La leyenda de los discos perdidos (artículo publicado en la revista Mundo Diners de este mes… para quienes no reciben la revista)

The Beatles
El año es 1966. Los Beatles son los reyes, los que establecen el ‘estandar’ a seguir para otros grupos y cantantes. EMI, su disquera, los mima; los deja salirse con la suya. Desde hacía 10 años, el rock se había convertido una gran fuente de ingresos para las discográficas y algunas cuidaban a sus ‘gallinas de los huevos de oro’; otras en cambio no. Seguimos en 1966, Capitol es la discográfica en Norteamérica de los Fab Four y decide hacer ‘cambios’ en los discos de Los Beatles: altera el orden de las canciones o simplemente quita algunas y pone otras de un disco anterior. Eso molesta a los ingleses, pero a Capitol no le importa; solo le interesa vender, vender y vender y esa actitud afectó, como a nadie, a Brian Wilson, líder y compositor de los Beach Boys, quien veía en los cuatro de Liverpool su mayor competencia a nivel creativo.

imagen tomada de amateurism.files.wordpress.com

Brian Wilson había trabajado los últimos meses de 1966 en el disco “Smile”, al que definió como “una sinfonía adolescente para Dios”. Y el trabajo lo había agotado. Andaba en su bata de dormir por el estudio, ubicado en su casa en Bel Air; decía que otros músicos y productores lo querían controlar y matar; estaba paranoico y depresivo; tomaba medicamentos, cualquier pastilla que le llegaba, anfetaminas o cocaína; no entendía por qué no lo dejaban hacer el disco que él quería, tal como lo hacían los Beatles. Sabía que debía hacer un mejor trabajo que ellos, que los Rolling Stones o que Bob Dylan, que estaban en lo más alto por entonces. Tenía problemas legales y monetarios por las regalías con Capitol; “Pet Sounds”, su disco anterior (y que con los años sería considerado una de las obras maestras del rock) no había vendido nada bien, aunque fue alabado por la crítica. Una mañana había llegado al estudio con los discos de oro que había ganado y se los regaló a sus músicos. A veces nadie comprendía lo que pronunciaba; la propia banda estaba descontenta con el disco que estaba produciendo porque no lo veían como un disco beach boy, como algo que sus fanáticos iban a comprar (sobre todo su primo, Mike Love, quien hacía de cantante principal). Hasta que llegaron dos momentos definitivos: 1) La tarde en que escuchó por la radio el single de Los Beatles, “Strawberry Fields Forever” y se dio cuenta de que se le habían adelantado, que todo estaba perdido, y 2) El anuncio que hiciera Capitol, el 6 de mayo de 1967 (semanas antes de que se publicara el ‘Sgt. Peppers…’, de Los Beatles): “Smile” sería guardado en un cajón y no vería la luz.

Brian Wilson, imagen tomada de thomasontracts.files.wordpress.com

Si bien algunas canciones de “Smile” aparecerían en otras versiones en los siguientes discos de los Beach Boys, no sería lo mismo. Brian Wilson haría ‘crac’, tendría una crisis de la que no saldría años sino hasta más tarde. Pero tendría su venganza cuando casi 34 años después lance “Brian Wilson presents Smile”. No como la versión original que intentó en los 60’s, pero al menos como prueba de la lucha por llevar adelante una obra.

imagen tomada img91.imageshack.us

“Smile” es la quintaesencia del disco perdido. Una obra que nunca salió, un disco que pudo ser la joya más grande de la música pop, pero que quedó relegado por alguna decisión empresarial. Como él hay muchos en la historia de la música popular, desde aquellos que no se completaron por decisión de los artistas, por batallas legales, por desacuerdos con las disqueras e incluso por la muerte de los participantes… Algunos han conseguido aparecer de alguna manera (sin terminar, desde luego), o en otras versiones… pero nunca como inicialmente fueron pensados. A continuación, seis ejemplos de estos discos perdidos:

