El doctor is in da House

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Hoy resulta interesante decir que veo “Dr. House” sobre todo luego de la nota que encontré en el suplementeo adn cultura de La Nación. Y sí, ahora como producto de consumo intelectual, la serie que tiene de protagonista al gran actor y pianista, Hugh Laurie juega a lo literario, con esas relaciones entre House y Sherlock Holmes (cuyos apellidos empiezan con la misma letra)… entre otras cosas. El punto es que una revisión de la serie que uno ve casi a diario, a las 23:30 por Universal, se convierte en un acto de confidencia.

Dr. House , es claro (sic), supone una reacción contra la novela negra, y sólo podía surgir, paradójicamente, en una sociedad cuya preocupación por la salud alcanza niveles demenciales mientras que a su sistema de salud sólo pueden recurrir los afortunados. Pero volviendo al punto (¿cuál de ellos?). Lo más interesante de esta renovación es que ahora el nombre del asesino ya no importa. Sabemos de antemano que la enfermedad es el criminal por antonomasia y House, el Sherlock Holmes que investiga su etiología (su modus operandi ) como si se tratara de una conspiración que hay que detectar y combatir con el propósito de restituir el orden perdido. Si la enfermedad es el criminal, en Dr. House el paciente es su cómplice. “Todos mienten”, afirma siempre el protagonista. Es su regla, su máxima, la afirmación que define el objeto de su oficio. Y su labor es descubrir cómo se urde y prospera esa mentira que obstaculiza la eficacia de su diagnóstico clínico. Dr. House , en el fondo, es una versión aggiornata de la obra teatral que introduce al primer detective de la historia de Occidente: Hamlet. Apoyándose sobre su bastón de opereta para deslizarse sobre la superficie de ese universo (Universal Channel) demencial y caótico, este príncipe de los médicos con dolor de piernas sabe que hay una verdad que sacar a la luz, siempre”, afirma Daniel Guebel en la nota “El héroe cínico“.

La serie, creada por David Shore, se sostiene en este doctor, graduado en enfermedades infecciosas, que dirige a un equipo de investigación médica, quien adicto al Vicodin (por un accidente del pasado que lo dejó sin un músculo en su pierna izquierda) trata de encontrar lo que hay detrás de los pacientes que llegan. Busca indaga, investiga. Lucha en contra de las enfermedades, a favor de algo que se acerca a la reverencia. No existe ningún otro elemento de valor. Y por lo general esa vanidad se manifiesta cada vez que abre la boca. La arrogancia de Gregory House está en que siempre existe la posibilidad de que tenga la razón. No le queda más remedio que ponerla en práctica. ¿Qué quiere probar? Que el paciente va a tratar de mentir, pero su cuerpo no. Y los síntomas están ahí para indagar. El paciente, y eso es lo que vuelve a la serie en algo impresionante, no son personas, sin pacientes. Recuerdo el capítulo en que House lucha por salvar la vida de un condenado a muerte (de esos “dead man walking”) y lo hace, dejando de lado a una mujer joven con síntomas que él supone son de cáncer. ¿Por qué? Porque le interesa cumplir su trabajo, sin mirar otra consecuencia que no sea él.

Entonces, Gregory House es malo. Pero pregunto, ¿será?

” Palabras, palabras, palabras. No escuché a nadie que criticara abiertamente Dr. House ; nadie objeta su sabiduría narrativa, la densidad y comicidad de los episodios, la optimista prevalencia de casos de cura por sobre los de entierro. Pero sí me ha tocado en suerte advertir un cierto disgusto por un presunto uso y abuso de los poderes del lenguaje. La serie está sobrescrita, se dice. Desde luego que lo está si se la compara con las mendicantes telenovelas de la tarde, orgías de la emoción que postulan la atonía de la inteligencia porque dan por hecho que en toda mujer se esconde una idiota en acto (…) En Dr. House los personajes no hablan como personas, sino como las personas lo harían si pudieran. El efecto que se busca no es el de subrayar la “naturalidad”, es decir, la subordinación coloquialista a las inflexiones de una época (cualquier época), sino el de obtener una duración distinta del asunto. Cada capítulo de la serie perdura más allá del tiempo de su emisión, porque funciona como un emisario de un ideal de perfección lingüística, algo que por supuesto no existe. Siendo como es, rico, suntuoso, irónico y adversario de los chantajes de la retórica sentimental, ese lenguaje se construye como una catedral gótica: pieza por pieza, cada frase es una gárgola, un objeto suntuario, pero cuya acumulación sirve en el fondo para lanzar al espectador, que sigue y sube absorto el encabalgamiento de los diálogos, a su opuesto necesario y a su consumación: el momento en que House (o Cameron, o Wilson, o Cuddy, o Chase…) se ven golpeados por una réplica que es la coronación de una serie de frases como dardos. Recién entonces, cuando el espectador y los personajes han quedado extenuados de tanta brillantez, en que ya no se puede decir ni escuchar (ni leer) nada más, recién en ese momento el guión concede su lugar al verdadero arte del actor, que deja su lugar de mono parlante para que todo el lenguaje, concentrado, palpite en el silencio. En ese segundo exacto, la serie, como una pieza teatral clásica, arma la tramoya perfecta: los televidentes creemos que estamos asistiendo a la revelación de un alma”, cuenta Guebel.

