El regreso de Harry, el sucio

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imagen tomada de wikipedia.org

En “Gran Torino” no sólo estamos ante un gran Clint Eastwood en la pantalla. Lo que tenemos frente a nosotros es una gran obra de un director que no sólo es competente, sino primordial. Eastwood como director tiene ya una parcela seleccionada en la historia del cine, pero con este filme consigue algo muy importante en el espíritu de un grupo de personas que hacen del cine una manifestación más de sus vidas. “Gran Torino” es un canto de amor, comprensión, resistencia y de partida. El gran carro, ese Ford “Gran Torino”, el vehículo norteamericano, el automóvil de Walt Kowalscki, que busca despedirse a las puertas de una crisis esconómica que repercute en la construcción de los automóviles. “Gran Torino” grita, a todo viento: “The dream is over”.

Kowalski (Eastwood) acaba de enviudar. Es un veterano de la guerra de Corea con pocas pulgas y una mala relación con sus dos hijos y sus respectivas familias. Vive en un vecindario de Michigan que con los años se ha vuelto el suburbio donde inmigrantes de distintas nacionalidades, sobre todo la Hmong. Asiáticos, aliados de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam, quienes una vez que hubo un ganador en esa guerra, debieron huir de sus tierras y se refugiaron en USA. Kowalski tiene una gran bandera de su país que flamea en el porche. Es su acto de resistencia ante la aparición de individuos que considera enemigos de su país o de lo que él defendió en una gerra. Walt Kowalski es un racista, un xenófobo, un ser que carga con una culpa que no lo deja tranquilo.

Ese es el germen de un filme que habla, a breves rasgos, de los intentos de Kowalski por alterar su vida y sentirse en paz. Y en eso Eastwood es un maestro como pocos al crear una historia en que la tragedia se cierne de una manera contundente, pero gracias a la aparición de los contrarios: hay mucha belleza, alegría y gracia en el filme (especialmente en las escenas en que Kowalski va donde su peluquero, que tienen una naturaleza tan precisa y de cercanía, que lo revelan con un buen ser humano). El personaje central empieza a desarrollar una relación de cercanía con sus vecinos jóvenes, Thao y Sue, de nacionalidad hmong, los contrarios, pero a la vez los cercanos. Kowalski está al borde del cambio y de la certeza de que la vida es más que un simple y llano compendio de odios.

“Gran Torino”, es una obra que desde lo poco intenta impactar y lo consigue. Resulta ser tan contundente (salvo por los segundos finales, en los que parece que debieron acabar la película porque no tenían más dinero… siempre con un mar de fondo, como Rusty James buscando su futuro) que te obliga a permanecer sentado en la butaca aún cuando los créditos están a punto de terminarse. No hay tregua y eso, viniendo de un cineasta con casi todos los años encima, es un propuesta de riesgo y de golpe. No hay edad para el impacto. “Gran Torino” ya no es el canto de justicia de Harry el Sucio (aunque hay algunos gestos de Eastwood que recuerdan a ese personaje), es el grito de redención de alguie, quien con todos sus artefactos, representa a un país que ha cambiado,, que debe perdonarse lo hecho y entender que el daño realizado no se salda sin un gran sacrificio. La relación tirante con el sacerdote de su parroquia se suaviza con una frase que es la síntesis de todo ese intento por buscar una moralidad que valga la pena: “No sé ni mierda…”.

En ese desconocimiento se empieza a gestar la redención.

Clint Eastwood retoma el camino del tributo a su pasado, más allá de lo obvio que supuso “the Unforgiven”. Michigan en los años 2000 es el Viejo Oeste. Las pandillas pueden significar estos seres inadecuados o terribles que azotaban a un poblado. Y él, sin duda el héroe. Para eso recurre a planos certificados por el género (el plano americano, desde la mitad del muslo para arriba), así como los detalles en los rostros de quienes van a participar en el tiroteo. El sastre, el peluquero, el bar (o cantina), los amigos… Kowalski está solo y se juega todas sus cartas. Pero el héroe no muere solo, sino con el reconocimiento y la amistad de los otros.

imagen tomada de iwatchstuff.com

Si tienen la oportunidad de ver la película, no la desaprovechen. Eastwood con el tiempo se ha convertido en un gran cineasta.

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