Un dilema moral

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imagen tomada de vmixcore.com

Ahora parece que recién se piensa en los alcances del periodismo. Supongo que lo único que puedo decir en provecho de un Presidente que habla a veces de más es que ha venido a remover el tablero de ciertas actividades, pero ¿de eso se trata? ¿De saltar en defensa o en ataque de una profesión por la perspectiva ideológica que sea el “sabor del mes”? Incluso así me parece muy pobre. Las reflexiones sobre el periodismo deberían ser eternas, porque si bien toda profesión tiene su ética, en esta en particular es mucho más fácil caer en faltas, ataques, horrores y mentiras… no únicamente por mala intención, sino por mala ejecución.

Pero siempre hay más, mucho más.

¿Existe prensa corrupta en el país, como aclara el Presidente? El margen inicial de respuesta sería precisar ese carácter de corrupción. Porque supongo es necesario, partiendo de la perspectiva errada y falaz de confundir a medios con prensa (porque hasta eso hay que definir con propiedad), la ubicación de las empresas ligadas con la comunicación como un rival político, por parte del Presidente, es simplemente una jugada maestra… que debería ser más evidente de lo que se asume. Durante la campaña de su elección, el Presidente permaneció en los medios, nunca manifestó un rechazo abierto, sino todo lo contrario. Una vez en el poder, la expresión “prensa corrupta”, cuando algunos periodistas o figuras de opinión pública empezaron a manifestar su contrariedad por algunas decisiones ejecutivas, hizo su aparición. Ahora el periodista que medianamente critica o realiza una nota en la que el Gobierno quede con alguna pata cojeando, es corrupto. Para el día de hoy, el Gobierno usa canciones de Víctor Heredia y Piero para decir que los diarios publican porquerías y mienten.

Claro, durante mucho tiempo de su mandato los medios que estuvieron a cargo de los banqueros que quebraron a muchas familias al llevarse sus ahorros (los Isaías y sus medios: TC Televisión y Gamavisión, por nombrar dos) nunca recibieron ni siquiera una gota de rechazo presidencial. De la noche a la mañana embargaron esos medios, eso sí, y con justa razón, pero en una obvia maniobra política en pro de esa eterna campaña en la que todavía nos encontramos. Nunca habló mal de esos medios, cuando era obvio para todos que los intereses de los Isaías siempre aparecían en editoriales de los noticiarios de TC Televisión y bellos intentaban blanquear su imagen con los medios que poseían. Y eso, sí que es corrupción y de la más burda.

imagen tomada de medejasprivada.blogspot.com

Pero, ¿qué es corrupción, entonces? Creo, y lastimosamente esto es así, que los conceptos periodísticos que se manejan a nivel público no son los mismos que se vuelven objeto de discusión dentro de la propia profesión. Es como si en público la gente discutiera que los médicos no curen como lo hacían en el siglo XIX y consideren que no hacerlo así es ser inmorales y se los ataque. Cada profesión tiene su dinámica y si escojo a los médicos es justamente por su ética: salvar la vida de enfermos. Asumir con conciencia absoluta que el periodismo tiene que reflejar la verdad es caer en un error. Mi hermano puede ser una persona graciosa y cariñosa, la fuente de alegría de mi familia, pero también resulta que es un ladrón de saco y corbata y se ha llevado millones de dólares de una empresa, dejándola en la quiebra. ¿Cuál es la verdad? Ambas, una destruye a la otra, pero ambas son verdad. ¿Qué es lo que importa entonces en la práctica? Ser lo más veraces posibles, comprobar, analizar en base a los hechos. El concepto periodístico es el de la veracidad, si eso no existe… pues no hay profesión.

El Presidente se queja continuamente de la prensa. Dice prensa, pero luego afirma que son los dueños de los medios y que él siente apego por los periodistas. Pues entonces sería bueno que no siga confundiendo los términos. El “Primer Mandatario” asegura que los medios siempre pasarán lo negativo… y esa es una discusión que habría que desarrollarla de mejor manera. Es cierto, los diarios, noticiarios y programas radiales presentan una mirada alarmante de la sociedad. Pero la discusión no puede ser presidencial, no se la puede politizar. El error de Rafael Correa está en considerar que los medios deben pasar lo bueno que hace el Gobierno y no los errores, porque eso, para él, es buscar la desestabilización. Si se parte de esa premisa, cualquier silogismo será negativo. ¿Y si la mayoría de los medios buscan que la situación mejore?