First rays of the new rising sun (Primeros rayos de nuevo sol naciente): Jimi Hendrix tenía en 1970 un disco a punto de terminar. Era la continuación a su “Electirc Ladyland” y lo había grabado en su estudio en Nueva York. Sólo faltaban los toques finales y él lo dejó así porque debía cumplir una obligación contractual que ya había adquirido, en Inglaterra, así como una pequeña gira por Europa. Viajó y tocó en el Festival de la Isla de Wright (existe un documental sobre ese concierto), dio shows como nunca hasta que el 18 de septiembre de 1970, se tomó de golpe la vida, bebiendo pastillas para dormir de más y ahogándose en su propio vómito. Era muy joven, tenía 27 años cuando murió. El disco, entonces, quedó sin acabar.

imagen tomada de img529.imageshack.us

En 1997, la familia del guitarrista norteamericano decidió tomar esas grabaciones y terminarlas. Eddie Kramer, el ingeniero de sonido de Hendrix (quien estuvo en las grabaciones del disco) fue escogido para acabarlas según lo que él pensara era el deseo de Jimi. Así, “First rays of the new rising sun” apareció como un disco de canciones nuevas, 27 años después de la muerte de su autor. Claro, lo que se escucha es una aproximación, nada más. Nadie nunca ha conocido cuál fue el deseo de Hendrix con este disco, así que no ha quedado más que usar la imaginación.

El escritor Lewis Shiner intenta usarla en su novela “Glimpses”, de 1993, por la que ganó el World Fantasy Award. En ella, el protagonista viaja en el tiempo para evitar la muerte de Hendrix y así darle la oportunidad de terminar su último disco. Algo que solamente resulta posible en la ficción.

Sessions (Sesiones) y Let it be (Déjalo ser): Si bien no era un disco que se grabó con esa intención, EMI tenía tanto material inédito de Los Beatles, canciones que habían quedado afuera de los discos oficiales u otras versiones de temas conocidos, que en 1985 lanzó el proyecto de 13 canciones que nadie había escuchado y un disco sencillo. Sin embargo se chocaron contra el rechazo menos esperado: los tres beatles vivos en ese momento (Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison) y la viuda de John Lennon, Yoko Ono, se opusieron a su salida. Dijeron que si no habían sido lo suficientemente buenas para entrar en los discos, por qué sacarlas en ese momento. Negocio perdido, millones sin ganancia, un disco que muchos hubiesen querido tener. Años después cambiarían de parecer y las canciones aparecerían en el multimillonario proyecto: “The Beatles Anthology”, de 1996; ahora sí, lo suficientemente buenas como para ser escuchadas.

imagen tomada de fab4collectibles.com

“Let it be” nació como el proyecto de 1969 de Los Beatles, debía ser un disco de ellos tocando en vivo, los cuatro músicos, con la inclusión de Billy Preston en los teclados. Al final las grabaciones quedaron ahí, guardadas. Era la época en que se llevaban mal, en que no eran los mismos amigos de la adolescencia. Múltiples ensayos y un concierto en la azotea del edificio de su compañía, Apple, era todo lo que existía. Ellos detestaban el disco. No fue sino hasta que John Lennon y George Harrison le entregaron las cintas a Phil Spector (productor norteamericano, famoso por ser uno de los artífices del rock and roll y de la llamada “pared de sonido”: usar todos los instrumentos posibles y coros para que la canción suene como algo gigante) que el álbum tuvo cierto sentido y pudo ser terminado, saliendo en mayo de 1970, con el rechazo de Paul McCartney, quien sintió que la idea original del disco (Los Beatles tocando en vivo) se había traicionado con la inclusión de Spector en la producción. 33 años después Paul tuvo su momento de gloria con la edición de “Let it be… naked’, disco que intenta rescatar en algo la intención original del proyecto, sin la mano de Spector, ni sus orquestaciones o grandes coros.