Leo eso con la idea de las estructuras de los capítulos y esas relaciones interminables entre House y Holmes (que incluye hasta la dirección de sus respectivas casas o que ambos toquen instrumentos musicales) y recupero el impacto de la estructura. La enfermedad es esquiva, House la pierde de vista y las palabras no funcionan, no hay revelación mayor en ese instante. El doctor está por lo general en compañía de su buen amigo Wilson (un Watson interpretado por Robert Sean Leonard) y en ese momento la verborrea se escabulle, a seis minutos de que el capítulo termine. La solución de la enfermedad se da por algo que Wilson exclama y que House atribuye como respuesta. Él puede ver más allá. El silencio lo aplaca. Él ha vencido. Quizás no entendamos el nivel médico de lo que se dice, pero eso no interesa. El detective gana y tal es el nivel de esa falta de naturalidad de triunfo que nos sentimos felices por lo que pasa. Es lo que dice Guebel en su nota: no es real. De eso se trata. House es fabuloso porque es ficción y ese triunfo, por sobre cualquier otro, es lo que le da más valor.

imagen tomada de journaldesseries.com

No es un médico luchando por la vida de sus pacientes, es un ser investigando… de la mejor manera que se lo pueda inventar.

6 comentarios en “El doctor is in da House

  1. también veo la serie; algunas frases del dr. son geniales, como cuando dijo que las personas ern agradables hasta que les salían los dientes, o algo así. El doctor es genial, porque combina su talento con un espíritu cínico inigualable.
    saludos,

  2. también veo la serie; algunas frases del dr. son geniales, como cuando dijo que las personas ern agradables hasta que les salían los dientes, o algo así. El doctor es genial, porque combina su talento con un espíritu cínico inigualable.
    saludos,

  3. Chuta yo le veo al man hace fuu..

    Aquí no la puedo seguir pero la verdad que es una masa.

    House es la epítome del hombre moderno.

    Es laRECONSTRUCCIÓN DEL INCONCIENTE COLECTIVO EN UN PERSONAJE. mÁS ALLÁ DE AQUEL ANTI NOVELA NEGRA COMO LO QUIERAN VER.

    House es la investigación conciente de lo que a producido la manzana de Adán.

    Y me cagaba de la risa con el kafkiano de house.

    Saludos

  4. Chuta yo le veo al man hace fuu..

    Aquí no la puedo seguir pero la verdad que es una masa.

    House es la epítome del hombre moderno.

    Es laRECONSTRUCCIÓN DEL INCONCIENTE COLECTIVO EN UN PERSONAJE. mÁS ALLÁ DE AQUEL ANTI NOVELA NEGRA COMO LO QUIERAN VER.

    House es la investigación conciente de lo que a producido la manzana de Adán.

    Y me cagaba de la risa con el kafkiano de house.

    Saludos

  5. Gracias, Edu, por señalar la direccion hacia ese grandioso artículo. Gregorio es cita obligada cada semana y si hay una repeticion al aire un dia cualquiera siempre es una delicia repetirse la dosis del doctor cínico, genial, y que no se da ni ofrece a nadie, concesión alguna. A veces me pregunto, por que nos fascinan los monstruos, House lo es, pero lo es tan a conciencia que no puede ser menos que respetable.

    En el ultimo capitulo que vi, “Locked in” (narrado desde la perspectiva del paciente que esta conciente pero no puede moverse ni comunicarse), lo dice claro como siempre: no hago esto por hacer el bien lo hago solo por resolver el acertijo.

    Es martes y un nuevo capitulo, cortesia del torrent, espera.

  6. Gracias, Edu, por señalar la direccion hacia ese grandioso artículo. Gregorio es cita obligada cada semana y si hay una repeticion al aire un dia cualquiera siempre es una delicia repetirse la dosis del doctor cínico, genial, y que no se da ni ofrece a nadie, concesión alguna. A veces me pregunto, por que nos fascinan los monstruos, House lo es, pero lo es tan a conciencia que no puede ser menos que respetable.

    En el ultimo capitulo que vi, “Locked in” (narrado desde la perspectiva del paciente que esta conciente pero no puede moverse ni comunicarse), lo dice claro como siempre: no hago esto por hacer el bien lo hago solo por resolver el acertijo.

    Es martes y un nuevo capitulo, cortesia del torrent, espera.

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