Es mucho más sencillo echar la culpa al otro, en este caso al medio. Durante la época de la Asamblea, la cineasta Tania Hermida, que era parte de la mayoría del movimiento de Gobierno, apareció en rueda de prensa hablando de la posibilidad que se tenía para incluso cambiar los símbolos patrios. Eso causó tal revuelo social y en medios de comunicación, que se acusó al movimiento de Gobierno de querer cambiar todo por cambiarlo. Tania Hermida apareció de inmediato acusando a los periodistas de ponerle palabras en su boca, que ella no había propuesto nada, sino afirmado que hasta eso se podía hacer en la Asamblea que buscaba crear una nueva Constitución. Un canal decidió pasar en su noticiario estelar toda la declaración larga de Hermida (sin edición) en esa rueda de prensa. Y se la escuchó decir que ella estaba proponiendo (sí, fue una propuesta) ese cambio de escudo, del que tanto de habló entonces. Ella nunca más volvió a decir nada.

Y así es siempre. El Presidente dice que los medios sólo muestran lo malo (las escuelas en mal estado en el inicio de clases en la Costa, por ejemplo, y que no llegarían ni al 1% de todos los establecimientos) y no lo bueno, para minutos más tarde decir que ellos (se refiere a su Gobierno) no necesitan que le reconozcan lo que hacen bien porque para eso lo eligieron. ¿Entonces?

La profesión está bajo escrutinio porque se ha transformado en actor político. Nada más importa. Las armas son evidentes y mientras se las deja sobre la mesa y se discute cómo una tendencia de ver el mundo es mejor que otra, el periodismo se estanca en opiniones sin sentido, que no le competen. En falacias. ¿Dónde está la libertad de expresión? ¿La información es un bien público? ¿Por qué tiene que ser un bien público? ¿Lo público es mejor que lo privado, o viceversa? La discusión se sigue manteniendo en niveles iedológicos y sociológicos, como veo en este artículo de Gustavo Abad, publicado en diario El Telégrafo (y que reprodujera ciudadanía informada, y así no habrá una respuesta válida. ” ¿Qué prensa quiere Correa?, se pregunta la revista Vanguardia. Qué nos importa la prensa que quiera Correa, digo yo. ¿Qué prensa estamos construyendo los periodistas, académicos y otros intelectuales con mayor o menor participación en los medios?”, escribe Abad. Y yo me aterro… ¿por qué los académicos e intelectuales deben construir la prensa? Eso me suena a ese capítulo de Los Simpson cuando los intelectuales de Springfield deciden ordenar la ciudad.

imagen tomada de ociocritico.com

Lo cierto es que la práctica periodística va más allá de si trabaja o no con un bien público (como si ese concpeto pudiera ordenar algo). El periodismo es una práctica moral y si el periodista pierde ese horizonte, por vagancia, por olvido, por miedo a perder el empleo, pues se vuelve un simple mercader y pierde toda posibilidad de salir de ese agujero. La nota de Abad muestra el acoso interno del periodista en los medios (la pueden y la deben leer… clic acá), pero eso es nada. Ese acoso debe vivirlo cada periodista en su interior en cada nota que hace. Porque más allá de jugar con un bien público (perdón que insista, pero es mirarlo todo desde una perspectiva que no sirve para nada más que teorizar todo e interferir en la práctica), se juega con otras personas, con otro seres, con la vida de una colectividad… y eso no depende de ninguna ideología, postura académica, medio y Gobierno. Depende de cada uno. Por eso la gente que se queja de que tienen que ceder a presiones de sus editores por una nota (o de los dueños de los medios), pues los comprendo y a la vez les aseguro que no están siendo víctimas, sino victimarios.

El periodismo es una profesión con un estandar moral alto y si no lo tienes… pues busca otra cosa.