imagen tomada de haakonst.files.wordpress.com

Celebration of the Lizard (Celebración del lagarto): Más que un álbum, que un disco perdido, ‘Celebration…’ era un tema que se transformó en la idea para un tercer disco de Los Doors, con un Jim Morrison empecinado en hacer una obra que mezclara declamación poética, ruidos, música y algo de melodía. La canción debía durar todo un lado del Lp. Febrero de 1968, Morrison llega con los textos de los poemas a los que titula “Celebración del lagarto”, en donde decía: “¡Soy el rey lagarto puedo hacer lo que sea!”. El resto del grupo le siguió el juego y durante semanas llevaron adelante esta pieza y nunca se sintieron contentos del todo. Entonces, con la venia de los productores, la banda dijo: “No”. No hubo celebración y el disco de ese año terminó con otra idea, llamándose “Waiting for the Sun”. Al final, lo que quedó de “Celebration…” es una versión en vivo (que está en el disco ‘Absolutely Live!”, de 1970), una primera grabación que formó parte de su disco de grandes éxitos del 2003 y una de sus partes, “Not to touch the earth”, convertida en canción e incluida en el real tercer disco del grupo.

Ha sido y Kill Gil: Charly García ha grabado discos que se quedan ahí, guardados. En 1975, Charly se llamaba Charlie y estaba en Sui Generis. Habían lanzado un disco llamado “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones” al que no le fue bien. Fanáticos y productores criticaron el hecho de que se habían salido de la línea acústica y sensiblera de sus anteriores álbumes. Entonces el siguiente disco, titulado con cierto tino “Ácido” (luego rebautizado como “Ha sido”) ya listo para salir, fue retenido por la disquera, que no quería otro fracaso, perder dinero. Entonces Charlie decidió disolver al grupo y buscar otras formas de tocar esas canciones que ya estaban grabadas. De “Ha sido” únicamente sobrevivieron 2 temas, que se incluyeron en el único disco sencillo de Sui Generis: “Alto en la torre” y “Entra”.

imagen tomada de farm4.static.flickr.com

Años después, en el 2007, Charly entra a grabar un disco en el estudio de su amigo Palito Ortega. Lo hace con candidez, es un ambiente perfecto para el proceso, acompañado con asados, vino y conversaciones familiares. El disco obtuvo un nombre, “Kill Gil”, y una fecha de salida… hasta que alguien tuvo la fabulosa idea de filtrarlo por intenet y desde ahí se convirtió simplemente en un álbum de descargas. Charly acusó a su hijo Miguel de haberlo hecho y desde ahí están en una disputa pública que no ha terminado. La versión que muchos fanáticos tienen no es la definitiva y eso, acompañado al hecho de que EMI Music anunciara que no lanzaría el disco porque “ya todos lo tienen”, hizo que el cantante cayera en una vorágine de destrucción que concluyó hace varios meses, cuando la justicia argentina ordenó su reclusión en un sanatorio para un tratamiento de desintoxicación. Hoy está recuperado, revisa las grabaciones de “Kill Gil” y está agregando más canciones para lanzar el álbum el 2009. Trata, desde la convalecencia, de no perder este disco.

imagen tomada de 45rpm.com.uy

La lista es interminable y tiene, entre otros, a Prince como el músico con más discos perdidos, pero eso no le incomoda a él, ni a nadie. Actualmente, gracias a Internet (salvo el caso de Charly, reseñado arriba) la música encuentra un vehículo de distribución y los discos no se pierden ya. Las grabaciones piratas, llamadas ‘bootlegs’, llegan a los fanáticos; incluidas las oficiales, con bandas y solistas presentando discos directamente en la web, para ser descargados gratuitamente.

imagen tomada de blog.fmrockandpop.com

La historia estuvo a punto de repetirse con un disco considera perdido por mucho tiempo, pero encontrado luego de 15 años. “Chinese Democracy” de Guns and Roses, recibió fecha de salida el 23 de noviembre pasado por parte de Geffen Records. Luego de años de negociaciones y de gastar casi 30 millones de dólares en su producción, el álbum (que circulaba por Internet en una versión pirata) rompe la leyenda e intenta encontrar su vida propia, más allá de las elucubraciones, y supone un triunfo, al menos para el grupo y para una obra que estaba en boca de muchos fanáticos del rock, que la habían transformado en un sueño irrealizable. La moraleja está en que a veces esos discos no se pierden del todo… sólo es cuestión de paciencia.

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