Buenas intenciones…

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imagen tomada de fotos.org

No sé quien de mi familia decía que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. Debió ser algún abuelo o abuela, se me ocurre. Pienso en eso cuando escucho, leo, comento y reflexiono sobre los cambios que la Asamblea ha introducido al codigo penal del país, en el que muchos delitos se rebajan a contravenciones, esto es: emisión de cheques sin fondos, asaltos que no involucren violencia (con un monto inferior a 600 algo dólares), ya sean robo de celulares, en casas o en vehículos. El acusado deberá pasar, ahora, una semana en cárcel, pagar una multa cualquiera y pare de contar. Mucha gente ha saltado por eso y la gente de la Asamblea no ha explicado públicamente cuál es su intención… Entonces, estamos en las mismas.

No me queda más que elucubrar y parto del hecho que esto no es más que reducir el número de presos en las cárceles infernales del país. Una muy buena intención, porque alguien por un robo de celular no debe estar un año y más preso entre verdaderos criminales (asesionos, violadores, narcos, etc). Las cárceles del Ecuador son una mierda completa. Por eso, una manera de combatir la pésima manera de importir justicia que existe en el país es esa. Al menos eso creo que piensan en la Asamblea. Simples buenas intenciones que no pasan de eso. Se va a generar tal nivel de incertidumbre que temo lo que socialmente podría pasar (cuando la gente deja de confiar en la justicia en su totalidad, sólo se conciben desastres). Una finalidad con sentido que ha sido ejecutada de la peor manera.

Hablo con un señor que tiene algunos años. Fue profesor universitario. Se queja de los movimientos políticos del país que se enquistaron en las universidades públicas y las llenaron de proclamas que no ueden ser más alejadas de lo educativo. La doctrina es el excremento en sí mismo. Él había intentado congeniar con la gente de los partidos, creía en el proyecto de la educación por encima de todo. Se reunió con ellos, hablaron. “Podemos hacer mucho… traer a gente de afuera a que dé seminarios, hacer que los estudiantes participen de manera más activa en los procesos que se dan fuera de la universidad, hacer que…”, lo interrumpe uno de los emepedianos (MPD- Movimiento Popular Democrático, un partido político nacional, por si no lo saben). “Profesor”, le dijeron, “usted está completamente equivocado. Lo que hace falta es darle títulos a más personas para que dejen de ser indios de mierda”. Él se quedó callado. Desde luego, una buena intención, eso fue todo. El título le ganó a la educación. El hombre salió inmediatamente de la universidad pública. Las cosas no han cambiado mucho.

Ayer una familia guayaca (se podía distinguir por el acento, lo digo con mucha vergüenza) en pleno patio de comidas del Quicentro fue le gestora de un espectáculo terrible. Los dos hijos, un niño y una chica, ya adolescente, empezaron el típico intercambio de codazos, uno al lado del otro. Los padres en la misma mesa, junto a ellos. De pronto los golpes se hacen más intensos, llaman la atención de todos a tres metros a la redonda. Se levantan, comienzan a golpearse con más fuerza, se agarran de los cuellos, mueven algunas sillas. La gente deja de comer porque no puede creer lo que pasa. Se mueven en ese espacio estrecho y siguen en el juego de violentarse entre ellos. Alguien, por fin, desde su mesa, les dice que se sienten. Ya ha pasado un minuto de todo el show. Se sientan. El niño se siente herido en algo parecido al orgullo, agarra el vaso con su bebida y decide lanzárselo a la chica. La moja, moja también a un señor que estaba comiendo en la mesa de al lado. La mesa parece no immutarse. La madre mira al chofer que está a un lado y quiere aleccionar al niño, es lo que debe hacer en esas circunstancias, es lo bueno que debe hacerse. Así lo ayuda a corregirse. Le ordena que se lo lleve, el resto del viaje para él está velado. La señora ha hecho bien, pero pudo hacer mejor y evitar que un tipo que no tenía nada que ver con el berrinche de su pequeña bestia, saliera seco. Siempre hay algo que se puede hacer.

4 comentarios en “Buenas intenciones…

  1. Más allá de buenas intenciones, con el cambiecito del código penal se logra una instantánea, profunda transformación: los índices de criminalidad bajan de un segundo a otro y de repente el gobierno ha logrado lo que ningún otro.

    Que todavía salir a las calles de nuestro país constituya la más simple manera de jugarse la vida, a nadie en el tal congresillo o en carondelet le importa un pepino.

    Hace unos dos meses a mi cuñada y a mi sobrino los asaltaron en Quito. Mi sobris tiene 7 años y ya posee la experiencia de verse encañonado por un revolver. Ésa es la realidad del país, sin importar como manipulan y violentan al sistema legal. Claro que esa manipulación y violación hace más fácil el presumir que las cosas cambian para mejor.

  2. Más allá de buenas intenciones, con el cambiecito del código penal se logra una instantánea, profunda transformación: los índices de criminalidad bajan de un segundo a otro y de repente el gobierno ha logrado lo que ningún otro.

    Que todavía salir a las calles de nuestro país constituya la más simple manera de jugarse la vida, a nadie en el tal congresillo o en carondelet le importa un pepino.

    Hace unos dos meses a mi cuñada y a mi sobrino los asaltaron en Quito. Mi sobris tiene 7 años y ya posee la experiencia de verse encañonado por un revolver. Ésa es la realidad del país, sin importar como manipulan y violentan al sistema legal. Claro que esa manipulación y violación hace más fácil el presumir que las cosas cambian para mejor.

  3. Hola Eduardo

    Al amanecer, antes de salir de casa, leo un cuento. Luego, dentro de una botella bien tapada lo lanzo al mar y así dejo un rastro para poder regresar. Preparo entonces un morralito y me voy de paseo por la red en busca de contadores de cuentos, letras nuevas, fabuladores, nuevos amigos, para aprender y compartir.

    Esta semana la estoy dedicando a leer cuentos de escritores de Francia y me he encontrado cosas maravillosas que deseo compartir. Te invito para que pases por mi Casa, espero que lo que estoy leyendo te guste tanto como a mí.

    Saludos desde Mérida-Venezuela.
    Jabier.

  4. Hola Eduardo

    Al amanecer, antes de salir de casa, leo un cuento. Luego, dentro de una botella bien tapada lo lanzo al mar y así dejo un rastro para poder regresar. Preparo entonces un morralito y me voy de paseo por la red en busca de contadores de cuentos, letras nuevas, fabuladores, nuevos amigos, para aprender y compartir.

    Esta semana la estoy dedicando a leer cuentos de escritores de Francia y me he encontrado cosas maravillosas que deseo compartir. Te invito para que pases por mi Casa, espero que lo que estoy leyendo te guste tanto como a mí.

    Saludos desde Mérida-Venezuela.
    Jabier.

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