8 comentarios en “Un dilema moral

  1. Complicado el tema. Para mi es muy difícil ser imparcial, tomando en cuenta que mi familia sufrió y sigue sufriendo males terribles causados por la inmoralidad de ciertos medios de comunicación. Y no hablo de periodistas puntuales porque no existen nombres, pero sí es evidente la postura que asumen ciertos periódicos, ciertas radios, ciertos canales, ante tal o cual situación política. He vivido en carne propia el conflicto y he comprendido que la prensa no es actor político, es herramienta política, seguramente la más poderosa, incluso más si cabe que la cuestión económica.
    En nuestro país hay pocos periodistas. Los rostros de los medios de comunicación corresponden a gente muy poco preparada, con mínimas nociones de lo que implica la profesión y mucho menos conceptos éticos.
    La ética periodística es como la ética médica, delicada, trascendente, decisiva.
    Y hay que dejar de confundir la “libertad de prensa” con el libertinaje de expresión que hacen muchos medios, creando tensión social, desdibujando la realidad, insultando la dignidad y la inteligencia de la audiencia.
    Ojalá en algún punto el periodismo sea realmente autónomo y no solamente un medio, un escalón para que asciendan los que lo financian.

  2. Complicado el tema. Para mi es muy difícil ser imparcial, tomando en cuenta que mi familia sufrió y sigue sufriendo males terribles causados por la inmoralidad de ciertos medios de comunicación. Y no hablo de periodistas puntuales porque no existen nombres, pero sí es evidente la postura que asumen ciertos periódicos, ciertas radios, ciertos canales, ante tal o cual situación política. He vivido en carne propia el conflicto y he comprendido que la prensa no es actor político, es herramienta política, seguramente la más poderosa, incluso más si cabe que la cuestión económica.
    En nuestro país hay pocos periodistas. Los rostros de los medios de comunicación corresponden a gente muy poco preparada, con mínimas nociones de lo que implica la profesión y mucho menos conceptos éticos.
    La ética periodística es como la ética médica, delicada, trascendente, decisiva.
    Y hay que dejar de confundir la “libertad de prensa” con el libertinaje de expresión que hacen muchos medios, creando tensión social, desdibujando la realidad, insultando la dignidad y la inteligencia de la audiencia.
    Ojalá en algún punto el periodismo sea realmente autónomo y no solamente un medio, un escalón para que asciendan los que lo financian.

  3. Anónimo, nunca escribí eso…

    pero al menos siempre que estoy haciendo una nota me cuestiono si estoy o no faltando a la realidad con mi mirada…

    Escribo una nota con mucho miedo… justamente por eso.

    Y eso no al menos, para mí, es buscar ese estándar… No es tenerlo…

  4. Anónimo, nunca escribí eso…

    pero al menos siempre que estoy haciendo una nota me cuestiono si estoy o no faltando a la realidad con mi mirada…

    Escribo una nota con mucho miedo… justamente por eso.

    Y eso no al menos, para mí, es buscar ese estándar… No es tenerlo…

  5. Silvi, el problema central es la mezcla absoluta de perspectivas, de conceptos…

    Y lo peor, como lo refleja la estupidez del anónimo que comenta antes que tú, es que la discusión para muchos es inútil.. Nadie está libre de pecado. Entonces la sumatoria da como resultado una catástrofe.

    Sigo creyendo que un asunto que hay que mirarlo desde lo moral. Y las empresas no deben verlo así, y los gobierno no porque tiene mucho de poder en juego. En ese sentido tienes razón cuando dices que es una herramienta política. Pues evitar o estar de acuerdo con eso es una decisión que revela el grado de conciencia de cada uno de los periodistas y ahí está el truco.

    Si los periodistas de TC se quejaron en el momento de la incautación por el temor de perder sus puestos de trabajo… pues no tenía cara, por más que haya sido un trabajo regulado, trabajaban para prófugos y al final eso se revierte, pasa factura…

    Un abrazo

  6. Silvi, el problema central es la mezcla absoluta de perspectivas, de conceptos…

    Y lo peor, como lo refleja la estupidez del anónimo que comenta antes que tú, es que la discusión para muchos es inútil.. Nadie está libre de pecado. Entonces la sumatoria da como resultado una catástrofe.

    Sigo creyendo que un asunto que hay que mirarlo desde lo moral. Y las empresas no deben verlo así, y los gobierno no porque tiene mucho de poder en juego. En ese sentido tienes razón cuando dices que es una herramienta política. Pues evitar o estar de acuerdo con eso es una decisión que revela el grado de conciencia de cada uno de los periodistas y ahí está el truco.

    Si los periodistas de TC se quejaron en el momento de la incautación por el temor de perder sus puestos de trabajo… pues no tenía cara, por más que haya sido un trabajo regulado, trabajaban para prófugos y al final eso se revierte, pasa factura…

    Un abrazo

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