1942, entonces su ligazón se pudo poner en duda. Se ganó 20 años en prisión, en Spandau (en Berlín). A su salida de prisión, en 1966, Speer ya era figura infame, publicó un par de libros con sus memorias y en ellos consiguió hacer una imagen de Hitler como la conocemos (quizás fue el único individuo cercano al Führer en hacer un retrato de primera mano): frío, duro y sin ligazón directa con la humanidad. Picture perfect.

Entre sus obras impresionantes, a nivel arquitectónico (propios de la megalomanía del régimen), tenemos la Tribuna del Campo Zeppelin, el área de desfiles de Núremberg (que aparece en El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl) y la Cancillería del Reich, que le valió el respeto de Hitler y su ingreso de lleno al grupo de poder.

Pero sin duda lo que iba a ser su proyecto más ambicioso estaba en la reconstrucción total de Berlín, como una capital eje del mundo, de un nuevo régimen. Las maquetas de sus intenciones se las puede ver en diversas exposiciones que incluso se han visto en Alemania. Eso, tal como lo informa el portal arq.com.mx, refreja hechos que no se pueden negar: “Poco importaban los costos humanos, financieros y materiales a los ojos de los dignatarios nazis para realizar Germania-, explicó Michael Richter, uno de los responsables de la exposición. Hasta la interrupción definitiva de las obras, en 1943, a causa de los bombardeos aliados, Speer llevó a cabo trabajos previos de demolición que causaron el desplazamiento de unas 50,000 personas y la pérdida de algunos barrios históricos. Se cree que Speer alentó directamente la deportación de los judíos de Berlín desde 1938 para dar los apartamentos vacantes a los alemanes de -raza aria- desplazados para construir Germania. La exposición confirma las tesis recientes sobre Albert Speer, quien era “más un organizador de sangre fría al servicio de la espantosa ideología que un arquitecto”, según Michael Richter.

Existe una conciencia de su obra que no niega su participación, su colaboración con un régimen que intentó quemar la tierra para que creciera nuevo pasto, desde su perspectiva, con todo el dolor que eso generó. ¿Un arquitecto de obras monumentales deja de ser arquitecto por su intervención en algo terrible de la humanidad? La vida siempre va a pesar. La mirada del monstruo no deja de ser monstruosa.

Esto lo traigo a colación porque Patricio Burbano, cineast ecuatoriano, en uno de sus recientes estados en el Facebook, escribió lo siguiente: “Fue amonestado (y censurado) por Facebook por abrir una página-homenaje al arquitecto alemán Albert Speer”. Más allá de la polémica porque Facebook cierre una página (sería un poco inmaduro pensar que el Facebook permite todo), queda la perspectiva abierta en una discusión que sintetice si Speer, por ejemplo, merece un homenaje por su obra arquitectónica, desprovista de cualquier discusión sobre el contexto en el que las hizo. Algunos podrían decir que Patricio la pifió, y estarían en lo correcto; otros dirían que Patricio se propuso hacer algo interesante y valiente, y estarían de acuerdo. Ambas posturas tienen sus consecuencias y se deben afrontar como eso: consecuencias.

imagen tomada de imperioromano.com

El caso de Speer es paradigmático. Recuerdo la escena de “Faraway… so close”, en ese museo alemán, donde Cassiel llora con ese grito a lo Munch ante el arte que está viendo miembros de la SS. ¿Dónde está el arte? Una muy buena pregunta. Cuando se expone algo con tanta contundencia, es importante reconocer que en un lugar público (FB lo termina siendo) hay que tener ciertos recaudos. El problema en lo que cae Patricio está en una palabra “homenaje”. Quizás no fue lo acertado en ea circunstancia. La premisa es que nada debería estar prohibido, pero siempre hay algo que mejor se lo dice de otra manera. Pero esto no va por ese lado, sino por el hecho de que siempre va a ser la vida la que supere a la obra, esa perspectiva no es tan alejada de lo que muchos podrían pensar. Incluso en la mirada del espectador eso es lo que resulta relevante: un nazi arquitecto puede dejar de ser aquitecto, pero no nazi.

Y he ahí el problema de toda esa polémica, que tiene más de 2o comentarios entre varios de los contactos de Patricio, como el gran pianista quiteño Boris Cepeda (que ya anuncia una mesa de discusión sobre el tema el próximo septiembre) y el cineasta Alex Schlenker. Existe una contundencia en la vida del autor que impregna totalmente la obra. ¿Es eso lo que se debe hacer? Pues eso es inevitable, si bien una obra debería defenderse por sí sola… aunque existen excepciones. Lo contrario exige un proceso de abstracción que no todos pueden realizar y eso simplemente es un hecho, al que no hay que darle más vueltas. La pregunta va por otro lado: ¿hasta qué punto una obra ha servido como apología o legitimación de una locura? Quizás de esa manera podríamos tener una perspectiva más justa e incluso no ignorar lo monstruoso porque ha dolido mucho y no vale traerlo a colación.

Es en esa ignorancia en que podríamos caer una y otra vez en el mismo error. Speer un arquitecto en un régimen nefasto, que sirvió con sus grandes obras en darle una imagen magnánima y justificarlo a los ojos de muchos. No se trata de ignorar la obra, se trata de no ignorar nada, colocar todo y obtener la síntesis del acto.

Lo de FB no es tan importante. Si FB cerró la página que abrió Patricio por un deseo de ser políticamente correcto, pues es un error terrible y desagradable. Si lo hizo porque hay ciertas cosas que prefiere no retratar debido a lo que involucra o significa, pues no hay que reclamarlo (en todo sitio existe cierta normativa que hay que respetar para estar ahí). Muchas de las personas que se unieron a su página debieron ser personas que aprobaban el nazismo, otros que no les importó el pasado de Speer y otros que ni siquiera sabían nada. Y con esto no critico nada, sino que involucro la duda en medio de una reflexión sobre arte y obra. Es muy fácil romper esto y abrirle el camino a un homenaje sin sentido o perspectiva. Y eso es importante. El arte se discute en el contexto de la humanidad. Y el ser humano tiene toda su historia en el adn. Y vale enfrentarse a la obra de Speer como lo que fue.

imagen tomada de wikimedia.org
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4 comentarios en “Ese monstruo que alguien lleva dentro

  1. “sino por el hecho de que siempre va a ser la vida la que supere a la obra” muy interesane la nota. Siempre pienso a muchos personajes grandes del arte que se encuentran en medio de estas palabras. Borges mi favorito.

  2. “sino por el hecho de que siempre va a ser la vida la que supere a la obra” muy interesane la nota. Siempre pienso a muchos personajes grandes del arte que se encuentran en medio de estas palabras. Borges mi favorito.

  3. Sé que en Alemania y otros países europeos hacer apología del nacionalsocialismo o negar el holocausto, es un delito. ¿Hasta que punto esto es una expresión de respeto por el sufrimiento humano y en qué momento se convierte en limitación a la libertad de expresión que tanto ponderamos? Al fin y al cabo siempre existe la otra cara de la moneda.

    Pues sì, en la confrontación dialèctica se encuentra lo más aproximado a una síntesis.

  4. Sé que en Alemania y otros países europeos hacer apología del nacionalsocialismo o negar el holocausto, es un delito. ¿Hasta que punto esto es una expresión de respeto por el sufrimiento humano y en qué momento se convierte en limitación a la libertad de expresión que tanto ponderamos? Al fin y al cabo siempre existe la otra cara de la moneda.

    Pues sì, en la confrontación dialèctica se encuentra lo más aproximado a una síntesis.

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